Escepticismo de Francisco Sánchez


Médico renacentista y filósofo que cultivó la corriente del Escepticismo.


FRANCISCO SÁNCHEZ


Francisco Sánchez, llamado el Escéptico, nació en Tuy en 1550. De madre portuguesa, fue judío converso bautizado en Braga. Su padre, el médico Antonio Sánchez, se trasladó a Francia, y se estableció en Burdeos. Allí comenzó sus estudios en el Colegio de Guyenne, que continuó en Roma, aunque se graduó en la escuela médica de Montpellier en 1573, tras haber sido ayudante de Huchet.

A los 24 años obtuvo cátedra en la universidad de Montpellier, hasta que las guerras de religión le hicieron refugiarse en Toulouse, donde ejerció la medicina, siendo profesor de la Facultad de Medicina de su universidad.

Como filósofo estudió la fenomenología de la probabilidad, llegando a ser un figura antiaristotelista, de importancia excepcional en la Historia de la Filosofía internacional. Así lo declaró en el prólogo a su obra filosófica más ambiciosa, De multum nobili et prima universali scentia (Del más noble y universal primer saber), ser un adversario del Aristotelismo y del argumento de autoridad.



ESCULTURA A FRANCISCO SÁNCHEZ, POR SALVADOR BARATA FEYO


Representante de la corriente filosófica denominada Escepticismo, tuvo relación con Michel de Montaigne, que era pariente suyo, y ejerció una fuerte influencia en René Descartes, aunque este es un aspecto muy discutible. Su obra fundamental, y capital para el resurgimiento del Escepticismo como método de pensamiento, es Quod nihil scitur (Que nada se sabe), obra publicada en 1576 en Lyon, que ha sido ampliamente traducida y reeditada, y de la que recientemente se ha elaborado una magnífica edición crítica.

En Quod nihil scitur niega la adecuación entre el entendimiento y lo conocido, y divide las operaciones del conocimiento según sean el objeto lo externo, las operaciones internas o una operación mixta de lo externo e interno. Propugnó el examen directo de cualquier realidad antes de tenerla como tal, sometiendo los datos de la experiencia al análisis y crítica del juicio, si bien el conocimiento, para él, sólo puede alcanzar los accidentes, no las pretendidas esencias de las cosas. La única realidad cognoscible es el mundo externo.



QUOD NIHIL SCITUR


La filosofía de Sánchez, anticipando la crítica de David Hume, se detiene en una Fenomenología de la probabilidad, ya que nuestro conocimiento, meramente probable, sólo lo es de apariencias, de fenómenos. En esto, como en su exigencia de método, se muestra como un claro precursor de René Descartes.

Las primeras páginas del Discurso del método de Descartes son tan parecidas al prólogo de Sánchez de 1576 y la obra cartesiana se parece tanto en lo inicial a la del español que Pierre Daniel Huet acusó al gran filósofo francés de haberle plagiado en lo atinente a la "duda metódica". Descartes admitió haber leído Quod nihil scitur, si bien la influencia fue más de oposición que de imitación.

Según escribió Francisco Sánchez:
"Es innato al hombre querer saber; a pocos les fue concedido saber querer; a menos, saber. Y a mí no me cupo suerte distinta a la de los demás."
Explicaba Sánchez que su capacidad de conocer nunca fue desarrollada como a tantos hombres, y como en los antiguos no encontró más que "sombras de verdad". Tuvo que volver a sí mismo, como si nada se hubiera dicho jamás, empezando a examinar las cosas mismas.

Como Descartes, Francisco Sánchez se dirigió a quienes no están obligados a admitir argumentos de autoridad y examinan las cosas con su propio criterio, guiados por los sentidos y la razón. No promete la verdad, pues la ignora. Anima al lector:
"Tú mismo la perseguirás, una vez que sea de alguna manera descubierta y sacada de su escondrijo, mas no esperes atraparla nunca ni poseerla a sabiendas; bástete lo mismo que a mí: acosarla."

FRANCISCO SÁNCHEZ


Sánchez dependió muy directamente de la tradición escéptica de Pirrón (Sexto Empírico, Adversus Mathematicos), que aparece también en los Ensayos de Michel de Montaigne.

El resto de su obra es bastante escasa y nunca ha sido editada en España (excepto un breve opúsculo, por la Catedral de Tuy), pero sí en Portugal, aunque de forma incompleta.

En un Tractatus philosophici (1649) se reunieron sus comentarios críticos contra Aristóteles antes aisladamente publicados: De divinatione per somnum, ad Aristotelem e In librum Aristotelis Physiognomicon commentarius. Escribió además un De longitudine et brevitate vitae liber y, según Moreri, un Tractatus de anima que no se ha conservado.

Escribió además un Carmen de cometa anni M.D. LXXVII (Canción del Cometa de 1577) en que combate con mucha erudición la superchería astrológica. Su obra como médico fue recogida en Opera médica (1636). Se editó además modernamente su Carta a Clavius, ed. in Gregorianum, (1940). 


OPERA MÉDICA

Conciencia común de España en la Edad Moderna


El origen común en el Reino hispano-visigodo y el enfrentamiento contra el Islam dio a los cristianos hispanos la conciencia de pertenecer a una comunidad humana superior a los reinos, llamada España. Esta identidad común hispánica y el entusiasmo por la reunificación de la España perdida produjeron el efecto de la unión de monarquías en 1469 mediante la unión matrimonial de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, ambos del linaje castellano de Trastámara.

La Corona de Castilla englobaba formalmente una pluralidad de reinos, unos configurados en la Edad Media (León, Galicia, Castilla) y otros ganados a los musulmanes entre los siglos XI y XIII (Toledo, Sevilla, Córdoba, Murcia y Jaén). Todos ellos evolucionaron en un sentido netamente unitario y la mayoría se gobernaban por la misma ley y se representaban en unas únicas cortes.

La Corona de Aragón constituía una confederación de territorios heredados (reino de Aragón y condados de Cataluña) y conquistados o dominados militarmente durante el siglo XIII (reinos de Mallorca, Valencia, Sicilia y Cerdeña) que poseían diversas leyes e instituciones particulares.

En el siglo XV, la autoridad del rey en Castilla estaba más limitada de hecho que de derecho por el enorme poder de la nobleza terrateniente y de las grandes ciudades, ya que la tradición goticista había inspirado un autoritarismo regio expansivo y unificador, reforzado por la aceptación bajomedieval del derecho romano, donde la voluntad del rey dictaba la ley sin muchas restricciones. Por el contrario, en los reinos orientales se había desarrollado un vigoroso foralismo "pactista" y las relaciones mutuas rey-reino se articulaban legalmente a través de las asambleas parlamentarias (cortes, parlamentos) y de sus comités permanentes (diputaciones, generalidades).


EXTENSIÓN TERRITORIAL DE ESPAÑA CON LOS REYES CATÓLICOS


Si en el Concilio de Constanza, de 1414, se había definido la natio hispana como una de las estructuras representativas y reconocidas por los padres conciliares; en el Concilio de Basilea, apenas dos décadas después, el obispo burgalés Alonso de Cartagena había realizado una notable actividad argumentativa sobre la historia de España, poniendo énfasis en la exposición de sus reyes como coronimia referible a épocas pretéritas muy diversas.

El humanista Rodrigo Sánchez de Arévalo escribió el Compendio historia hispánica en 1470, la primera historiografía de carácter humanista que estaba dedicada a la Edad Antigua, en donde el concepto de España giraba en el centro de la argumentación narrativa. Otros humanistas y discípulos suyos fueron Diego Rodríguez de Almela o Alonso de Palencia, los cuales continuaron el proceso de asentamiento de una puesta en valor de la España histórica.

