Mentalidad católica en la Reconquista


El proceso que realizaron los Reinos cristianos hispánicos frente al islam durante ocho siglos de nuestra historia, denominado Reconquista, se trató de una Restauración de la España perdida, del extinto Reino Hispanovisigodo. Fruto de este esfuerzo surgió durante la Edad Media una nueva mentalidad en la Cristiandad que legitimaba su lucha, que repoblaba el territorio recuperado, que recobraba el Derecho romano, o que idealizaba la España cristiana de su patrón el apóstol Santiago. Una creencia en la necesidad de Reconquista y Restauración.

EL TRIUNFO DE LA SANTA FE, POR MARCELINO SANTA MARÍA


1. LA LEGITIMIDAD DE RECONQUISTA

Desde mediados del siglo IX, Europa se hallaba sometida al empuje de las llamadas "segundas invasiones", ejecutadas por los vikingos (normandos), magiares (mongoles) y sarracenos (musulmanes mediterráneos). A los reinos y condados cristianos que se formaron al norte de la península Ibérica le correspondió el protagonismo en este tercer frente.

Así fue como surgieron los primeros focos de resistencia y poder territorial, que derivaron en los condados y reinos cristianos hispánicos. Los monarcas asturianos iniciaron la marcha instalándose en la línea del Duero, con tres reinos bien definidos: Portugal en el Oeste, León en el Centro y Castilla en el este. En la otra mitad del norte peninsular, en la línea del Ebro los francos eran dueños de la antigua provincia de Septimania, una larga franja de condados, desde Pamplona a Barcelona, que restablecían el nombre común de Hispania: Marca Hispánica. Fue en el Pirineo en donde se empleó por primera vez el término "espanyol". Esta serie de condados se unieron formando el Reino de Navarra al oeste del Ebro y la Corona de Aragón en el centro y este del valle del mismo río.

La gran resistencia comenzó en el año 920 y duró algo más de ochenta años. Abd al-Rahman III controlaba las dos terceras partes del territorio hispano, quedando el Sistema Central como línea fronteriza. En un principio la superioridad numérica de los musulmanes hicieron creer en la victoria, pero ya en dos fechas clave 932 (Osma) y 939 (Simancas/Alhandega), las fuerzas califales sufrieron terribles derrotas. Los cristianos consiguieron avanzar sus líneas hasta la cordillera fronteriza.

La resistencia continuó con la llegada al poder califal de Al-Mansur el Victorioso, que contrató mercenarios de diversos países adeptos a sus jefes antes que a una comunidad, rebasando las posibilidades de la economía andalusí.

Durante veinte años Almanzor asentó terribles golpes sobre la España cristiana. Sólo Burgos y Oviedo se libraron de los musulmanes. Compostela fue saqueada, llevándose a Córdoba las campanas que guiaban las horas de los peregrinos. Pero la España cristiana resistió, los campesinos volvían a la tierra después de que los depredadores se retiraran.

El impulso árabe se frenaba en buena medida a finales del siglo XVIII y principios del IX. Los reinos cristianos peninsulares resistieron al empuje del islam. Y es, precisamente, como consecuencia de presión del Islam el nacimiento de conciencia de frontera cristiana, de valladar, y de defensa de la fe católica que unificarían a los pueblos resistentes. Durante los siglos IX y X se forjó la mentalidad de Reconquista en los reinos cristianos peninsulares, herederos de la España perdida, ya que todos sabían que provenían del extinto Reino Hispano-visigodo.


CONDADOS DE LA MARCA HISPÁNICA, SIGLO IX


La Reconquista no es un mito ni una leyenda, existió como que una realidad. Los cristianos de aquellos reinos del norte peninsular participaron en la gesta de manera muy consciente y sentida de lo que estaban haciendo: ocupar unos territorios que no eran suyos en titularidad, pero que tomaban de su consideración.

La mentalidad de Reconquista estuvo formada por dos motivaciones:

1- La voluntad política, el derecho a recuperar unas tierras legítimas. Cada reino sentía la legitimidad de reconquistar un viejo reino, el Reino Hispano-visigodo, la diferencia entre ellos era el uso de la potestad.
2- El espíritu religioso, la llamada de Dios a recuperar para la Cruz unas tierras ganadas por el Islam.

En el siglo XI, se empleó, por primera vez, el término cruzada: lucha en defensa de la Cruz. Fue en 1064 y se refirió a la expedición que tenía como objetivo la conquista y conservación de Barbastro.

Las élites de los reinos cristianos, tanto nobles como clérigos, tomaron conciencia de realizar esta misión, y miles de familias decidieron lanzarse a la aventura de la repoblación territorial tras la reconquista militar.

Esta conciencia no sólo se vivió en las iglesias, también en los palacios, en los campos y en los pueblos, alcanzado a todos los estamentos sociales.

Estimulando estos procesos, hay unas sociedades expansivas, bien organizadas, con fuerte demografía, que encontraron en la repoblación una vida con nuevas expectativas. Miles de familias de los montes cantábricos, gallegos y vascos se fueron instalando en el valle del Duero, siempre cada vez más al sur, de mismo modo que, algunos años más tarde, otras familias del Pirineo irán bajando hacia el valle del Ebro y hacia la plana de Vic, tomando posesiones de tierras y, en definitiva, poniendo carne y espíritu a la Reconquista.


CABALLEROS CRISTIANOS


2. LA VOLUNTAD DE RESTAURACIÓN

La tarea de Reconquista y Restauración consistía ante todo en estas dos operaciones: ocupar primero la tierra y luego defenderla. Para hacer realizable esta empresa, era necesario contar con más personas de las disponibles. La ética cristiana de aquella época se oponía radicalmente a la contracepción, por ello no tuvo más remedio que abrirse a las nuevas necesidades de favorecer el número de nacimientos y permitir la descendencia ilegítima.

Para conseguir que los campesinos se instalasen en la tierra vacía y la defendiesen después, era necesario concederles condiciones jurídicas más soportables que las de sus lugares de origen. Surgieron aquí dos condiciones pioneras en Europa: dar calidad de beneficio a la tierra que directamente se trabajaba y otorgar a los pequeños propietarios, cada vez más numerosos, los privilegios de la nobleza (caballería villana).

Estos fueron los alicientes que consiguieron que numerosos cristianos del norte peninsular participaran tanto en la lucha militar, principalmente, de Castilla y Aragón como en la fundación de villas. Y estas circunstancias fueron configurando una mentalidad de campesino-soldado hispánico muy particular.

Los reinos cristianos peninsulares se expandieron hacia el sur como espacios de libertad para el campesinado, mientras que en zonas del norte como en Galicia, en el norte de Cataluña o en las Provincias vascongadas la servidumbre se mantenía.

Este modelo de avecinamiento mediante fundación de villas y la asignación de Fueros privilegiados y ventajas fiscales y sociales para sus moradores fue establecido por los reyes de Castilla en los territorios que fueron reconquistando.

Por otra parte, con Abd al-Rahman II comenzaron las persecuciones contra los mozárabes. El islam revelaba cuál era la verdad de su política: los cristianos renegados debían abandonar su error para sumarse a la doctrina verdadera: la fe cristiana. Muchos mozárabes huyeron, con sus libros científicos y conocimientos culturales hacia las tierras del norte. Otros cristianos, en cambio, prefirieron resistir a las persecuciones, fueron los mártires de la Toledo y de la Córdoba del siglo IX o de la Ceuta del siglo XIII.


REINOS Y CONDADOS CRISTIANOS HISPÀNICOS
A PRINCIPIOS DEL SIGLO X


3. LA RECUPERACIÓN DEL DERECHO ROMANO

Desde comienzos del siglo X, una profunda revolución social se estaba produciendo, con distancia en relación con el feudalismo francés, que sólo en los Condados catalanes hizo acto de presencia. En todos los demás territorios (reinos, condados y señoríos) el vasallaje no pasaba de ser una relación de fidelidad, anclada precisamente en la lealtad, que garantizaba la benefactoría o behetría a la que podía acogerse también los simples propietarios. Todo esto servía de plataforma a una nobleza de dos niveles: una alta, formada por magnates o potentes directos del rey; y otra baja, formada por simples infanzones, que más tarde serían llamados hidalgos. De todas formas, seguían siendo numerosos los no propietarios que estaban sometidos a condiciones semejantes a las de los siervos, pero la libertad avanzaba.

La gran operación repobladora, frente a un enemigo que obligaba a recurrir constantemente a las armas, cambiaba muchas de las condiciones sociales. Junto a los nobles que participaron en la cruzada y repoblación con sus campesinos para llenar el espacio reteniendo la propiedad o al menos la administración, aparecieron comunidades administradas directamente por los propios repobladores que, al ser propietarios libres, recibían en título de vecinos. En muchas villas la administración recaía sobre un colegio de propietarios que solía ser un convento o iglesia denominada “conventus publicus vicinorum”, y que restablecía el viejo derecho de los ciudadanos romanos.

