Aristotelismo judío de Maimónides

Filósofo, médico, matemático y físico hispanojudío, está considerado como la expresión más alta del Judaísmo medieval.

MOISÉS BEN MAIMÓNIDES

Moisés ben Maimónides, conocido también como Rabí Mosheh ben Maimon, nació en 1135, en Córdoba, la capital de la España árabe. Su familia era de confesión judía, pero bien asentada porque su padre ejercía como de un juez rabínico de la judería.

En la escuela sinagogal recibió su primera educación, realizando estudios bíblicos y talmúdicos, así como en matemáticas y medicina, en una escuela de lengua árabe. Tuvo una amplia formación tanto en la tradicional cultura judía como en la árabe profana, enriquecida con aportaciones de la griega.

En 1148, cuando Maimónides tenía 13 años de edad, una invasión de almohades conquistó Córdoba e impuso la más ortodoxa ley islámica tanto a islámicos como judíos. Al no querer convertirse al Islamismo, la familia de Maimónides sufrió persecución y cambiar a menudo de residencia por al-Ándalus. Vivió en la ciudad de Almería durante cinco años, donde dio cobijo en su casa a su maestro Averroes.

Tras una década de peregrinaje, la intransigencia almohade le obligó a exiliarse definitivamente fuera de la España islámica. Primero se asentaron en Fez en 1558, donde permanecieron siete años, después dos más en Palestina, Alejandría, y finalmente fijaron su residencia en El Cairo en 1165. En esta metrópoli, Maimónides trabajó de médico en la Corte de los visires Saladino y de al-Fádil, sultanes de Egipto y Siria, asentando durante el resto de su vida con su familia. Además fue, desde 1177, guía espiritual de la comunidad judía de Egipto, gracias a la gran fama y admiración popular. Murió en esta ciudad en 1204 y su tumba fue trasladada a Tiberiades, en el actual estado de Israel. A pesar, de vivir gran parte de su vida fuera Al-Ándalus, siempre se consideró un sefardita, un hispanojudío.

 
ESTATUA DE MAIMÓNIDES EN CÓRDOBA


Fue el promotor del Movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV, que se extendió por España y el sur de Francia. Debido a su contribución a la evolución del Judaísmo, está considerado como la principal figura posbíblica del Judaismo después de Moisés, por lo que se ganó el pseudónimo de “segundo Moisés”. Y esta fama la consiguió a pesar del rechazo de los judíos tradicionalistas, que renegaron de su tendencia racionalista, de su fuerte oposición al Misticismo de los cabalistas y de su influencia del Aristotelismo. Por eso, los judíos más conservadores llegaron a acusarle de hereje ante la Inquisición al objeto de condenar sus obras. Otro hecho imputable fue haber convencido a los caraístas de abandonar sus prácticas originarias por las del Judaísmo rabínico.

También sufrió persecuciones por parte de un sector de musulmanes egipcios, los mutallajim, que no permitían un reinterpretaciones del Corán y lo acusaban de ser un apóstata del Islamismo y un racionalista. La protección personal del visir al-Fádil, le salvó de la pena de muerte.

Su pensamiento filosófico era partidario del Realismo teológico y estaba basado en las enseñanzas del clásico Aristóteles, por lo que no se le ha considerado muy original, apartándose de él en puntos contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Pero consiguió una gran repercusión e influencia en teólogos cristianos, especialmente en escolásticos, como santo Tomás de Aquino, y precursor de las ideas de Spinoza.

Escribió obras tanto en hebreo como en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.

 
GUÍA DE PERPLEJOS
 
 
De su extensa obra escrita en hebreo y árabe destaca la Guía de los perplejos (Dalatat al-Hairin), publicada en 1190, donde condesó todo su pensamiento filosófico. En ella intentó armonizar fe y razón, asentando la teología judaica sobre los principios de la razón según la filosofía aristotélica, como previamente lo había hecho Averroes con el Islamismo y posteriormente lo haría santo Tomás de Aquino con el Cristianismo.

Esta armonización entre el sentido literal de las santas escrituras y las verdades racionales trataba de demostrar que las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica no eran antagónicas. Para conseguir esta conciliación, utilizó un método alegórico, aplicable a la interpretación bíblica, que minimizaba el antropomorfismo.

La base de su doctrina es el Antiguo Testamento, pero se documentó del Aristotelismo, del Neoplatonismo (Hipócrates, Galeno) y de la cultura árabe (Rhazes de Persia, al Farabi, y el médico hispano-árabe Ibn Zhur).

El pensamiento cosmogónico de Maimónides hacía distinción entre tres grupos de seres creados compuestos de materia y forma perecederas: los minerales, las plantas y los seres vivos, está última incluye al ser humano. Solo las esferas y las estrellas son materia con forma permanente. Los ángeles son seres con forma pero inmateriales.

Dios forma una unidad inmaterial, de cuya existencia originó la creación, abarcando a todos los seres. Esta esencia divina no tiene otro fin que a sí mismo y, por lo tanto, su duración es ilimitada. Maimónides trató de argumentarlo mediante argumentos aristotélicos.

El alma humana es una en esencia divina, inmortal y separada del cuerpo, que posee cinco facultades: la fuerza vital, los sentidos, la imaginación, el apetito (pasiones y voluntad) y la razón (libertad y entendimiento). El hombre está dotado de razonamiento, facultad que le diferencia del resto de seres vivos (plantas y animales), pero las otras cuatro cualidades también le son comunes.