Españoles se sentían todos los habitantes de la península que los romanos habían denominado "Hispania", como una referencia histórico-geográfica evidente y prestigiosa para todos sus habitantes.

El obispo gerundense Juan Margarit enaltecía la terminación de la Reconquista, que había acabado con la presencia musulmana que provocó "el gran reino de España tanto oprobio y daño". Y de los Reyes Católicos dijo: "Con vuestro enlace matrimonial habéis devuelto (a España) aquella unidad que desde los tiempos de los romanos y de los visigodos había pedido".

El humanista sevillano Nebrija escribió que "todos los miembros separados de España se unieron en un solo cuerpo". Y fray Íñigo de Mendoza agradecía a Dios porque "soldaste las quebraduras de nuestros reynos de España". El portugués Camoes afirmó que "castellanos y portugueses, españoles somos todos", mientras que el tortosino Cristófer Despuig insistía en 1557 que Cataluña "no sols es Espanya mas es la millor Espanya". Amabas citas son explicadas por R. García Cárcel en El concepte d´Espanya als segles XVI i XVII.

El bachiller Palma, por su parte, manifestaba su entusiasmo con estas palabras:
"Agora alçad los ojos, tened los rreynos, ensanchad la tierra, derrocad los valles, tirad los puertos, pasad las lindes e monjes. ¡Quién vido a Espanna, un rreyno, un prinçipado tan grande! ¡Qué unión maravillosa! ¡Qué sacramento tan grande!"

GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, POR ANTONIO NEBRIJA


Sin embargo, los reyes Isabel y Fernando se plantearon en el seno del Consejo Real de 1479 la cuestión del título que debían ostentar, proponiendo algunos de sus consejeros que se aplicase el título de reyes e señores de España. De hecho estuvo en su pensamiento adquirir tal título al abarcar entre ambos monarcas la inmensa mayoría del espacio peninsular. Frente a esta opción modernizadora, prefirieron continuar con la tradición medieval consistente en enunciar las distintas unidades territoriales integradas en sus coronas. Así lo explica la Crónica de Fernando del Pulgar, sobre cómo se se intitulaban los Reyes Católicos:
"Platicase asymismo en el Consejo del Rey e de la Reyna cómo se debían intitular; e como quiera que los votos de algunos de su Consejo eran que se yntitulasen reyes e señores de España, pues subçediendo en aquellos reynos del rey de Aragon eran señores de toda la mayor parte Della, pero determinaron de lo no hazer, e yntituláronse en todas sus cartas en esta manera: “Don Fernando e doña Isabel, por la graçia de Dios, rey e reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Cecilia, de Toledo, de Valençia, de Galicia, de Mallorca, de Seuilla, de Cerdeña, de Córdoua, de Córcega, de Murcia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira, de Gibraltar, conde e condesa de Barcelona, señores de Vizcaya e de Molina, duques de Atenas e de Neopatria, condes de Rosellón e de Cerdania, marqueses de Oristán e de Giçiano."
En cambio, otros cronistas los titularon reyes de España en sus textos, como Andrés Bernádez, Mártir de Anglería o fray Fernando de Talavera.

En 1480, el historiador y humanista Diego de Varela ofreció su Crónica abreviada de España a la reina Isabel, la presentaba como una solución híbrida entre la práctica medieval y la innovación unificadora: "doña Isabel, reyna de Espanna, de Seçilia e de Cerdeña, duquesa de Athenas, condessa de Barcelona". Escribió sobre los Reyes Católicos:
"Es profetizado de muchos siglos acá que no solamente seréis señor de estos reinos de Castilla y Aragón, que por todo derecho vos pertenecen, más avreis la monarchia de todas las España y rreformays la silla Ymperial de la ínclita sangre de los godos donde venis, que de tantos tiempos acá está esparzida e derramada."

REYES CATÓLICOS EN LA RENDICIÓN DE GRANADA


De esta manera, en las primeras décadas de la Edad Moderna, España innovaba un concepto de sí misma basada en un proyecto político, en muchos casos manifiesto de una preexistencia histórica. Era la constatación de una realidad política, "la monarquía de todas las España", la que exigía el conocimiento histórico de su evolución política precedente.

Esta concepción histórica de dos Españas, la del presente de los Reyes Católicos y la del pasado de los reyes visigodos, fue referida por D. Rodríguez Almela en su obra Letra sobre los matrimonios de los reyes:
"Los vemos reyes e señores monarcas de toda España en uno con la provincia de Tanjar hasta los Montes Claros, como lo fueron los nobles reyes godos de España pasados, sus progenitores."
El cronista Bernáldez reivindicó un concepto político de una España engrandecida comparándola con lo que había significado Roma. Vinculaba así la perspectiva histórica pasada y la realidad política de su tiempo, al establecer equivalencias entre lo que significaba España en su tiempo y lo que significó Roma en su máximo apogeo:
"Ansí como Roma en su imperio floresció en tiempos del emperador Octavio Augusto, que fue en tiempo del nasçimiento del Nuestro Redemptor, que poco menos fue é señor de todo el mundo, e fueron numeradas e obedientes a su imperio en aquel tiempo noventa mil y trezientas y cochenta çiddades, dexando los otros lugares e lo tuvo todo en paz e obediencia de Roma e suya el tiempo que vivió, e Roma fue entonçe más triunfante que antes ni después, ansí España fue en tiempo destos bienaventurados rey e reina don Fernando e doña Isabel durante el tiempo de su matrimonio, más triunfante e más sublimada, poderosa, temida y onrrada que fue."
Desde el punto de vista de la estructuración interna del territorio de la Monarquía hispánica, se trataba de una reunión de diversas realidades históricas y políticas con un carácter federativo, que en cualquier caso hacía posible una cierta idea de nación de la Edad Moderna. Esta idea era comparable a otros perfiles nacionales europeos como Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, que durante los siglos XV y XVI surgieron como realidades emergentes de integración política y territorial.

Esta concepción fue expresada por el filósofo Baltasar Gracián en referencia a lo que él entendía como Monarquía de Fernando el Católico:
"La monarquía de España, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, assí como es menester gran capacidad para conservar, assí mucha para unir."
El carácter federativo de la España de los Reyes Católicos constituía una integración de realidades heterogéneas. Anglería puso de relieve una idea de coordinación compatible a una situación diferente: "el rey y la reina que gobiernan las dos España con perfecta justicia".

Y lo mismo quiso decir el gran humanista Antonio de Nebrija en el prólogo que dedicó a Isabel la Católica "Reina i señora natural de españa e las islas de nuestro mar", en su Gramatica de la lengua castellana de 1492:
"I assi crecio hasta la monarchia e paz de que gozamos, primeramente por la bondad e prouidencia diuina, despues por la industria e trabajo e diligencia de vuestra real majestad. En la fortuna e buena dicha de la cual los miembros e pedaços de España que estauan por muchas partes derramados, se reduxeron e aiuntaron en un cuerpo e unidad de reino. La forma e travazon del cual assi esta ordenada que muchos siglos, iniuria e tiempos no la podran romper ni desatar."
Nebrija entendió a la Monarquía hispánica como un conjunto de "miembros" que formaban un solo “cuerpo” unido e irrompible tras siglos de Reconquista. Esta era la visión compartida por los Reyes Católicos, que fundamentaron la unidad sobre la diversidad en buena medida del pensamiento corporativo del Medievo cristiano. Y esta diversidad en la unidad es la que también explica que muchas veces se hable de España en plural: "las Españas".