Se trataba de un nuevo modelo social y administrativo que se estaba implantando en los reinos cristianos peninsulares, y que sería también contagiado a los otros reinos de Europa.


SIETE PARTIDAS DE ALFONSO X


4. LA RENOVACIÓN DE LA SOCIEDAD FEUDAL

La sociedad medieval española, como la europea, se estructuraba en estamentos; era un orden social jerarquizado y segmentado. La concepción de la sociedad como articulación de estamentos era una constante de la cultura política europea desde Sócrates, que ideaba la República como un cuerpo dotado de una cabeza, un pecho y un vientre.

Cada parte del cuerpo representa un estamento social:
- la cabeza (la razón, el pensamiento) la forman las clases rectoras
- el pecho (la fuerza, el coraje) la forman los soldados
- el vientre (el alimento, el trabajo, la reproducción) la forman los trabajadores o productores

Esa estructura jerárquica determinaron la formación de los estamentos medievalesoratores, bellatores, laboratores. La división en estamentos era una plasmación, en lo social, de ese orden ideal: los religiosos, los nobles y los campesinos. A cada uno de estos estamentos se le reconocía una función social específica y, en consonancia, una condición jurídica singular.

Este orden no se tradujo en instituciones representativas generales, donde cupieron todos, hasta que el estado llano entró en las asambleas, gracias a la aportación intelectual de la Iglesia. Son los teólogos quienes, hacia los siglos XII y XIII, reactualizan la visión socrática de la comunidad política y la compaginan con el concepto latino de bien común. Santo Tomás de Aquino lo expresa de manera inmejorable: "a la hora de garantizar el bien común, será bueno hacerlo por gobernantes elegidos por el pueblo de entre el pueblo". Así aceptaron junto a los magnates y caballeros del estado nobiliario, junto a los prelados y abades del estado eclesiástico, los patricios de las villas y ciudades.

Las circunstancias de la Reconquista determinaron aquella efeméride. Los reinos cristianos hispánicos fundados después de la invasión musulmana empezaron a construir su estructura de poder sobre bases muy elementales: el rey, los nobles y los clérigos. Pero a medida que la Reconquista fue tomando impulso, se fueron formando nuevos núcleos de población y grupos humanos con una personalidad política singular: hombres libres que han construido ciudades autónomas, con un gobierno propio y tierras cultivadas para sí, que organizan mercados, y que poseían una vida económica y social independiente del poder feudal. Esa libertad implica el reconocimiento de un cierto número de derechos de naturaleza colectiva. Y como estas comunidades de hombres libres son la base de los reinos de la Reconquista, los reyes no tardan en convocarlos a las Cortes.

El rey era definido como el que ejerce una potestad plena que debe considerarse absoluta, no porque sea infinita, sino porque es independiente de cualquier otra potestad. La dependencia, en cambio, se reconocía en relación con el orden moral, ya que las leyes o fueros debían someterse a su vez a la ley divina que está establecida por Dios. De cuando en cuando, imitando la norma de los antiguos concilios, el rey convocaba una Asamblea o Curia a la que acudían los nobles y grandes eclesiásticos. En ocasiones se la denominaba Aula Plena, Curia o Corte Plena.


ESTRUCTURA FEUDAL EN LA ALTA EDAD MEDIA


5. LA POTESTAD DEL "PRÍNCIPE" CRISTIANO

Los reinos cristianos hispánicos que se constituyeron durante la Reconquista abandonaron definitivamente el sistema electivo en el siglo X para la designación de sus soberanos. Por ejemplo, en este mismo reino, León, la corona sería de transmisión electiva hasta el reinado de Ramiro I (842-850); posteriormente, fue de carácter hereditario.

El reino pasaba a definirse como una comunidad de bautizados que ocupaba un determinado territorio todavía no muy rigurosamente delimitado. El rey era definido como el que ejerce su potestad plena, que debe considerarse absoluta, no porque sea infinita, sino porque es independiente de cualquier otra potestad. La dependencia, en cambio, se reconocía en relación con el orden moral, ya que las leyes o fueros debían someterse a su vez a la ley divina que está establecida por Dios.

De cuando en cuando, imitando la norma de los antiguos Concilios del Reino Hispano-visigodo, el rey convocaba una Asamblea a la que acudían los nobles y grandes eclesiásticos. En ocasiones se la denominaba Aula Plena, Curia o Corte. Estas asambleas estaban constituidas por el brazo militar (Alta Nobleza) y religioso (Eclesiásticos), bajo la potestad del rey.

En 1188, el Reino de León convocó por primera vez en Europa al estamento civil a sus Cortes, que pasaron a denominarse Cortes Parlamentarias. Se trataba de representantes de las ciudades principales villas del reino, llamados procuradores. En ellas se reconocieron por primera vez importantísimos derechos civiles para los ciudadanos. Este importante conjunto de decretos ha sido calificado con el nombre de Carta Magna Leonesa.

En el año 1202, en las segundas Cortes Parlamentarias leonesas, y aún las segundas que se celebran en Europa, reunidas en la localidad de Benavente, se crea el primer impuesto territorial aprobado por un Parlamento, fue denominado como la "moneda forera", y es considerado antecedente también de los presupuestos generales de los estados modernos.


REAL COLEGIATA DE SANISIDORO DE SEVILLA,
SEDE DE LAS CORTES PARLAMENTARIAS DE LEÓN DE 1.188


6. LA REUNIÓN DE REINOS BAJO LA MISMA CORONA

La formación y desarrollo de los reinos cristianos hispánicos durante la Reconquista estuvo marcada por una serie de uniones dinásticas y lazos parentales entre las familias reales, siempre para sumar esfuerzos e intereses en la lucha contra el invasor y la unidad católica peninsular.

Hacia el año 1000, más de un tercio peninsular ya era cristiano. Una diagonal trazada desde Lisboa hasta Barcelona separaba la España cristiana del Califato de Córdoba. A partir de aquí la marcha hacia el sur se fue complicando, por la falta de población y la fragmentación de los reinos y condados.

Durante esta etapa de la Reconquista, los reinos cristianos luchaban contra otros cristianos y contra los moros. Reyes cristianos se aliaban con moros para luchar contra cristianos y se aliaban con cristianos para luchar contra moros, los cuales, a su vez, también se aliaban con cristianos para luchar contra otros moros, los cuales también gastan mucho tiempo y recursos en rivalidades internas que en combatir al cristianismo.

Lo que sucedió fue que el poder se dividió tanto en el sur como en el norte. El Califato, que aportaba cohesión político-religiosa al conjunto, se hundió y todo el Al-Ándalus se fue rompiendo en pequeños reinos de Taifas, bastante débiles y enfrentados mutuamente. Estos reinos sobrevivieron pagando a los cristianos para su protección.

Los reinos cristianos han detenido la marcha por falta de población para ocupar nuevas tierras, pero militarmente son más poderosos que los musulmanes, por eso los musulmanes deben comprar su independencia. Es el Régimen de parias, común a los reinos cristianos, que enriquece sus arcas en espera de reanudar la cruzada. Los reinos cristianos también se han fragmentado. Del reino de León, anteriormente de Asturias, surgieron el condado de Castilla y el de Portugal.

Por otra parte, los cristianos parecen pensar que los reinos moros de taifas ya estaban bastante hispanizados y que no eran un enemigo exterior propiamente, por lo que tampoco era cuestión principal combatir inmediatamente. Pero, por el contrario, cada vez que llegaba una invasión de un ejército africano, considerado realmente exterior, entonces todos los reinos cristianos olvidaban sus diferencias y hacían causa común, lo mismo frente a la invasión de los almorávides en el siglo XI como frente a los almohades en el siglo XIII.

La tendencia fue siempre la progresiva expansión de la cristiandad hacia el sur y, al mismo tiempo, la progresiva unificación de los reinos cristianos frente al moro.


BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR VICTOR MORELLI


La soberanía del territorio se encarnaba en la persona del rey, territorio que ganada en combates o por uniones matrimoniales. Este fue el caso de Sancho III el Mayor de Navarra, que gracias a las uniones dinásticas consigue reunir bajo su soberanía casi la totalidad de los territorios cristianos denominándose Hispaniarum Rex. Pero ocurría que a su muerte, la soberanía regia se dividía y repartía entre sus hijos, fragmentándose los territorios en varios monarcas, suceso que se repitió también a la muerte de Sancho III de Navarra y de Fernando I de Castilla y León.