ESCUDO DE LOS REYES CATÓLICOS EN EL COLEGIO SAN GREGORIO DE VALLADOLID


Otro reflejo claro de tal concepción se encuentra en el escudo de armas de Isabel y Fernando, en el cual se integran las armas de los distintos territorios, protegidos por las alas del águila de San Juan Evangelista.

Más allá del carácter heterogéneo, España se proyectaba como una sola entidad política en la dimensión internacional. Así lo expresó Rodrigo Fernández Santaella a su reina Isabel:
"A vos por quien vuestros reynos han sido restaurados y reformados en todos los estados a la integridad de la fe y de la religión y sanctas costumbres por quien España ha recobrado la corona, fama y gloria entre todas las naciones."
La consolidación del concepto de España en la Edad Moderna fue debido a su dimensión internacional que adquirió durante las Guerras de Italia contra Francia. Las fuerzas militares de los Reyes Católicos gritaban "España, España" en la envestida al enemigo. Existen varias referencias hechas por Bernáldez a propósito de las campañas italianas cuando aludía al "exercito de España", "armada de España" o al general Gonzalo Fernández de Córdova como "onrra de España".

Dado el relieve internacional que fue adquiriendo la Monarquía hispánica, el concepto de la España moderna fue tomando parte por extranjeros. Entre los principales viajeros y diplomáticos que visitaron la corte regia en las últimas décadas del siglo XV, también usaron la expresión rey, reina o reyes de España, como por ejemplo Nicolás Popielovo o Jerónimo Münzer. Este último en su memoria del viaje se refería a los "reinos de España" como un agregado de distintas unidades políticas, haciendo juicios positivos sobre la realidad del momento en frases como "España florece en la mayor tranquilidad, y no hay por qué temer revueltas", o aludiendo a Isabel y Fernando como "los salvadores de toda España".



TERCIOS DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA EN ROCROI, POR FERRER-DALMAU


Esta concepción política de España fue percibida especialmente por italianos. Francesco Guicciardino valoró la coordinación castellano-aragonesa bajo la autoridad de Fernando, al que refirió como rey de España: "Comune era il titolo di re di Spagna, comunemente gli ambasciatori si spedivano, comúnmente gli eserciti si ordinavano."

Los italianos vieron en España un proyecto integrador, en contraste con una Italia descompuesta en diferentes reinos y repúblicas que, además, se disputaban Francisco I de Francia y Carlos I de España.

Según Pedro Mártir de Anglería: "Italia se desangraba en opuestas tendencias, mientras que España estaba completamente unificada." Llegó a afirmar en una epístola que "creo que actualmente España es el único país feliz", y en otra incluso que "no quisiera vivir en ninguna otra parte, de no ser en España".

El cronista aragonés Vagad ofreció un extenso testimonio en su obra histórica sobre la incorporación de un concepto político de España, como realidad tangible plenamente asumible desde la perspectiva aragonesa. Reivindicó un liderazgo político internacional, "que bien hoy tenga la Hespaña el ceptro y regimiento del mundo…, pues quién dexara de reconocer y sentir que la sola Hespaña es hoy el reparo, salud, esperanza, remedio y la vida de toda nuestra cristiandad?"

Y entre los pontífices también dieron tratamiento de reyes de España, como Inocencio VIII o Alejandro VI. Este último, en 1496, entregó a Isabel y Fernando un título papal con la distinción de Reyes de las Españas Catolícos, por su esencial apoyo en su conflicto con Francia.



CARLOS V Y FELIPE II


Durante el discurso de Carlos V en las Cortes Castellanas de 1534 celebradas en Madrid, el emperador resaltaba el papel de los españoles en el Ejército imperial, que aunque la participación en número no era grande, la calidad de aquellos Tercios de Infantería los convertían en los mejores soldados de su ejército:
"...porque aunque el número de los ejércitos que S.M. (su majestad) juntó para resistir y ofender al dicho enemigo (se refiere a los turcos), como se hizo, fuese grande, la que tenía de la Nación española daba mucha reputación y ánimo a toda la demás y ponía temor a los enemigos, y fue de las primeras en seguir y alcanzar los que de ellos fueron muertos, desbaratados y perdidos por tierra..."
Los Austrias Mayores, Carlos V y Felipe II, se intitularon Reyes de España o de las Españas, como se observa en varios sellos. También Felipe II utilizó, además de la larga lista de territorios en su intitulación, esa otra de "Philippus Hispaniarum Princeps" o "Philippus, Dei gratia Rex Hispaniarum...."

Durante los siglos XVI y XVII, varios historiadores denominaron a España con términos como "Monarquía Católica" y "Monarquía Hispánica", haciendo referencia a la fe sobre la que se asienta la Monarquía y la Universalidad. Porque, en tiempos donde el Imperio español no se ponía el Sol, tanto Catolicidad como Hispanidad eran conceptos que expresaban Universalidad.



BANDERA DEL IMPERIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA

Recóndita armonía, por Pablo de Andrés Bravo




Recóndita armonía, por Pablo de Andrés Bravo, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Salamanca (2014), 148 páginas

Recóndita armonía es la lectura hermética que el arquitecto salamantino Pablo de Andrés Bravo ha realizado de la simbología de los elementos que componen la fachada de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, desvelando los secretos de una portada con una conciencia de cinco centurias. Se trata una visión sobre los conceptos ocultos en las labras creados por los inmensos conocimientos literarios y filosóficos de los humanistas y la capacidad de los maestros canteros que los representaron iconológicamente.

No se trata de una simple y exhaustiva recopilación de elementos decorativos y aclarar todos los conceptos allí plasmados, sino ofrecer al lector una lectura de la piedra como soporte de la memoria, como narración de la época en que se proyectó la fachada, de extrema gravedad en la vida de la Iglesia. Tal y como anuncia el subtítulo de la obra: formular una lectura hermética de ese asombroso fruto del arte universal.

La voluntad de unos hombres comenzó a esculpir la fachada en 1518 y terminó en 1529. Fueron años decisivos para la España imperial de Carlos V, coincidieron con un estado de agitación generalizada por el inicio de la Reforma, la revuelta de las Comunidades y la proliferación de milenaristas e iluminados. La élite de los humanistas salmantinos, influidos por el platonismo hermético y cabalístico procedente de Florencia, empeñados en la lucha contra la barbarie eclesiástica, introdujeron un programa de regeneración, basado en la vuelta a los ideales de la Antigüedad, que quedó reflejado cada labra, en cada columna, cada escudo, cada friso y cada pináculo.

La primera parte del libro describe el sentido literal, el alegórico y moral, el analógico y el místico del pórtico, en su texto que hace referencia a pensadores como Aristóteles, Platón, Llull, Ficino o Athanasius Kircher. La conjunción de dioses, héroes y hombres en un mismo espacio, y la correspondencia de los mundos cabalísticos con el esquema neoplatónico son algunos de los aspectos de su comentario intelectual. A continuación el autor se concentra en la descripción de la fachada, con tanta “imaginación” como “documentación”.

Como no podía ser de otra manera, el autor interpreta el significado del elemento más famoso de la fachada, la rana sobre la calavera, que ha asombrado a tantos visitantes durante siglos: “el sapo, en alquimia, representa la parte sulfurosa de la materia prima”, mientras que la caverna, su lugar de origen, se traduciría como la “morada de la parte divina del alma”.

A través de los distintos niveles de manifestación de la Cábala, la aventura prosigue por el Mundo de la Materia (Assiah), el del hombre (Yetzirah), el Mundo astral (Beriah), y el Angélico (Atziluth).

El libro se completa con una exposición de fotografías, planos y esquemas, dos apéndices arquitectónico y gramáticas, y dos índices bibliográfico y onomástico.




Determinismo de Domingo Bañez


Aunque también cultivó la filosofía y el derecho, fue uno de los principales teólogos españoles del siglo XVI, defensor del Tomismo y de la enseñanza tradicional escolástica. Pasó a la historia del pensamiento español por liderar a los dominicos en relación con la libertad de acción humana y predestinación divina frente a los jesuitas de Luis de Molina, en la llamada Controversia de Auxiliis.


DOMINGO BÁÑEZ


Domingo Báñez nació en Valladolid, en 1528. A los 15 años comenzó a estudiar artes en la Universidad de Salamanca. En 1546, ingresó en el convento de San Esteban de Salamanca, centro de gran prestigio por la presencia de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, entre otros. Tras ingresar en la orden de los dominicos, estudió teología entre los años 1548 y 1552, teniendo por maestros a Diego de Chaves, Melchor Cano, Pedro de Sotomayor o Domingo Cuevas, y por discípulo a Bartolomé de Medina.

En 1552, con 24 años de edad, comenzó a enseñar artes en San Esteban. Entre 1555 y 1561, profesó la teología como lector, tras lo cual recibió el grado de licenciamiento de la orden.

En 1565, fue destinado a la Universidad de Ávila, en el convento dominico de Santo Tomás. En esta ciudad conoció a Teresa de Jesús, a la que asesoraba en sus proyectos reformadores y a la que aconsejó que escribiese su Camino de Perfección. Durante toda la vida mantuvo muy cordiales relaciones con la insigne fundadora.


Durante algunos años, fue pasando por varios centros como rector: el Colegio de San Gregorio de Valladolid en 1569, el Colegio de Santo Tomás de Ávila en 1570, el Convento de San Esteban de Salamanca en 1571, y , de nuevo, el Colegio de San Gregorio de Valladolid en 1573.

En 1576, fue sometido a una investigación por parte del tribunal de la Inquisición debido a razones disciplinares. Las sospechas inquisitoriales debilitaron el ánimo y la salud de Báñez, aunque todavía tuvo fuerzas para opositar a la cátedra de Durando. En esta ocasión, triunfó sobre su oponente, Juan de Guevara, convirtiéndose así en catedrático con 49 años y ocupándose durante cuatro años.


En 1580, Báñez ganó la cátedra de prima de Teología, la más prestigiosa de la Universidad de Salamanca, que profesaría hasta 1599.

Durante estos años, Báñez trabajó en la Reforma gregoriana del calendario. Además, publicaba sus obras principales, la más notable fue una serie de comentarios escolásticos de la Suma teológica de Santo Tomás, que reunió en sus Decissiones de iure et iustitia (Decisiones de ley y justicia).

De nuevo, Báñez sufría un proceso inquisitorial, después de que fray Luis de León denunciase que algunas de sus afirmaciones sobre la eucaristía conducirían al error de Lutero. Pero tampoco en esta ocasión Báñez resultó condenado. Y tal era su prestigio por estos años que se ganó la confianza del propio Felipe II.


DECISSIONES DE IURE ET IUSTITIA


Báñez pasó a la historia del pensamiento español por liderar a los dominicos acerca de la libertad de acción humana en relación con la libertad y predestinación divinas que promulgaban los jesuitas de Luis de Molina, en la llamada Polémica de Auxiliis. Los dominicos de Domingo Báñez apoyaron que Dios, como ser absoluto, infinito y omnipotente, no puede tener límite en su voluntad.

Por eso, criticó la idea de concausalidad o concurso simultáneo, que defendía un concurso divino previo y determinante que mueva físicamente a la causa segunda y la aplique al acto, a la manera de un artesano (causa primera) que mueve una herramienta (causa segunda). Según esta concepción tradicional, toda acción buena tiene como causa eficiente a Dios, quien mueve al hombre a su realización, y este 
coopera a la acción con causalidad subordinada a la de Dios. El hombre es libre, porque libremente acepta secundar a Dios, y si la moción divina es eficaz.

Por reacción contra la doctrina luterano-calvinista que negaba toda acción libre del hombre, Báñez afirmaba la libertad humana en su esencia. Para Báñez, cuando Dios mueve al hombre hacia algo, necesariamente el hombre se mueve libremente hacia ello. Tanto Dios como el hombre concurren como causas eficientes coordenadas; el efecto resultante, es decir, que la moción divina consiga o no el efecto depende de la libertad de acción humana. La predestinación se realiza en previsión de los méritos.

Molina y Báñez también entendieron de diferente modo la distinción teológica tradicional entre gracia suficiente y gracia eficaz. Para Molina la gracia suficiente puede ser eficaz o ineficaz dependiendo del libre arbitrio: si el hombre se decide a obrar de acuerdo a la gracia suficiente, ésta se convertirá en eficaz, y en caso contrario, será gracia ineficaz.

Mientras que para Báñez la gracia suficiente no es suficiente para que el hombre se convierta, sino que tan sólo inspira al hombre el recto camino. Por ello, el hombre necesita otro auxilio eficaz para su conversión. Sin embargo, aunque la gracia suficiente no sea suficiente para la conversión del hombre, el simple hecho de haberla recibido hace que el hombre sea culpable por haber permanecido en la infidelidad, aunque la gracia suficiente no baste para su conversión.

Su salud sufrió grandes quebrantos a causa de la gran contienda, por lo que Báñez se jubiló en 1599, retirándose a morir al convento de San Andrés en Medina del Campo. Allí expiraría el 22 de octubre de 1604, sin llegar a conocer si el pontífice romano en su veredicto final se habría de mostrar favorable a sus tesis o, por el contrario, a las de Molina.




COMMENTARIA THOMAE


El padre Báñez no gozó en su tiempo fama de escritor castizo, pero sí de poseer claro talento natural y envidiable memoria, unidos a una profunda erudición teológica y filosófica. 
Muchas de sus obras fueron publicadas casi simultáneamente en varias ciudades europeas como Venecia, Roma, Bolonia, Duaci, Lyon o Colonia.

En sus obras teológicas no abordó tesis novedosas, sino que simplemente se dedicó a comentar de manera personal las doctrinas aceptadas hasta el momento. Sin embargo, lo hacía en un estilo brillante y claro. La profundidad de la metafísica, la lógica del discurso y la persuasión del silogismo lo convierten en uno de los grandes genios de la historia de la teología. Su genio metafísico supera el de sus maestros, tanto es así que Diego de Chaves, al criticar los Comentarios de Báñez, expuso que:
"Me parece que al Angélico doctor Tomás de Aquino le ha nacido un intérprete digno de él. Un doctor máximo ha conseguido también un máximo comentador."
Ocupa lugar preeminente en la historia de la filosofía española, y entre sus escritos sobresalen:

Scholastica commentaria in lam partem angelici doctoris D. Thomae usque ad 64 
quaestiones (Salamanca, 1584)

Scholastica commentaria super caeteras lae partis quaestiones (Salamanca, 1588)

Scholastica commentaria in IIam IIae... usque ad quaestiones 
XLVI (Salamanca, 1584)

Scholastica commentaria in IIam IIae a quaestiones 
LVII ad LXXVII... (Salamanca)


Relectio de merito et augmento charitatis anno MDLXXXIX Salmanticae in vigilia pentecostes solemniter pronuntiata (Salamanca, 1590)

Institutiones minoris dialecticae e In Aristotelis dialecticam (Salamanca, 1599)

Respuesta contra una relación compuesta por los padres de la Compañía de Jesús de Valladolid (Medina del Campo, 1602, Ávila).