El caso de este rey pamplonés un ejemplo de la conciencia común de pertenencia a una realidad superior llamada España, por encima de las de su reino, ya que consiguió extender su dominio político por toda la Hispania cristiana.

Si desde Alfonso II el Casto de Asturias, se empieza a gestar en España una conciencia espiritual y moral común a todos los reinos, condados y señoríos cristianos, con Sancho III el Mayor de Pamplona se concibe un mismo origen parental. Desde entonces, los reyes hispánicos se consideraron una misma familia, con un objetivo político y religioso común, a imagen de sus pueblos, que se iría consolidando con nuevos enlaces matrimoniales.

El matrimonio entre el rey de Aragón y la reina de Castilla y León, Urraca, sentó un precedente en la unión definitiva que tres siglos más tarde realizaron los Reyes Católicos. Finalmente la unión política entre estos dos reinos no se consumó por cuestiones referidas a las formas y los tiempos de esa unidad indiscutible en su legitimidad.

Durante toda la Reconquista siempre existió una unión estrecha entre los diferentes reinos castellano, leonés, aragonés y navarro, con momentos puntuales de enfrentamientos internos pero con acuerdos, colaboraciones y relaciones familiares también. Por encima de estas diferencias los reinos cristianos hispánicos tenían la conciencia de participar en un proyecto común y de recuperar la unidad política y religiosa. El deber y la obligación de combatir unidos contra el islam fueron puestos de manifiesto cuando algún ejército proveniente de África amenazaba con invadir de nuevo la península.

Así ocurrió en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa de 1212 contra la invasión de los Almohades. Los tres reyes que participaron eran todos primos: Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra, Alfonso VIII el de las Navas, rey de Castilla, y Pedro II, rey de Aragón. El rey que faltó a la cita fue Alfonso IX de León, también era primo de los otros tres, pero además era yerno de Alfonso VIII. Alfonso II de Portugal, aunque no estuvo presente en la contienda, también aportó tropas de su realengo para combatir contra los almohades y cuya vanguardia de ataque estuvo dirigida por el señor de Vizcaya, Diego II López de Haro que comandó las huestes vascongadas.

Heredero de Alfonso VIII de Castilla y de Alfonso IX de León fue Fernando III, quien unificó definitivamente ambos reinos. Mientras tanto, el rey aragonés Jaime I el Conquistador, fue suegro de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla.

Juan I de Castilla se convirtió en el primer rey de Castilla en ser señor de Vizcaya. La esposa de Enrique II Trastámara era señora de Vizcaya por derecho propio. Las Juntas de Vizcaya aceptaron que su hijo Juan I de Castilla fuera señor de Vizcaya en 1371, y desde entonces Vizcaya fue parte de Castilla, aunque conservando sus fueros y privilegios, y sus instituciones de gobierno propias, nunca implicó una unificación.


FUNDACIÓN DEL FUERO DE BRAÑOSERA


7. EL IDEAL DEL ORIGEN APOSTÓLICO

Desde la época de Dionisio el Exiguo una noticia venía circulando por Europa: el origen apostólico de España, lo mismo que Roma. El apóstol Santiago, el hermano de Juan, había viajado hasta la Hispania romana antes de su muerte para sembrar las primeras raíces cristianas.

La mentalidad católica de la época y el espíritu de cruzada ante el invasor musulmán hizo creer entre los cristianos peninsulares en la ayuda de Santiago, por la cual, desde el cielo acaudilló a los combatientes cristianos.

El mito del apóstol Santiago surgió durante el reinado de Ramiro I, a mediados del siglo IX cuando se enfrentó con su ejército al de Abderramán II en la legendaria batalla de Clavijo. Fue el 25 de mayo de 844, cuando el rey asturiano soñó su visión a todos los caballeros y obispos: el apóstol Santiago, armado con espada y escudo y montando un caballo blanco descendía de los cielos para encabezar el ataque cristiano contra el ejército sarraceno. Tras la victoria, el rey dictó en acción de gracias el voto de Santiago, que comprometía a todos los cristianos de la península a peregrinar a Santiago de Compostela para realizar ofrendas.

Aquella batalla nunca existió, pero se sabe perfectamente que en la zona de Burgos, La Rioja, Álava y el sur de Navarra se combatió durante esa época y mucho. Pocos años más tarde, durante el reinado de Ordoño I, sucesor de Ramiro I, y cerca de Clavijo, en Albelda, hubo dos batallas, una en 852 y otra en 859.

Pero lo cierto es que aquella ilusión se convirtió en una creencia: todo cristiano tenía el deber de luchar por la Restauración de la España cristiana que se había perdido frente al islam, pero no actuaría solo, ya que Santiago le acompañaría en el combate.


SANTIAGO MATAMOROS EN CLAVIJO


El lema de guerra fue "Santiago y cierra, España!!!!" . Una arenga militar pronunciada por los ejércitos cristianos justo antes de entrar en contienda contra el invasor musulmán durante la Reconquista.

El nombre de Santiago (San Iago en castellano antiguo) revela encomendarse a la suerte de Santiago (patrón de España), era una petición de protección al santo a la vez que sirve de señal a todos los contendientes cristianos para que inicien el ataque.

El verbo cerrar en aquellos tiempos significaba entablar batalla, embestir, acometer. Seguido de una coma.

El nombre de España, sustituye a Hispania o Reinos cristianos peninsulares, es un vocativo, una petición u orden de que cierre, embista, ataque. El rey o caballero ordena, pide, exhorta a España que cierre, que embista, que ataque.

La frase nunca puede significar que Santiago cierre España, pues si cerramos antes de que salgan mal pretenden echar a los invasores. Por eso es necesaria la coma de forma escrita, ya que España es vocativo, voz de llamada, sujeto que inicia la acción de cerrar, embestir, atacar.

Durante las contiendas de la Reconquista se pronunciaron estos gritos que continuaron en las batallas del Imperio en época moderna, tanto en los Tercios como en las Armadas.


SANTIAGO MATAMOROS, CATEDRAL DE BURGOS


8. LA REVITALIZACIÓN RELIGIOSA Y CULTURAL

A lo largo del siglo IX la sociedad cristiana establecida por toda la línea pirenaica comenzó a estructurarse, principalmente, en el ámbito de los diferentes conventos y monasterios que se fueron levantando en las proximidades de núcleos urbanos y fértiles valles: Oviedo, Pamplona, Leire, San Juan de Peña, San Pedro de Siresa, Ripoll, etc. Estos núcleos religiosos se confirman como catalizadores culturales de su época y cuya labor resulta fundamental en la concepción de sus respectivos reinos.

Alfonso II buscó en las raíces góticas el esfuerzo moral para su pueblo; vigorizó el uso del Liber Iudiciorum, texto legal que le permitía un mejor gobierno sobre las gentes asturianas. Se reivindicó Oviedo como la nueva capital de los cristianos, en detrimento de la perdida Toledo.

El descubrimiento de las tumbas de Santiago el Mayor y sus discípulos fomentó el auge de las peregrinaciones y el establecimiento del Camino de Santiago que favorece el desarrollo económico, religioso, político y cultural de los nacientes reinos cristianos hispánicos. Con todo ello, empezaba a recobrarse la idea de reconquistar el antiguo Reino Hispano-visigodo.

La vinculación entre los reinos cristianos de la península Ibérica con los reinos europeos permitió la circulación de corrientes de pensamiento y movimientos literarios y artísticos. La comunicación se dio también a la inversa y, gracias al Camino, la Europa cristiana pudo enriquecerse con la aportación hispánica a la cultura.

Los peregrinos llegados de todas partes de Europa convirtieron al Camino en un catalizador para el desarrollo artístico, social y económico. Por otra parte, la Corte carolingia incluyó en su Renacimiento el culto a Santiago, sentando las bases de la Europa Medieval.

La consolidación del Camino durante los siglos XI y XII coincidió con el máximo desarrollo del arte Románico, primer estilo artístico unitario y común de la Cristiandad europea de la Edad Media, acorde con la unificación de la liturgia que entonces demanda la Iglesia. En las iglesias del norte peninsular imperaba el arte románico, por lo que Roma renacía también en las piedras monumentales.


ITINERARIO DEL CAMINO FRANCÉS DE LA RUTA JACOBEA


Los intercambios culturales surgidos de la peregrinación provocaron que este movimiento artístico, con sus variantes regionales, se extendiera por toda Europa. Sus dos focos difusores fueron la abadía y Orden del Cluny, en el centro de Francia, y la iglesia de Lombardía, en el norte de Italia. El arte cluniacense se difundió por los territorios del Camino francés (principal itinerario del Camino), mientras que el románico lombardo tuvo una gran implantación en el Reino de Aragón y en los valles pirenaicos de los Condados catalanes. La liturgia romana se fue imponiendo sobre la hispánica, y el estilo mozárabe es vencido por las nuevas corrientes europeas.