Algunos autores le suponen autor de un tratado de Premoción fisica, generalmente atribuido a Santo Tomás.


Monarquía hispánica precursora de Derechos Humanos


El español fue el primer Imperio en cuestionarse la legalidad y legitimidad de unas tierras conquistadas, nunca otro había reparado en esta cuestión. De la necesidad de establecer normas de convivencia con los indígenas del descubierto Nuevo Mundo, la Monarquía hispánica organizó durante el siglo XVI una serie de Juntas Consultivas de Indias formadas por juristas y teólogos. El resultado de aquellos debates fue la aprobación de las sucesivas Leyes Protectoras de Indias, precedentes de los actuales Derechos Humanos.

La Junta de Valladolid de 1550 y 1551, que planteó  a fondo la "cuestión de los naturales", fue el origen hispánico de la fundación definitiva de los Derechos Humanos y antecedente de las actuales resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas. Esta controversia tuvo como referente el pensamiento de Francisco de Vitoria, fundador del Derecho Internacional de Gentes, y como protagonistas a Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda.



RECOPILACIÓN DE LEYES DE LOS REYNOS DE LAS INDIAS

Durante la Edad Media, los reinos cristianos nunca habían necesitado un Derecho Internacional ya que sus necesidades se habían limitado a las relaciones de vasallaje entre los estamentos sociales y el rey. Con la entrada de la Edad Moderna, los reinos de Europa formaron un grupo de personalidades internacionales que demandaban unos nuevos principios y derechos jurídicos para el arbitraje de sus relaciones políticas, comerciales y sociales.

El detonante que propició la ruptura de los rígidos principios medievales fue el descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1492. Entonces, España se había convertido en la gran potencia de Europa,y en el centro intelectual durante el siglo XVI. Como consecuencia de la política exterior y expansión territorial, necesitaba un nuevo derecho que regulase las relaciones entre monarquías, la disciplina en los ejércitos, la distribución del botín y la autoridad sobre los vencidos.


DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA POR CRISTÓBAL COLÓN


Hasta el descubrimiento de América, la licitud de conquista se basaba en tres fuentes de derecho que nadie discutía: el romano, el medieval y pontificio.

1. El derecho romano establecía que el descubrimiento y ocupación de un territorio era título suficiente para ejercer un pleno dominio con total legitimidad.

2. El derecho medieval se basaba en que las personas no cristianas carecían de personalidad jurídica y, por tanto, no podían ser sujetos de derecho. Además, toda aquella tierra sin relación alguna de soberanía o vasallaje con algún príncipe cristiano se consideraba como "tierra de nadie", Terra Nullis.

3. El derecho pontificio se asentaba en la suprema jurisdicción internacional del Papa, considerado como Dominus Orbis, y la Santa Sede podía otorgar el Derecho de Conquista a un rey, o a un "príncipe cristiano".

Cuando la expedición de Colón descubrió el Nuevo Mundo, lo hizo con estos tres títulos, por lo que la conquista era estrictamente legal. El derecho medieval para el descubrimiento y ocupación de nuevas tierras estaba basado en textos legales como Las Siete Partidas de Alfonso X, que concedía la potestad de las islas a quienes las descubrieran. Pero los territorios del Nuevo Mundo estaban frecuentemente poblados por indígenas, y en estos casos Las Siete Partidas solo reconocían el señorío de un reino por herencia, matrimonio, libre consentimiento de los naturales u otorgamiento del Papa o del Emperador. Ante esta cuestión los Reyes Católicos recurrieron al otorgamiento papal.


Mediante la Bula Inter Caetera, otorgadas por el papa Alejandro VI (Rodrigo Borja) el 4 de mayo de 1493, el Reino de Castilla tenía permiso al dominio de la tierras descubiertas y por descubrir en el Nuevo Mundo, pero como contrapartida estaban obligados a evangelizar y convertir a los pueblos nativos. En esta concesión se hizo fundamento jurídico suficiente.




TRATADOS DE ALCAÇOVAS Y DE TORDESILLAS


Una bula posterior, conocida como Tratado de Alcaçovas, estableció la línea de demarcación de las zonas de influencia castellana y portuguesa. Los dominios castellanos serían los comprendidos más allá de una línea imaginaria trazada a cien leguas de las Azores, y los portugueses los comprendidos más acá de dicha línea. Por último, el Tratado de Tordesillas de 1494 fijó la frontera entre ambas zonas sobre el meridiano situado a 370 leguas de Cabo Verde.

Pero pronto, esta justificación, basada en las Bulas Alejandrinas y en argumentos de carácter teológico, empezó a ser criticada tanto desde América como desde el interior del Reino de Castilla. Además, esa nueva situación cambió la perspectiva del proyecto ya que los indios, una vez conversos, eran sujetos de derecho.

De esta forma, con una legalidad propia de la Edad Media, mezcla entre derecho romano y germánico, se creyó legitimada la conquista, pero al poco tiempo buena parte de la intelectualidad española comenzó a preguntarse sobre la licitud y legalidad de obligar a todo un continente a formar parte de un Imperio con el que no les unía ninguna relación previa, y con base en un derecho que ni conocían ni habían aceptado. Fue el nacimiento de una nueva mentalidad de la Edad Moderna, contraria a la opinión legal y cultural de la época en Europa, y sobre todo contraria al propio interés económico y político de su propio país. Aún no se habían conquistado México ni Perú y ya había un problema político, jurídico y moral de gran importancia.

Surgía entonces una pregunta: "¿Tenemos la legitimidad suficiente para conquistar las Indias?"

El español fue el primer Imperio en cuestionarse la legalidad y legitimidad de unas tierras conquistadas, nunca otro había reparado en esta cuestión.

Este fue el tema central de las Juntas Consultivaspara las Indias realizadas a lo largo del siglo XVI, auspiciadas por los monarcas hispánicos y materia de debate por teólogos y juristas españoles. Estas Juntas trataban de establecer unas nuevas normas de convivencia entre los hombres, desechando la mentalidad europea de la época y basándose en unos valores comunes a todos los hombres.

ISABEL I DE CASTILLA


La primera persona en preocuparse por la defensa de los derechos del indio fue Isabel la Católica. Desde los primeros momentos del descubrimiento, la reina de Castilla dictó leyes tanto a favor de la protección real de sus nuevos súbditos americanos, como también en la regulación de la posible ambición que pudiese tentar a los conquistadores. En este sentido estableció que seguirían siendo propiedad de los indios aquellas tierras que les pertenecían con anterioridad, mientras que el resto de territorios libres pasarían a titularidad de la Corona, para posteriormente ser repartidos entre los colonos.

En el año 1500, Isabel dictó un decreto por el que se prohibía la esclavitud, y cuyas disposiciones suponían una auténtica revolución en cuanto a Derechos humanos para la mentalidad de la época. Estas leyes quedaban aún englobadas en el Derecho medieval, ya que estaban dictados por la libre disposición de un monarca que obra con una legitimidad emanada de una bula papal. No obstante, suponían el inicio de las Leyes de Indias.