Las antiguas construcciones cristianas de techumbre de madera y reducidas dimensiones se transformaron en otras más resistentes y monumentales. En la Hispania cristiana desaparecía el eclecticismo imperante hasta ese momento, que mezclaba detalles bizantinos con influencias locales, paleocristianas o godas. Aunque sí se siguió cultivando algún componente local como los arcos fajones.

El templo románico se caracterizaba por la utilización de la planta de cruz latina, provista de cimborrios y ábsides. Su característica fundamental es la sencillez, el purismo en sus líneas y formas, que sirven como afirmación del poder político y espiritual.

La catedral es la gran creación del arte románico. Tomando sus fundamentos arquitectónicos de las basílicas romanas y bizantinas, ingenia un edifico de gruesos muros y potentes columnas. Las catedrales de peregrinación del Camino francés fueron 7: Jaca, Pamplona, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, León, Astorga y Santiago de Compostela, originalmente construidas en estilo románico. De estas siete, las de Pamplona, Logroño, Burgos y León, fueron reconvertidas en templos de estilo gótico y renacentista.

El románico de peregrinación se materializó brillantemente en lugares como Leyre, Jaca, Frómista, León y Santiago.

En el siglo XIII, la ruta jacobea se convertía en una vía de recepción de un estilo mucho más impresionante: el arte Gótico. Surgido del románico, y con los mismos planteamientos y símbolos, crea un nuevo espacio arquitectónico, un nuevo lenguaje plástico de espectacular belleza.


CATEDRAL ROMÁNICA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA


9. LA CONCIENCIA DE ARREPENTIMIENTO Y PEDONANZA

Los monjes de la reforma gregoriana que sustituirían a los monjes mozárabes, dieron vigor a los movimientos de paz y tregua de Dios. Los reinos necesitaban paz entre sus moradores para atacar con todas las fuerzas a los musulmanes. Se trató de acabar con los enfrentamientos feudales prohibiendo a los caballeros cristianos combatir los jueves, viernes, sábados y domingos, días de fiesta y llevar las represalias sobre los hombros de inocentes. Esto originó la reunión frecuente de Asambleas o Cortes, así como el establecimiento de una norma para el derecho de guerra.

La reforma gregoriana puso especial énfasis en uno de los logros fundamentales de la doctrina cristina: el perdón y la penitencia para los pecados. La Iglesia católica insistía en que los pecados obtuvieran de Dios su perdón siempre que a cambio de ellos se ofreciese una adecuada y fructuosa penitencia, tras el recto arrepentimiento.

En el siglo XI, y bajo el impulso de la reforma y de la doctrina de la paz de Dios, se admitió que la lucha contra el infiel en defensa de la cruz podía ser una adecuada vía para esa penitencia. La primera vez se usó el término cruzada fue en 1064 y se refiere a la expedición que tenía como objetivo la conquista y conservación de Barbastro.


PÓRTICO DE LA GLORIA DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA


10. EL CASTILLO COMO BASTIÓN DE PODER

Los Castillos son el símbolo por antonomasia de la Edad Media española. Entre los años 722 y 1422 el paisaje ibérico se llenó de estas monumentales construcciones de piedra que se alzaban poderos en enclaves estratégicos. Su número aumentó espectacularmente en esta época gracias a la expansión económica que se vivía, y a la recuperación de territorios en manos de los árabes durante centurias.

Esta coyuntura socio-económica favorable le debe mucho al Camino de Santiago. El constante trasiego de peregrinos trajo consigo movimiento de capital y población venida de otras regiones de Europa, gente que llegó cargada de conocimientos y dinero.

Alrededor de los castillos se levantaron pueblos y en su interior se formaron pequeñas y bulliciosas ciudades con molinos, herrerías y pequeños mercados. Estas fortalezas se constituyeron en los núcleos sociales más relevantes del medioevo y cuando había peligro sus gentes se refugiaban en ellos.

La sociedad de entonces era básicamente rural: la tierra suponía el elemento económico más importante, a ella se destinaba la casi totalidad de la mano de obra disponible, que muchas veces se veía obligada a coger las armas para defender las posesiones de sus amos. El castillo se erigió en elemento catalizador de todas las actividades de la sociedad, agrícolas, gremiales, militares, etc.

Las ciudadelas estuvieron, también, relacionadas de manera muy directa con la consolidación y extensión de los feudos en los territorios reconquistados a los musulmanes. El castillo solía ser la recompensa o botín por los servicios prestados en una guerra al señor, era el centro de una naciente y boyante propiedad rural, y también la primera víctima de las revueltas populares y campesinas que se sucedieron en esos siglos.

Los peregrinos realizaron su marcha hacia Compostela al abrigo de estas magníficas construcciones que se alzaban en elevadas colinas oteando el horizonte. En el camino pudieron admirar castillos como el de Javier en Navarra, el del Temple en Ponferrada, el Castillo-Palacio de Villafranca del Bierzo, etc.


CASTILLO TEMPLARIO DE PONFERRADA


11. TEXTOS HISTÓRICOS SOBRE EL ESPÍRITU DE CRUZADA

Vicens Vives en Aproximación a la historia de España:
"Con el despliegue de la contraofensiva musulmana en la Península… se desarrollará el espíritu de Cruzada, que imbuye desde entonces el ideal castellano."
"En esta época, al filo del siglo XII, surge el ideal de Reconquista como eliminación violenta de los musulmanes de las tierras de España, tanto por su calidad de "usurpadores" de lo visigodo, como, y este hecho es esencial, de adversarios de la fe católica. Europa, llevada por la misma vía en el empeño místico de rescatar los Santos Lugares, no sólo no detiene a la Cristiandad hispánica, sino que la alienta en sus aspiraciones. Por esta causa la Santa Sede adquiere desde esta centuria un papel relevante y a veces decisivo en el hacerse de España."

Para Claudio Sánchez Albornoz, en España, un enigma histórico:
"La Reconquista no fue ni guerra santa ni cruzada, como la entendió la Cristiandad occidental durante los siglos XI al XIII. Porque no se llevó a cabo con fines religiosos, como se acometieron las cruzadas ni se buscó la extensión de un credo religioso por la espada."

Sin embargo concluye diciendo que:
"... fue una guerra divinal porque no puede equipararse... con las otras contiendas que conoció Europa durante el Medioevo."

En cambio, Menéndez Pidal defiende la Reconquista como cruzada al escribir en La España del Cid:
"Los españoles… eran perfectamente conscientes de que trabajaban su Reconquista en cumplimiento de un deber respecto a la Cristiandad occidental; por eso se tenían por "mártires en la guerra" como dice don Juan Manuel. La vieja concepción de la Reconquista como misión histórica de España se robustece desde el siglo XII, afirmando que la expulsión de los infieles es empresa exclusiva de los españoles en beneficio de toda la Cristiandad."

 No obstante, niega la importancia que pudiera tener en ello la influencia extranjera:
"Las cruzadas de España fueron siempre movimientos pobrísimos, y tan subordinados al esfuerzo español, que no tienen individualidad alguna. La razón de la insignificancia de estas segundas expediciones peninsulares es muy clara. El papado no tenía fuerza para formar en España, frente a los intereses españoles, un patrimonio de San Pedro."

Por el contrario, Bevan en su Historia de la arquitectura española concede la medida de la importancia de estas expediciones al reseñar su cantidad:
"Los benedictinos de Cluny no solamente reorganizaron la Iglesia española, sino que fueron en gran parte autores del apoyo militar otorgado a los reinos españoles, porque invocaron la ayuda del papa predicando la guerra contra los musulmanes y organizando una serie de “cruzadas”. Antes del año 1100, catorce expediciones salieron de Francia para ayudar a los cristianos contra los musulmanes. Quince más, antes de mediados del siglo XII."

Y Ramos Loscertales en su obra El reino de Aragón bajo la dinastía pamplonesa indica cómo el espíritu de cruzada llegó incluso a influir en la estrategia militar:
"Se desechó ahora la táctica lenta y segura de Sancho Ramírez del cerco a distancia, adaptando la del ataque directo y fulminante contra el objetivo, impuesta a aquel rey (Alfonso I de Aragón), y acaso a su sucesor, por la influencia europea de cruzada."

En lo que respecta a la influencia del papado, el mismo Sánchez Albornoz la reconoce como mucha en España, un enigma histórico:
"En 1068 Sancho Ramírez se declara "miles Sancti Petri", y en 1071 acepta la sustitución del rito hispano o mozárabe por el romano. Contrastan el choque violento entre el Pontificado y el Imperio y la reverente resistencia de Alfonso VI a las desorbitadas pretensiones pontificias al señorío de España. Dos reinos peninsulares, Portugal y Aragón, buscan el patrocinio del pontífice y le obedecen sumisos; el portugués Alfonso Enríquez reconoce la soberanía de la Santa Sede, y el aragonés Pedro II le infeuda sus Estados. Y hasta León y Castilla se someten a los dictados de la política papal. En contradicción con la tradición hispana de más de seis siglos, el papado empieza a pesar decididamente en la España Cristiana."

Filosofía de la naturaleza humana por Miguel Sabuco


Miguel Sabuco y Álvarez nació en 1525 en Alcaraz y murió en 1588. Pertenecía a una familia de judeoconversos. Estudió Derecho en la Universidad de Alcalá de Henares, y debió cursar también estudios de Medicina.

Su obra filosófica más importante fue Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, publicada en Madrid en 1587, doce años después del Examen de ingenios de Juan Huarte de San Juan. Está dedicada a Felipe II y el título completo es Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada por los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y la salud humana. Para evitar una posible prohibición, por ser judío converso, fue firmada a nombre de su hija Oliva Sabuco de Nantes Barrera.



OLIVA SABUCO, HIJA DE MIGUEL SABUCO


Es un coloquio escrito en castellano entre los pastores Antonio, Veronio y Rodonio, sobre temas médicos, filosóficos, agrícolas, astronómicos y políticos. Consta de cuatro ensayos, siendo el primero el más filosófico:
1. Coloquio del conocimiento de sí mismo
2. Coloquio en el que se trata de la contextura del mundo
3. Coloquio de las cosas que mejoran este mundo
4. Coloquio de auxilios o remedios de la vera medicina

En estos coloquios, Sabuco pretendió conocerse a sí mismo (nosce te ipsum), y ayudar a que sus lectores se conozcan. Partió de la unidad psicosomática del ser humano, estudiando pasiones, virtudes y estados de ánimo. Defendió la vinculación entre lo fisiológico y lo psicológico, considerando al cerebro raíz del ser humano, y aludiendo a las metáforas del microcosmos y del árbol del revés. El núcleo de su doctrina fue el jugo nérveo, atribuyendo los estados de ánimo a influencia lunar.

Consideraba que las afecciones patológicas tienen como origen las preocupaciones y la inquietud, por lo que fue precursor del método Coué y de la psicoterapia.

Se enfrentó al dogmatismo y a la rutina terapéutica, y defendió la observación y la experimentación, asumiendo también al cerebro como el centro esencial de las funciones fisiológicas. Fue empírico, sin hostilidad al fervor religioso y a ciertos aires de misticismo.

Fue además reformador social, sustituyendo por acuerdos los pleitos entre particulares o colectividades, remediando el pauperismo, mejorando la agricultura mediante la irrigación, introduciendo el cultivo de legumbres y frutos de América, prohibiendo los duelos, ensayando eugenismo y desaconsejando los matrimonios por intereses económicos.

Inconformista, predicó la higiene fundamentada en la alacridad y las plantas medicinales. Escribió más de medicina que de filosofía, y otras obras suyas son Vera Medicina, Vera Filosofía y Dicta brevia circa naturam hominis, medicinae fundamentum.


 
NUEVA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA

Teoría del Tiranicidio por Juan de Mariana


El teólogo e historiador Juan de Mariana constituye un ejemplo representativo de los pensadores de la Compañía de Jesús del siglo XVI: iusnaturalista, antimaquivelista, contrarreformista católico y defensor de la Teoría del Tiranicidio.


JUAN DE MARIANA


Natural de Talavera de la Reina (Toledo), donde nació en 1536. Estudió Artes y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, en una atmósfera saturada de Humanismo. Allí tuvo como maestro de noviciado a San Francisco de Borja. Profesó en la Compañía de Jesús en 1554 en Simancas. Acabó su formación sacerdotal en el Colegio jesuita de Roma, donde a partir de 1561 fue uno de sus mejores profesores, contando entre sus alumnos al futuro cardenal Belarmino, que sería protector de Francisco Suárez. Luego fue enviado como profesor a Palermo en Sicilia y después a París, donde recibió el grado de doctor y permaneció cinco años enseñando Teología sobre todo en la Saint Barthélemy; después estuvo un tiempo en Flandes.

Tras caer enfermo a consecuencia de sus intensas actividades como catedrático regresó a Toledo en 1574, en cuyo retiro se consagró a la redacción de sus libros. En 1578 recibió el encargo de informar sobre la presunta heterodoxia de la Biblia políglota cuya edición dirigía en Amberes Benito Arias Montano, en particular en la versión siríaca del Nuevo Testamento; su informe, que le llevó dos años de estudio, fue favorable. Esto le valió tal reputación que desde entonces se le encomendaron otros trabajos igual de delicados, como la supervisión del Manual para la administración de los sacramentos, la reelaboración de las Actas de los concilios diocesanos de Toledo de 1582 y la redacción del Índice expurgatorio de 1584.

Fue un auténtico polígrafo, ya que mientras realizaba estos encargos y una edición de las Obras del polígrafo visigodo Isidoro de Sevilla, se puso a redactar una monumental historia de España en treinta libros, que comenzó a aparecer en Toledo en 1592 con el título de Historiae de rebus Hispaniae Libri XXX, cuya edición ampliada se editó en Maguncia en 1605. Entre tanto se imprimió en Toledo su propia traducción al castellano con el título Historia general de España, en 1601. La obra abarca hasta la muerte de Fernando el Católico, porque según sus palabras "No me atreví a pasar más adelante y relatar las cosas más modernas, por no lastimar a algunos si decía la verdad, ni faltar al deber si la disimulaba".

La muerte le sorprendió en 1623, en Toledo, cuando trabajaba en unos Escolios al Antiguo y Nuevo Testamento, obra de exégesis bíblica que se fundaba en el texto de la Vulgata.


HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA, POR JUAN DE MARIANA


Mariana ha pasado a la historia del pensamiento universal sobre todo por su defensa del Tiranicidio como razón última ante la opresión política del gobernante. Esta tesis fue expuesta en su obra más famosa: De rege et regis institutione (El rey y la formación del rey), editado en Toledo en 1599.

Es una obra de inspiración y estilo erasmista, en la que Mariana presenta planteamientos antimaquiavélicos y antiprotestantes. Está muy influenciado por el pensamiento de Pedro de Ribadeneyra y su obra Princeps christianus adversus Nicholaus Machiavelum, editada cuatro años antes, en 1595.

Su lenguaje no puede ser más claro:
"Tanto los filósofos como los teólogos están de acuerdo en que su un Príncipe se apoderó de la República a fuerza de armas, sin razón, sin derecho alguno, sin el consentimiento del pueblo, puede ser despojado por cualquiera de la Corona, del Gobierno, de la vida."

Tiene tres partes:

1ª. estudia los principios filosóficos del Estado: la sociabilidad del hombre, el poder político, las formas de gobierno, el tiranicidio o la sumisión del rey a la comunidad.

2ª. está dedicada a la educación del príncipe, siguiendo de cerca las teorías de Erasmo de Rotterdam en su Enchiridion. Propone como máximo valor de un monarca la virtud cardinal de la prudencia, en su sentido aristotélico y sobre todo ha de impedir que los impuestos asfixien a las clases productoras del país. Inspirándose en Santo Tomás de Aquino, justifica como éste la revolución y la ejecución de un rey por el pueblo si es un tirano.

3ª. trata sobre la organización del Estado: la administración pública, las magistraturas, el ejército o las finanzas.

Se puede decir que fue una figura de la Tradición clásica hispánica, que en aquella época se oponía al Protestantismo y siglos más tarde se opondría al Liberalismo. Su ideal de Ley y Religión lo expone de manera clara y contundente:
"Si cada príncipe en su reino dejase a su arbitrio o al de sus súbditos lo que debe sentirse y pensarse en materias religiosas, ¿cómo podría alcanzarse que hubiese armonía y unidad entre todas las naciones, de modo que no pensasen indistintamente el alemán y el español sobre Dios y la inmortalidad del alma? ¿Cómo podría alcanzarse que fuese uno mismo el parecer del francés y del italiano, y del siciliano y del inglés, uno mismo el pensamiento y unas mismas sus palabras? ¿No había de suceder en breve que fuesen tantas las opiniones religiosas esparcidas por el mundo, tan diversos los ritos sagrados, tan varía la forma de la organización eclesiástica como varios y diversos son los juicios de los hombres? Por esto se reconoció la necesidad de establecer una sola cabeza, a quien estuviesen confiadas la organización de la Iglesia, la conservación de las antiguas ceremonias y la defensa de las leyes, cabeza a la cual obedeciesen todos los príncipes de la tierra y respetasen todos."