En 1503, se reunieron en junta consultiva consejeros reales con teólogos y canonistas, bajo la presidencia del arzobispo de Sevilla, y se consideró legítima la ocupación española de los territorios americanos. Además, se implantó el sistema de encomiendas, por el que se establecía el servicio de los indios por uno o dos años. Pero en la práctica se cometieron numerosos abusos, pasándose de la justificación jurídica al dominio. La teoría siguió siendo, sin embargo, que era lícito el dominio de las tierras obtenidas por extensión y difusión del evangelio, y no por afán de lucro.

Durante los primeros años del siglo XVI, los colonos españoles habían conseguido asentarse de forma estable en Cuba y el resto de las islas mayores del Caribe. La colonización se esperaba que discurriese pacífica, pero pronto se descubrió un belicismo indígena  como resistencia a los abusos de los primeros colonos.
MONUMENTO A ANTONIO DE MONTESINOS EN LA ISLA LA ESPAÑOLA


Con la llegada de los dominicos al Nuevo Mundo, aparecieron los primeros defensores de indios y las primeras denuncias a la Corte. El sermón de Antonio de Montesinos, pronunciado en diciembre de 1511 en la isla La Española (Santo Domingo), fue el hito iniciador de la lucha por la justicia, según el historiador norteamericano Lewis Hanke. Su sermón tuvo como tema central el cuestionamiento de la licitud del dominio español en las Antillas, así como la censura frente a la explotación a la que los colonizadores, especialmente los encomenderos, sometían a la población nativa.

Montesinos defendió que si los indios son humanos, tenían plenitud de derechos, y como humanos tenían que ser tratados, y planteó tres graves preguntas a los colonos:

- ¿en qué condiciones podía hacerse la guerra justa contra los indígenas?

- ¿con qué título ejercía el rey de Castilla su dominio sobre América?

- ¿podía emplearse la fuerza contra los indígenas para predicar el cristianismo, o esta predicación debía realizarse solo por medios pacíficos?

Al mismo tiempo, el superior de la orden dominicana en La Española, Pedro de Córdoba, negó la absolución a cuantos colonos abusaran de los indígenas.

Ante estas denuncias, Fernando el Católico encargó un estudio jurídico y teológico a Juan López de Palacios y Matías de Paz.

Juan López de Palacios Rubios fue jurista, doctor en cánones y catedrático en las Universidades de Salamanca y Valladolid, miembro del Consejo de Castilla y redactor de las Leyes de Toro, en 1505. Como ministro del Consejo de Indias y conocedor de la situación, se convirtió en uno de los principales defensores de la cuestión de los Justos Títulos del dominio de Castilla sobre las Indias. En su obra Libellus de insulis oceanis realizó un concienzudo razonamiento sobre la legitimidad de la soberanía castellana de los territorios americanos.


En 1512, redactó un Requisimientopor el cual obligaba a los indígenas a someterse pacíficamente como vasallo del monarca y súbditos del papa que era, y, en el caso de que opusiesen resistencia, se les anunciaba que serían sometidos por la fuerza y convertidos en esclavos.

EVANGELIZACIÓN DE INDÍGENAS POR DOMINICOS


El defensor de indios Matías de Paz, de la orden de los Dominicos, fue catedrático de teología en la Universidad de Valladolid, y de escritura en la de Salamanca. Fue el promotor del hospital de los indios de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

Su única obra es De dominio Regum Hispaniae super Indos, publicada en 1512, en la que consideraba hostiles a los indios infieles, pero defendió un trato digno basado en el derecho natural sobre sus tierras y súbditos a los príncipes infieles, y el de los monarcas cristianos a extender y propagar la fe católica.

Su pensamiento puede resumirse así:
1- no es lícito a los príncipes cristianos hacer la guerra a los infieles por el afán de dominio y riquezas, aunque sí por extender la fe; si los infieles la reciben de buen grado, no se les puede atacar.

2- los indios pueden defenderse en caso de ser atacados, si antes no se les amonesta y requiere para que acepten la fe católica; pero si tras ser vencidos obedecen al príncipe cristiano y abrazan la fe católica, entonces no quedan convertidos en esclavos.

3- el dominio sobre los indios en régimen de vasallos libres sólo puede ser ejercido por el rey y por la autoridad del papa.
Matías de Paz aceptaba pues el derecho del papa y los reyes cristianos a invadir las tierras de infieles y destronar a los príncipes indios, pero defiende que debe evitarse la coacción en la propagación evangélica, porque anula la libertad de la fe. Aceptanban la erradicación de costumbres salvajes e inhumanas por los indios, que debían ser combatidas incluso con la fuerza. También la opción de la fuerza era justificada cuando los caciquez indígenas prohibían la libre conversión a sus súbditos.

PANEL CONMEMORATIVO DEL 5º CENTENARIO DE LEYES DE BURGOS


Antes estos hechos, la Corte convocó junta consultiva en diciembre de 1512, la Junta de Burgos, mediante la cual se legitimaron las encomiendas, reconociendo libertad a los indios, e imponiendo responsabilidades a los encomenderos. Concretamente respecto a los nativos, se aprobó:
1. los indios eran libres
2. debían ser instruidos en la fe católica
3. tenían obligación de trabajar en forma provechosa para ellos y la República
4. el trabajo tenía que ser soportable e ir acompañado de los necesarios descansos
5. debían recibir un salario justo por su trabajo
6. los indios debían tener casas y haciendas propias
7. tenían que procurar una comunicación con los cristianos

Estas leyes estaban destinadas a resolver los problemas prácticos de las encomiendas, pero no el de la legitimidad moral de la soberanía española en el Nuevo Mundo. Progresivamente, una nueva generación de juristas, teólogos y filósofos fue ampliando y mejorando dichas leyes mediante una serie de compilaciones indianas e introduciendo un nuevo concepto de derecho en base a la filosofía iusnaturalista.


ESTATUA DE JUAN DE ZUMÁRRAGA EN DURANGO


El Iusnaturalismo católico es una corriente de pensamiento que afirma la existencia de unas leyes naturales creadas por Dios y que rigen la vida del hombre y de las sociedades. Esta visión del hombre fue novedosa en el contexto socio-político del momento, pero más innovador fue el ambiente de libertad con el que los intelectuales fueron formulando estos principios que estaban cuestionando la presencia española en el Nuevo Mundo, incluso con el apoyo de los monarcas.

A diferencia de los estadistas y militares que la establecían la ley en concreto, según fuese conveniente a sus intereses, estos intelectuales escribieron sus disquisiciones sobre la ley en abstracto.

Una Real Orden de Carlos I dispuso que, a partir de 1526, cualquier expedición militar vaya acompañada de clérigos legitimados para evitar abusos o desautorizar la lucha cuando esta se considere inncesaria.

El primer arzobispo de México y protector de indios, Juan de Zumárraga, redactó uno de los primeros documentos clave en la historia de la defensa de los Derechos Humanos, llegando a cuestionar la licitud de la conversión de los indios y de la presencia española en América.


ESTATUA DE FRANCISCO DE VITORIA EN SALAMANCA


El más influyente intelectual de la época fue Francisco de Vitoria, firme seguidor del Iusnaturalismo católico, catedrático de teología de la Universidad de Salamanca y fundador de la Escuela económica Salamanca.

Además de promover una reflexión moral sobre la economía totalmente novedosa en su tiempo, fue defensor de la igualdad de todos los hombres y concibió el mundo como una comunidad de pueblos organizada de forma política y basada en el Derecho Natural de gentes. Su pensamiento se desarrolló en torno a la dignidad y problemas morales de la condición humana, convirtiéndose en el primer español en negar la validez política de las Bulas Alejandrinas sobre los territorios americanos.

Vitoria definió una serie de títulos justos a partir de los cuales la Corona castellana podría declararse como legítima poseedora del continente americano. Se refería a unos derechos que pretendían romper con argumentos teológico, que se fundamentaran en criterios de la razón natural, que pudieran ser aceptados por todos los hombres, por tanto aspiraban a tener reconocimiento universal: las bases del Derecho Público Internacional.

Sus ideas, reunida en sus Relecciones sobre los indios, se pueden concentrar en las siguientes tesis:

1. Derecho territorial: los indios son dueños de sus tierras, por tanto, sus Estados, aunque infieles, tendrían los mismos derechos que los cristianos. El descubrimiento no produce derecho a la conquista ni al dominio.

2. Derecho de tránsito y permanencia: todos los humanos tienen libertad de viajar y permanecer en el continente americano sin dañar a los naturales. Si estos impidieran ejercer el derecho de tránsito y permanencia, entonces podrían tomar la tierra sin su consentimiento.

3. Derecho a la negación del rey como poder divino: el emperador no puede valerse de una ley universal para reconocerse como dueño patrimonial del mundo y, del mismo modo, tampoco el papa puede hacer uso de su poder temporal divino para asignar territorios de infieles a otros príncipes.

4. Derecho de prédica del evangelio: los indígenas deben permitir la libre evangelización de los cristianos, pero en caso negativo, estos no se deben tomar este hecho como licencia para la agresión.

5. Derecho a la defensa interior: los príncipes indígenas no pueden forzar la vuelta a la idolatría de algún natural convertido al cristianismo.

6. Derecho de libre soberanía: los indios sometidos a príncipes tiranos puede elegir de forma cierta y voluntaria la protección de señores cristianos. Además, los colonizadores pueden usar la fuerza si es para derrocar a crueles soberanos indígenas y salvar a gente inocente de una muerte injusta, como por ejemplo los rituales del sacrificio humano.


ESTATUA DE BARTOLOMÉ DE LAS CASAS EN GUATEMALA

Bartolomé de las Casas se erigió en el principal seguidor del pensamiento de Vitoria. Muy influyente en la Corte, continuó la defensa de la dignidad del indígena. Justificó el dominio español en América sólo si se predicaba pacíficamente el evangelio. Condenó el uso de las guerras contra los indígenas americanos, aunque fueran guerras justas, pues para él, los soldados tienen la obligación de respetar a los inocentes, entre los que citaba a mujeres, niños, sacerdotes, agricultores, obreros y mercaderes.

Para Las Casas, los pueblos organizados como países independientes no constituyen algo separado de los demás, sino unido a estos por los vínculos de un común origen, de análogas necesidades y limitaciones. Para la superación de los males todos deben colaborar en una obra armónica; es en suma, una comunidad internacional lo que forma el conjunto de las sociedades políticas que deben vivir en situación de interdependencia.

Sobre la base de estos nuevos principios filosóficos, jurídicos y morales emprendidos por Vitoria y Las Casas, el emperador Carlos I convocó una Junta Consultiva de Salamanca, en la universidad de dicha ciudad en junio de 1540. El debate trataría la denominada Polémica de los naturales entre teólogos y juristas.

El informe concluyente aconsejaba que el rey, los gobernadores y los encomenderos deberían mantener un absoluto respeto a la libertad de conciencia de los indios, así como la prohibición expresada de cristianizarlos por la fuerza o en contra de su voluntad, tal como se estaba haciendo desde el inicio de la conquista.

Se determinó:

"Los indios no deben ser bautizados antes de haber sido suficientemente instruidos no solo en los artículos de la fe, sino también en las costumbres cristianas y en todo aquello que es necesario para la salvación, hasta que ellos sepan lo que reciben, y profesen en el bautismo, y empiecen a dar pruebas de que es su voluntad venir y perseverar en la Fe y Religión Cristiana."


RECOPILACIÓN DE LEYES DE LOS REYNOS DE INDIAS (1681)


Los consejos de estos juristas, junto a las indicaciones de clero indigenista, se fueron implantando con una extraordinaria agilidad legislativa en los diversos textos que fueron componiendo las Nuevas Leyes de Indias de 1542, aprobadas por el emperador Carlos I en Barcelona. Algunas de estas Nuevas leyes para el buen tratamiento y preservación de los Indios fueron un claro ejemplo del grado de innovación jurídica, adelantándose en varios siglos a la legislación moderna:

- Prohibición de injuriar o maltratar a los indios. (libro VI, título X, ley XXI)

- Obligación de pagarles salarios de “justa y razonable estimación”. (libro VI, título XII, ley II)

- Reconocimiento del derecho al descanso dominical. (libro VI, título XV, ley XX)

- Jornada laboral máxima de ocho horas en las fábricas. (libro III, título VI, ley VI)

- Normativa protectora de la salud de los indios, especialmente en lo referi
do a mujeres y niños.



EVANGELIZACIÓN DE INDÍGENAS POR DOMINICOS


Las Leyes Nuevas incluían claras disposiciones en favor de un mejor trato al indígena, que los ponían bajo la protección de la Corona, y establecería un mayor control en cuanto al comportamiento de los colonos para asegurar ese objetivo. Se inspiraban en la concepción de los reinos de indias como otros tantos más de la Monarquía española, como los de Aragón, Navarra, Sicilia, etc.

Aun así, la disposición más dura de ese cuerpo de leyes para los conquistadores fue la drástica limitación en la posesión de las encomiendas, lo cual levantó protestas en varios puntos del territorio colonizado. La rebelión más cruenta fue la que lideró Gonzalo Pizarro a los encomenderos del Virreinato del Perú. Aquel levantamiento provocó que, al poco de su promulgación, esas Leyes Nuevas fueran suspendidas, pero su sola publicación es reveladora de la preocupación que había en la Corte española por la justicia en la empresa colonizadora.

En 1546, se celebró la Junta Eclesiástica de México, convocada por el visitador Francisco Tello Sandoval, del Consejo de Indias. La Declaración expresaba claramente la posición de aquellos que estaban convencidos de que los "Reinos de Indias" no podían ni debían ser objeto de una conquista.
"La causa única y final de conceder la Sede Apostólica el Principado Supremo de las Indias a los Reyes de Castilla, no fue la mira de ensanchar sus dominios, sino la de dilatar el orbe cristiano con la conversión de los indios.
Al realizar la Santa Sede este acto no entendió despojar a los monarcas y señores naturales de las Indias de sus Estados, Señoríos, Jurisdicciones, Lugares y Dignidades; ni dar a los Reyes de Castilla ninguna facultad capaz de impedir la propagación de la fe retardando la conversión de los indios. Todos los infieles, sean cuales fueren su secta y pecados, tienen, por derecho natural, divino y de gentes, señorío sobre sus cosas adquiridas sin perjuicio de tercero, y con la misma justicia poseen sus Principados, Reinos, Estados, Dignidades, Jurisdicciones y Señoríos."

Los misioneros desplazados en América acordaron aceptar como política misionera las doctrinas de De las Casas y la Orden de los dominicos.


CATEDRAL DE MÉXICO, SEDE DE LA JUNTA ECLESIÁSTICA CONSULTIVA DE 1546


Como las leyes de 1542 fueron difíciles de en su aplicación y las denuncias continuaron, Carlos I tomó la decisión de someter a debate definitivo el debate legitimista convocando una gran asamblea de sabios. Mientras tanto, el Consejo de Indias ordenó detener el proceso de conquista en 3 de julio de 1549 hasta que se tomara una nueva resolución. 