Partiendo del Derecho natural, mariana afirmaba que la legitimidad del poder real tiene su origen y fundamento en la voluntad del pueblo, con lo que anticipa plenamente la teoría de Rousseau sobre la "volonté générale" y del Estado de Derecho moderno.

Como señaló Sánchez Agesta en su libro El concepto del Estado en el pensamiento español del siglo XVI:
"Se delinea en Mariana uno de los primeros y más finos antecedentes del concepto de Constitución como la ley fundamental del poder."

Por encima de la voluntad del rey están las leyes de la comunidad; si no las respeta y actúa contra ellas, se deslegitima a sí mismo y permite que el pueblo le arrebate del poder y ponga fin a su vida.

Mariana no solo criticaba la tiranía política, sino también la desigualdad e injusticia social:
"Es de nosotros un deber de Humanidad tener a disposición de todos los bienes que Dios quiso que fuesen comunes, ya que a todos los hombres entregó la Tierra para que se sustentaran con sus frutos, y sólo la rabiosa codicia pudo acotar y acaparar para sí este patrimonio divino, apropiándose los alimentos y riquezas dispuestas para todos los hombres."

DE REGE ET REGIS INSTITUTIONE


Las tesis de este gran teólogo y humanista generaron la hostilidad de los defensores del Absolutismo monárquico, lo que explica que esta obra fuese quemada en público en 1610 como subversivo por el parlamento de París tras el asesinato de Enrique IV de Francia. El motivo fue argumentado en que había dado legitimidad al Tiranicidio, ya que su doctrina fue relacionada con el anterior asesinato de Enrique III de Francia por fray Jacobo Clemente en 1589. Con todo, Ravaillac, el asesino de Enrique IV, declaró no conocer el libro.

Los temas tratados en la primera parte son los más interesantes de su pensamiento:

La sociabilidad del hombre. Mariana cree que el hombre necesita de sus semejantes para vivir. La primera manifestación de esa sociabilidad natural es la familia. Y de la agrupación de familias surgen los pueblos.

La monarquía. Mariana parte de la creencia de que las sociedades primitivas fueron monárquicas para defender la monarquía como la forma de gobierno más ventajosa por ser la más eficaz, estable, segura e históricamente probada. Entre los tipos de monarquías, prefiere las hereditarias a las electivas, porque en las primeras el rey goza de un mayor prestigio y en las segundas, la elección no asegura una mayor calidad del gobernante.

El tiranicidio. Partiendo del origen popular del poder, Mariana defiende la legitimidad del tiranicidio de manera más radical que sus compañeros de orden. Considera adecuado el tiranicidio por un particular cuando no existen otros medios. Contra los tiranos cuyo poder tiene un origen legítimo, señala como más adecuado el tiranicidio cuando es fruto de una decisión colectiva. No obstante, si esta no es posible porque el tirano no permite reuniones, admite la acción individual.

La sumisión del rey a la comunidad. Las ideas de Mariana a este respecto son más populares que las del resto de los pensadores jesuitas de la época. Parte de que el rey consigue el poder a través de un contrato por concesión voluntaria de los ciudadanos. Por tanto, su poder es superior al de los individuos, pero no al de la comunidad, que sigue teniendo la titularidad última y la posibilidad de decidir sobre la continuidad del gobernante en casos extraordinarios como la tiranía. El pensador valora la existencia de instituciones representativas de la comunidad, por su función limitadora del poder real. Y, por último, defiende que el rey está sometido a las leyes, cuyo origen está en la comunidad.


JUAN DE MARIANA


En 1607, fue encarcelado por un año y medio en Madrid por orden del mismo Felipe III por escribir la obra De monetae mutatione IV, en la cual arremetía contra la política monetaria del duque de Lerma, valido del rey, y a los ministros que modificaron el peso de la moneda. Tras cumplir la condena en una celda del madrileño Convento de San Francisco, publicó esta obra en Colonia en 1609 con el título Tractatus septem.

Desde las primeras páginas del libro, criticaba a los monarcas que, secundados o inducidos por cortesanos serviles e inmorales, abusaban de su autoridad para esquilmar al pueblo y dictar leyes contrarias a él. Partiendo de la tesis de que "Todo poder tiene un límite determinado", negaba que los reyes tengan el derecho a apropiarse de los bienes de sus súbditos, a imponerles sin su consentimiento tributos injustos, a convertir en monopolio real productos de primera necesidad y a cambiar la calidad, el peso y el contenido de la moneda y mermar con ello su valor adquisitivo, ya que así "se paga más dinero por cosas que valen menos".

También en materia económica la última palabra la tiene el pueblo, cuya conclusión final del tratado, tanto por su temática como por su lenguaje directo, anunciaba ya el pensamiento social del siglo XIX.

Mariana rechazaba el modelo del Estado neutral inhibido de las luchas sociales y postulaba un Estado que regule y controle la riqueza, asegure la subsistencia de la población y vele por la suerte de los menesterosos.

El contenido de este Tractatus septem es el siguiente:
I. De adventu Jacobi apostoli in Hispania (De la venida de Santiago a España)
II. Pro editione Vulgatae (En torno a la edición de la Vulgata)
III. De spectaculis  (Sobre los espectáculos)
IV. De monetae mutatione (Acerca de la alteración de la moneda)
V. De die mortis Christi (El día de la muerte de Cristo)
VI. De annis arabum (Sobre los años de los árabes)
VII. De morte et inmortalitate (De la muerte y la inmortalidad)
Fuera de la historia, sus intereses iban desde la cronología a la filología, la economía o la moral. Entre estos ensayos no se incluye uno publicado anteriormente.

Ya menor importancia tuvieron las fricciones con su orden. Así, su Discurso de las cosas de la Compañía le supuso la animadversión de las jerarquías de ésta. Hombre muy ocupado, hizo una edición de San Isidoro de Sevilla, y trabajó además en obras de filología oriental y como predicador, censor de exégesis, colaborador del Índice y consultor de la Inquisición.


ESTATUA DE JUAN DE MARIANA


Su principal obra historiográfica fue Historiae de rebus Hispaniae. Una edición posterior más avanzada del propio recopilador es De rebus Hispaniae libri XXX, que se publicó en Maguncia en 1605. Durante este tiempo el autor había vertido la edición latina al español y esta apareció completa en Toledo en 1601, conteniendo los treinta libros de la edición latina. La obra se extiende desde la más remota antigüedad hasta la época de los Reyes Católicos.

Juan de Mariana fue un historiador obsesionado con la verdad y que apuró la crítica de los cronicones anteriores hasta donde era posible en su tiempo; aunque escribe en el latín internacional de la época, la raíz de su pensamiento es patriótica, pues pretende exponer la grandeza de su país narrando conjuntamente los hechos de todos los reinos hispánicos en torno a su nación, Castilla. Por otra parte, pretendía rectificar la imagen deformada que los autores protestantes difundían sobre España.

La obra estableció el modelo de prosa historiográfica para los siglos siguientes subrayando vigorosamente todo lo que puede cautivar y atraer la atención del lector; cuida especialmente las descripciones de los lugares donde acaecen los hechos y el patetismo en las arengas y epístolas, así como las consideraciones sobre las veleidades de la fortuna, tomando por modelos a Tito Livio, Tácito y Tucídides. En España fue una obra muchas veces reimpresa y durante cerca de dos siglos fue la obra histórica más leída en la Península. En el resto de Europa la obra fue leída sobre todo en Alemania y bastante menos en otros países; se tradujo al inglés en 1699 por John Stevens.

Además de las obras mencionadas, de su correspondencia y de sus notas a la edición de las obras de San Isidoro y de sus informes como consultor del Santo Oficio se conservan diez tomos de manuscritos de este autor. En sus Scholia in Vetus ac Novum Testamentum, publicada en Amberes y París, en 1620, están sus versificaciones en dísticos latinos de varios libros sagrados: Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los cantares.

Benito Feijóo calificó a Mariana como "gran hombre" en su Teatro Crítico Universal, y Pí y Margall y otros políticos progresistas y republicanos le erigieron un monumento en su ciudad natal y le consideraron uno de los suyos.

Estilo hispánico: la personalidad del caballero cristiano español


La nación no es una raza, ni una sangre, ni un territorio, ni un idioma, tampoco puede definirse como la adhesión a un determinado pasado o a un determinado futuro. La nación es algo que comprende por igual el pasado, el presente y el futuro; está por encima del tiempo; está por encima de los hechos y de los actos, de las cosas materiales, ya sean naturales o artificiales.

La nación es el estilo común a una infinidad de momentos en el tiempo, de cosas materiales, de hechos y de actos, cuyo conjunto constituye la historia, la cultura, la producción de todo un pueblo. La nación española es el estilo de vida que ostentan todos los españoles y todo lo español, en los actos, en los hechos, en las cosas, en el pensamiento, en las producciones, en las creaciones, en las resoluciones históricas.

Un estilo no puede definirse, porque no es un ser, no es una cosa, no es un posible término de nuestra conceptualización, sino modalidad de cosas; no es ser español, sino modo de ser español, pero que tampoco puede definirse.

El único modo de conocer el estilo hispánico es la simbolización. Un símbolo es una figura real, objeto o persona, que descifre y evoque todo ese montón de modalidades en las cuales el estilo de la nacionalidad española se documenta. La bandera rojigualda es un símbolo, pero esta no despierta pensamientos, sentimientos, emociones e intuiciones sobre la modalidad del ser hispánico.

La figura simbólica tendrá, que ser la de una persona que retrate un estilo de vida, por tanto, nuestra historia y nuestra cultura españolas nos proporcionarían las figuras humanas típicas que designe en su diseño psicológico la modalidad particular del alma española. Tal figura tendrá que ser irreal, ya que de ser real estaría muy limitada, sería abstracta y esquemática.

El Arte español proporciona un buen repertorio de figuras irreales, pero concretas y llenas de espiritualidad hispánica. Simbolizaciones del estilo español son las figuras literarias de Don Quijote y Sancho, la artística del Cid, o el retrato El caballero de la mano al pecho del Greco, donde se encontrarían un gran número de alusiones y evocaciones de la eterna hispanidad. La figura del general Ambrosio de Espinola del cuadro de Velázquez La rendición de Breda, en la cual aparece recibiendo con gesto de suprema elegancia y benevolencia las llaves que entrega el burgomaestre de la ciudad. Velázquez ha sabido representar en esas dos figuras los estilos de dos pueblos diferentes.




Velázquez supo reflejar el estilo hispánico en la figura del general Espinola, implacable y duro contra el enemigo en la guerra, pero comprensivo y benevolente en su derrota.


Todas estas figuras del tesoro artístico de España excesivamente enmarcadas a un momento, a un lugar o a una la realidad vital, por ello no simbolizan el estilo hispánico en plenitud de valores. Podrían plasmar algunas cualidades, pero no la generalidad de las mismas.

Por eso, más que un símbolo lo que se necesita es un ideal humano diseñado que siendo en sí mismo individual y concreto, sea genérico e indeterminado en espacio y tiempo y en su relación con los demás. Un tipo que reúna las más íntimas aspiraciones y preferencias absolutas del alma española.

Los antiguos griegos, para representar las virtudes del estilo de su nación, tanto de forma material (corpórea) e intuitiva (moral), forjaron el término dekalós kai agathos: el hombre bello y bondadoso. Este tipo simbolizaba el ideal humano que los griegos se tenían sobre si mismos.

Los romanos también condensaron el ideal humano en dos términos del otium cum dignitate: el patricio honorable y ocioso (nego otium), dedicado a la administración de sus bienes, de la república y a la honra personal y familiar.

Para los ingleses, en la palabra gentleman se concreta y condensa toda una ética, una estética, una sociología y la manera de ser típica del pueblo inglés.

El pensamiento de García Morente expresa que todo el espíritu y el estilo de la nación española pueden también condensarse y a la vez concretarse en un tipo humano ideal: el caballero cristiano.

El español ha sido, es y será siempre el caballero cristiano, que reúne la caballerosidad y la cristiandad en una personalidad individual y ejemplar. En la psicología hispánica, ser un caballero cristiano constituye la más íntima y profunda aspiración.

Los grandes rasgos de la figura del caballero cristiano como imagen del estilo español son:


1. PARADIGMA

El caballero cristiano es esencialmente un paradigma defensor de una causa noble y justa, que va por el mundo sometiendo toda realidad al imperativo de unos valores supremos, absolutos, incondicionales. No espera porque cree en la virtud y eficacia inmediata de su propia voluntad y esforzada resolución para transformar las cosas, que el mal desaparezca y el bien se establezca.

Hay en la mentalidad del paradigma optimismo como fe en el poder moral de la voluntad, e impaciencia como demanda de transformación inmediata y total, no gradual y progresiva.

Esos valores absolutos que el caballero cristiano se somete a sí mismo y a los demás no proceden de ningún código escrito ni de convenciones humanas, sino de su propia conciencia. Es el ejemplo de una causa que responde ante Dios y su conciencia.

El origen de este paradigma se encuentra en los siglos de Reconquista que han llenado el alma del caballero cristiano de religiosidad, infundiéndole la convicción de que la vida es una lucha por imponer el bien.



Van Halen pintó Batalla de Las Navas de Tolosa, una hazaña que reunió a todos los reinos hispánicos en la lucha por un objetivo común: la recuperación de la España perdida, legítima y cristiana frente al invasor islámico; y que forjó la personalidad hispánica medieval.


2. GRANDEZA CONTRA MEZQUINDAD

Grandeza es el acto por el cual damos un valor superior a lo que somos sobre lo que tenemos. Mezquindad es el acto por el cual preferimos lo que tenemos a lo que somos.

El caballero cristiano cultiva la grandeza moral porque desprecia las cosas materiales, poniendo siempre su ser por encima de su haber. Se confiere a sí mismo un valor infinito y eterno que se transforma en un sentimiento de la valía personal. Don Quijote lo afirma: "dondequiera que yo esté, allí está la cabecera".

El caballero cristiano prefiere padecer la pobreza material y sufrir toda clase de penurias, que rebajar su ser la innoble mezquindad basada en la codicia de las cosas materiales. Su grandeza moral le protege de cualquier mezquindad.

Esta grandeza es comprobable en innumerables obras de arte y hechos históricos españoles. Un claro ejemplo es el monasterio de El Escorial: es pura grandeza pobre; la sobriedad y austeridad de las formas estéticas de una enorme mole de piedra.

Pero a pesar de todo esto, el caballero español es elegante en su vestimenta, basada en la naturalidad y en la adecuación de una fiel imagen exterior con su esencia interna. La valiosa idea que tiene de sí mismo le hace no temer la aprobación o rechazo ajeno.




Juan de Herrera supo expresar en este mausoleo la grandeza del Imperio español mediante largas líneas interminables y moles geométricas al mismo tiempo que nada recargadas de ornamentos para reflejar sobriedad, pureza y austeridad.


3. ARROJO CONTRA TIMIDEZ 

El caballero cristiano es valeroso e intrépido, no siente miedo más que ante Dios y ante sí mismo. Tiene una preferencia por la valentía ante la timidez.

La valentía del caballero cristiano deriva de la profundidad de sus convicciones religiosas y del poder que su conciencia ejerce sobre la voluntad de la resolución y del sacrificio. Tipo supremo: los mártires.

El caballero no conoce la indecisión, cree en lo que piensa y piensa lo que cree. Su vida avanza con rumbo fijo y claro, con certidumbre y seguridad, incapaz de quebrantar un inminente fracaso. No depende de nada ni de nadie, tan solo en su propio esfuerzo personal, por eso el ideario del caballero tiene la suprema virtud de ser auténtico.

Esa seguridad es por una parte sumisión al destino y por otra parte desprecio de la muerte. Ahora bien, la idea del destino personal es congruente con la esencia de la persona, que decide su propio destino. Cada caballero se forja su propia vida, la que está en la profundidad de su personalidad. Dios, juez universal e infinitamente justo es quien responde ante lo que cada caballero hispánico es y lo que hace.

El desprecio a la muerte precede de la firme convicción religiosa; según la cual el caballero cristiano considera la breve vida del mundo como efímero y deleznable tránsito a la vida eterna. 





Los atributos y valores del hidalgo don Quijote de la Mancha descritos por Miguel de Cervantes representan en buena medida el estilo hispánico. Es sin duda el caballero hispánico más universal e inmortal.


4. ALTIVEZ CONTRA SERVILISMO

La combinación de la confianza en sí mismo con la grandeza y el arrojo originan la altivez y el orgullo. El caballero cristiano peca un tanto por exceso en estas cualidades.

Huyendo del servilismo, el caballero cristiano incide en la altivez, en la estima de su propia persona, evitando mostrar aprecio a cosas ajenas. Si es rico, se enorgullece de menospreciar su riqueza; y si es pobre, se enorgullece de serlo y subraya su pobreza con su altivez. En todo caso el caballero se precia de ser más que de poseer.