España se había convertido en el primer Imperio que no sólo se cuestionó la licitud de sus conquistas, sino que además, había parado la empresa colonizadora. Ningún otro
Imperio en la Historia de la humanidad tuvo un precedente de estas consideraciones. Esta actitud proteccionista fue un rasgo característico de la expansión española en América, Asia y Oceanía durante la Edad Moderna, desconocida por otras potencias, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX en la Edad Contemporánea, fase histórica de gran difusión de las prácticas colonialistas europeas como consecuencia de la industrialización.

El debate de indias que organizó la Junta Consultiva de Valladolid de 1550 y 1551, denominada Controversia de Valladolid, fue el origen hispánico de la fundación definitiva de los Derechos Humanos.

Esta polémica de los naturales tuvo en esta ocasión a dos grandes protagonistas: Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda.  Las Casas afirmaba que no era justo hacer la guerra a los naturales, y que la evangelización debía realizarse de modo pacífico. Sepúlveda, en cambio, aludía a la gravedad de los pecados de los indígenas y a la rudeza de su naturaleza como razones, entre otras, que hacían legal y necesaria la guerra contra ellos. La polémica tuvo su punto culminante en el debate que ambos protagonizaron en Valladolid entre 1550 y 1551. Si bien es conocido que, por diversas razones, Las Casas no tuvo éxito en sus intentos de poner en práctica una conquista pacífica en cuantos lugares de América, y a pesar de haber incurrido en ciertas exageraciones al hacer referencia a la historia de la conquista y colonización de América, lo cierto es que fue un hombre que se adelantó a su tiempo.



REPRESENTACIÓN TEATRAL DE LA CONTROVERSIA DE VALLADOLID DE 1550


Los indios fueron sometidos a un régimen de vasallaje semejante al que se aplicaba en Europa. Es verdad que durante el proceso de conquista hubo encomenderos brutales, pero es muy meritorio la voluntad política de la Monarquía española y los logros conseguidos por sus juristas y teólogos para la mentalidad de la época. Todas las grandes potencias hacían esclavos los naturales de las tierras que iban tomando: los portugueses, los árabes; pronto los ingleses, los holandeses, los franceses.

La prohibición de la esclavitud de los indígenas americanos tuvo un enorme impacto psicológico en la concepción de los colonizadores españoles desde el reinado de Isabel la Católica, en una época donde la esclavitud seguía siendo una institución social vigente en Occidente.

El emperador Carlos I lo dejó claro en las Leyes de Indias:
"Es conformidad de lo que está dispuesto sobre la libertad de los indios, es nuestra voluntad, y mandamos, que ningún Adelantado, Governador, Capitán, Alcaide, ni otra persona de cualquier calidad, en tiempo de paz o de guerra, sea osado de cautivar indios naturales de nuestras Indias y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas o por descubrir..."

Insistía en esta idea:
"Que los descubridores guarden lo dispuesto en favor de los indios”; encomendó a los clérigos “que fueren en descubrimiento”, que vigilen “el buen tratamiento de los indios” y prohibiesen a los gobernadores “tener indios si no es como intérpretes."


CARLOS I


Su sucesor Felipe II repitió, más tarde, la misma orden:
"Que los descubridores no se embaracen en guerras ni bandos entre los indios, ni les hagan daño, ni tomen cosa alguna." 


Esto fue muy difícil de llevase a cabo con total control, de hecho las crónicas indias están llenas de sucesos sobre abusos cometidos por encomenderos e incluso por funcionarios reales de alto nivel jerárquico, pero fueron investigados por la justicia, arrestados, llevados a España, juzgados por estas leyes, encarcelados e incluso ejecutados.


En 1573, Felipe II prohibió definitivamente cualquier utilización de la fuerza militar en América y confió sus más extensas y ricas posesiones a un nuevo ejército compuesto de frailes y maestros.

Para el monarca, la evangelización de América solo podía apoyarse en la predicación y en el ejemplo, lo que requería personas capaces de exhibir una conducta orientada por valores y virtudes. Las órdenes religiosas organizaron sucesivas expediciones misioneras y humanitarias avanzando por territorios vírgenes.

Una vez que habían convenido con la población indígena las bases del asentamiento, se adentraban más tarde las fuerzas militares, seguidas poco después por los civiles. Nunca en la historia, ningún otro país del mundo ha desarrollado una política semejante. Este fue el verdadero y definitivo modelo de conquista del continente americano.


  
FELIPE II


Las Nuevas Ordenanzas fueron especialmente beneficiosas para Filipinas, donde se garantizaron los derechos de la población nativa casi desde el principio, desde 1571 cuando los dominicos obtuvieron de Felipe II garantías de protección.

Para lograr el éxito de la difusión de las relaciones sociales y económicas españolas en Indias, entendían que los pobladores y descubridores deberían ser un modelo de convivencia a imitar. Los indios solo adoptarían elementos culturales europeos de manera voluntaria, haciendo uso de su libre albedrío y determinación, después de juzgar las ventajas que la comunidad cristiana les puede ofrecer. De manera recíproca, los españoles deberían conocer las instituciones, creencias, culturas y lenguas indígenas.

En síntesis, esta forma de pensamiento, que no buscó la identificación con el punto de vista del indio, sino la defensa de los Derechos naturales y universales de todos los hombres (entre los que se encuentran españoles e indios) fue el deber ser sobre el cual muchas personas comprometidas con la justicia como valor social edificaron el nuevo orden indiano.

Guillermo Céspedes del Castillo escribió:
"Representa un hecho único en la historia que un pueblo someta a dura autocrítica su propia conducta y que aplique a sus mayores éxitos políticos y militares el más severo escrutinio moral."

Ramiro de Maeztu, escritor de Defensa de la Hispanidad, afirmó:
"El debate de Valladolid, en 1552, y las disposiciones reales que se derivan de él, constituyen la primera ocasión en que un gran poder expansivo hace el alto para resolver problemas de justicia y de conciencia que el hecho le plantea."


DEFENSA DE LA HISPANIDAD, POR RAMIRO DE MAEZTU


Las Juntas Consultivas que los monarcas españoles organizaron sobre la polémica de indis fueron un claro antecedente de las actuales resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas sobre la oportunidad y la necesidad de intervenciones militares, para salvaguardar los Derechos Humanos.

Debido a esta forma de entender el Derecho y la ciudadanía, un tercio de los diputados presentes en las Cortes reunidas en Cádiz en 1812 procedía de lugares como Honduras, Guayaquil, Buenos Aires, Venezuela, Chile o incluso Filipinas. De entre aquellos hombres que firmaron las primera Constitución de España y la América hispánica destaca el diputado representante del Virreinato del Perú Dionisio Inca Yupanqui. Este diputado había recibido una esmerada educación en la armada español y en el Colegio de Nobles de Madrid. Se declaraba "nieto legítimo por línea directa del Inca Huayna Cápac duodécimo y último Emperador del Perú", y aseguraba que su antepasado fue el "primer vasallo" del rey de España. En su discurso ante las Cortes de Cádiz criticó los abusos que existían en América, y defendió sin ambages la plena igualdad de ciudadanía, dentro de una concepción liberal. Su alegato en favor de negros, indios y mestizos le valió el fervoroso aplauso por parte del resto de diputados, Según aquella Constitución,"la nación español es la reunión de todos los españoles de ambos emisferios".


SEDE DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS EN NUEVA YORK