Esta altivez se manifiesta como afirmación inquebrantable del propósito intransigente y a veces terco a cumplir una misión. Es la intransigencia que abre vía a las iniciativas particulares, individuales. Es la intransigencia que lleva a cabo su propia esencia hasta el término final.

El español desprecia el snobismo, tiene tan profunda conciencia de su persona que prefiere ser quien es antes que incidir en serviles actitudes, saliéndose de su categoría humana.


El caballero castellano es hombre silencioso y de pocas palabras, pero cuando se ofrece ocasión solemne, sabe alzar la voz a formas superiores de la elocuencia y de la retórica.




Alatriste es una figura altiva y de pocas palabras, de gran arrojo y terco en el cumplimiento de una misión. Tanto Pérez-Reverte como Viggo Mortensen han sabido reflejar con acierto el estilo del caballero hispánico en este personaje ficticio.


5. MÁS PÁLPITO DE CÁLCULO

El caballero cristiano es hombre de pálpitos más que de cálculos, como consecuencia de la fe inquebrantable en sí mismo y en su destino personal. En la toma de resoluciones obedece a su voz interna antes que al análisis de probabilidades.

Nunca calculó las probabilidades de éxito o fracaso que podrían existir cuando los galeones atravesaban los océanos sin sufrir hundimientos, cuando los conquistadores se aventuraban a explorar las tierras del Nuevo Mundo o cuando los Tercios amenazaban al enemigo en un asedio.

Se deja llevar por lo que su corazón le mande, aunque en ocasiones fracase. Pero muchas veces también triunfa por valentía y casi por milagro; y si no fuese por ese arrojo increíble y esa obediencia ciega a los dictados del corazón, la Historia no registraría muchas de las más extraordinarias hazañas de la Humanidad.

En dos grupos podrían generalmente dividirse los hombres en cuanto a su dirección de la vida se refiere:

1. los que hacen ellos mismos su propia vida, buscan sus directivas en sus propios corazones; actúan de dentro a fuera; influyen sobre el medio y el contorno; imponen a las cosas la huella de su voluntad soberana.
2. los que la reciben pasivamente, acatan normas ajenas que la sociedad o individuos les imponen; viven al dictado; son materia sumisa.

El caballero cristiano pertenece al primer grupo ya que toma como supremo ideal de vida el de ser él mismo actor responsable de su propia existencia, sin consentir directrices en su autonomía. En el fondo de su alma perdura un residuo de estoicismo unido al cristianismo, que le ha enseñado a sufrir y a aguantar durante la Reconquista, a acometer y a dominar durante la expansión imperial.

Por eso, en la historia de la nación hispana ha existido una oscilación entre la hazaña y la inmovilidad, contrastes expresados en múltiples aspectos de nuestra pintura y literatura. 





El valor ofrecido por la expedición de Fernando de Magallanes hacia las Indias Orientales y que terminó con la llegada a España por tan solo 17 de los más de 300 hombres en 1 de las 5 naves iniciales es una muestra de la falta de cálculo y probabilidad de éxito en la consecución de los objetivos.

Y lo mismo se puede decir en cuanto a las posibilidad de éxito que tuvieron los acompañantes de Francisco de Pizarro, "los 13 de la fama", en la conquista del Perú. Sin duda, la Historia de España está llena de acciones realizadas más por pálpito que por cálculo.


6. PERSONALIDAD

La personalidad del caballero español es fuerte y enérgica, ya que se siente con poder de acción y de creación. Se reafirma con orgullo, altivez y nobleza sobre la convicción y de su propia valía. Pero también admira en los demás las mismas virtudes de resistencia y dureza.

Los españoles dan preferencia a las relaciones reales sobre las relaciones formales, es decir, aquellas que se fundan en lo que cada persona es, vale, siente y piensa por encima de su condición jurídica o moral. Necesita establecer con los demás una relación sin formalismos, un trato antes que un contrato, una amistad o enemistad antes que un acuerdo jurídico.

Hay en lo hispánico un poder de imperar a los demás sus normas de vida y de conducta. Por ejemplo, el idioma español cuando entra en contacto con otros idiomas suele imponerse y prevalecer. Un caso curioso de que los habitantes franceses de la frontera hispano-francesa hablen el español, mientras que los españoles no hablen el francés.

Pero también se somete con entusiasmo a otro poder real, siempre y cuando este otro muestre fuerza, energía, liderazgo, dureza y superioridad de carácter, pero no en cuanto al ideal de soberanía basada en el sufragio o cualquier tipo de procedimiento formalista.

Los valores de prestigio personal, tradición secular o superioridad psicológica son superiores a la simple abstracción legal.

El caballero español no conoce el resentimiento o la envidia justamente porque tiene una conciencia muy elevada de su valía personal que le hacen despreciar lo ajeno.

Entre los españoles, el reconocimiento de la superioridad artística, literaria o científica del poeta, del pintor, del pensador, tarda mucho tiempo en consolidarse, en ocasiones mucho más que la vida de un hombre. Por ejemplo, los casos de Miguel de Cervantes o de Blas de Lezo. Aunque este ese retraimiento e intimismo consigue mostrar en la producción del arte y de la vida hispanos una espontánea sencillez, opuesta a todo convencionalismo carente de autenticidad. 





La determinación, actitud y valía personal que mostró el almirante Blas de Lezo en la defensa de Cartagena de Indias son cualidades personales más que suficientes para liderar las operaciones de resistencia contra la enorme armada británica de Edward Vernon, a pesar del nombramiento formal y legal de Eslava como gobernador y máximo responsable de la administración colonial de la ciudad neogranadina.


7. CULTO AL HONOR

El caballero cristiano cultiva su honra: el reconocimiento exterior de la valía personal. El honor se consigue mediante el esfuerzo continuo de aproximar nuestra vida real a nuestra vida ideal.

La honra es toda manifestación externa que trata de llevar al hombre en su propósito de perfección, ocultando en lo posible la diferencia entre la maldad real y la bondad ideal. La deshonra es todo aquel acto externo que muestra la diferencia entre el ser real y el ser ideal perfecto, y que ponen de manifiesto su menor valía personal.

La psicología del caballero cristiano y su profunda confianza en sí mismo han de llevarle a consagrar al honor, a la honra, que se manifiesta de dos maneras complementarias: 1º exigiendo los honores que le son debidos; 2º ocultando los defectos de su conducta en la conciencia y en el secreto de confesión. Las debilidades y los pecados deben quedar entre el caballero, su confesor y Dios.





El Caballero de la mano en el pecho fue una persona pintada por El Greco, un personaje honorable de la alta sociedad, podría ser Juan de Silva, marqués de Montemayor, aunque también podría ser Miguel de Cervantes. El modelo aparece vestido de forma elegante en su vestimenta, basada en la naturalidad y en la adecuación de la fiel imagen exterior con su esencia interna.
El caballero mantiene la mano sobre su pecho, en un gesto de juramento, mientras su mirada parece dirigirse directamente al espectador, como si estuviese haciendo un pacto con él. Para el caballero hispánico esta relación pactista o de juramento entre personas tiene un valor superior frente a cualquier relación contractual formal y ajena a su persona.


8. IDEA DE LA MUERTE

En la idea que el caballero cristiano tiene de la muerte puede condensarse como el conjunto de su psicología y actitud ante la vida.

Las concepciones que el hombre se ha formado de la muerte pueden reducirse a dos tipos: aquellas para las cuales la muerte es término o fin, y aquellas para las cuales la muerte es comienzo o principio. El caballero cristiano ve en la muerte un comienzo a una vida más verdadera: la vida eterna. Es sujeto gobernado por la idea de transcender la vida terrenal hacia la vida eterna.

La consecuencia que se deriva de esta concepción de la muerte es la consideración de que esta vida humana terrestre es un mero tránsito para la otra vida decisiva, la preparación de la muerte, un simple tránsito hacia el infinito y la eternidad. Por lo tanto, esta vida tiene un valor subordinado, condicionado, inferior: vale sólo su puesta al servicio del valor eterno. Esta vida se convierte en fatiga, lucha, sufrimiento paciente y esperanza anhelosa.

El fin ideal que persigue el caballero es superior a su propia vida, por eso la conciencia de su propia grandeza es superior al deleite material.

El "muero porque no muero" de Santa Teresa expresa perfectamente este sentimiento de la vida imperfecta.





La escultura de San Ignacio de Loyola cayendo herido en la defensa del castillo de Pamplona esculpida por Joan Flotats, o la Muerte de Churruca en Trafalgar pintada por Eugenio Álvarez Dumont reflejan una noble causa por la que vivir y morir por encima de la propia vida.