 
GUÍA DE PERPLEJOS
 
 
La capacidad de raciocinio permite al hombre ser libre y tomar decisiones en libertad, hacerse el bien y el mal, por eso es plenamente responsable de sus actos, por los que tiene que ser juzgado. La Ley es la instancia suprema para ordenar la conducta humana. En este aspecto se mantuvo fiel a la tradición judía. Saliendo al paso de los teóricos que realzaban sobre todo la dimensión sombría de la existencia humana, señaló que si el hombre se queja tanto, es por pura egolatría.

El peor pecado u más extendido era la concupiscencia. Lo que los hombres consideran a menudo como bienes (poder, riqueza) se revelan finalmente como males, pues conducen a la deformación del alma y el cuerpo. De ahí que el hombre deba aprender a renunciar a lo superfluo y a conformase con lo necesario: “Pues cuando se busca lo que no es necesario, difícilmente se encuentra lo necesario”, escribe en Guía de los perplejos.

El camino para encontrar la paz y el sosiego interior es el de reconocer que los bienes de este mundo, incluidos los mejores, son fugaces y carecen de valor intrínseco. Maimónides enjuiciaba la vida no sólo como filósofo, sino también como médico, lo que explica el gran número de consejos prácticos que su obra contiene. En aspectos esenciales, su crítica al Hedonismo y al Materialismo es perfectamente aplicable a la actual sociedad del consumo.

Para conseguir esa paz interior, el hombre utiliza la facultad del entendimiento, que puede ser pasivo (entendimiento material que sufre la acción de la vida orgánica, es inseparable del cuerpo e individual) o activo (adquirido o comunicado, separado del cuerpo).

La meta más alta de la vida humana es el conocimiento de Dios. Así, el entendimiento es la verdadera razón de ser del hombre, el cual debe destinar todos sus actos a obtener la perfección suprema de esta facultad mediante el conocimiento de Dios.

Pero el conocimiento de Dios por parte del ser humano es limitado, no pudiendo alcanzar por sí mismo el Estado profético. Este consiste en una iluminación de Dios que se extiende por medio del intelecto a la facultad racional y después sobre la facultad imaginativa.

MISHNEH TORAH

Su gran obra en el campo de la legislación judía (jurisprudencia talmúdica) es el Mishneh Torah, desarrollada en 14 libros y escrita en hebreo entre los años 1170 y 1180 bajo diversos títulos: El Luminar, Libro de la elucidación, Segunda ley, y Repetición de la ley. Es una amplia y detallada recopilación por materias de todas las leyes y normas, tanto religiosas como jurídicas, de la cultura judía, es decir del Talmud. Esta obra alcanzó bastante repercusión y le numerosos discípulos.

Además escribió sobre medicina, astronomía, lógica y matemáticas. Su fama como médico igualaba a la de filósofo y autoridad en la ley judía, dejando un importante legado en la tradición popular. Dedicó casi toda su vida al conocimiento de la medicina: "Si Doctores más sabios que yo quieren ayudarme a entender, concédeme Señor el deseo de aprender de ellos, pues el conocimiento para curar no tiene límites." 

Entre las grandes obras médicas de Maimónides destaca un grupo de libros destinados a comentar, divulgar y polemizar, a veces, las obras de sus antecesores, Algunas de estas obras fueron escritas por directa petición del sultán Saladino o miembros de su familia. Entre ellos están: Extractos de Galeno, Comentarios sobre los aforismos de HipócratesAforismos médicos de Moisés, Explicación de las alteraciones, etc.

Escribió un Tratado de los venenos y sus antídotos, de 1199, sobre los síntomas de envenenamiento causado por diferentes productos tóxicos y los tratamientos contra las mordeduras de serpiente. Fue uno de los códices de toxicología más utilizados durante toda la Edad Media.

En su extenso Tratado sobre las relaciones sexuales describió drogas útiles como afrodisíacos, aconsejó moderación en la actividad sexual y analizó la fisiología de los sexos, entre muchos temas.

En El Régimen de la salud, de 1198, prevenía de las enfermedades mediante consejos como el equilibro en la alimentación, vida sana, higiene corporal, y costumbres saludables. Además, escribió tratados sobre las hemorroides y el asma.
También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos escrito en 1191. También formuló los Trece artículos de fe.


MOISÉS BEN MAIMÓNIDES
 

Idea de príncipe político cristiano de Diego Saavedra Fajardo


Saavedra Fajardo es el gran teórico político del siglo XVII. Diplomático, embajador y gran escritor de tratados sobre pensamiento político del Barroco.


DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO


Diego de Saavedra Fajardo nación en Algezares, Murcia, en 1584. Murió en 1648, el mismo año en que se firmaba el Tratado de Westfalia por el cual la Monarquía de España renunciaba oficialmente a la posesión de varios territorios de Europa.

Concluidos sus estudios primarios en el Seminario de Murcia, desde 1600 hasta 1608, estudió Derecho, Teología e Historia en la Universidad de Salamanca.

Al cumplir los veintidós años, entró al servicio del cardenal Gaspar de Borja, embajador de España en el Vaticano. Desde 1608 hasta 1633, la mayor parte de su vida, la pasó en Italia. Hasta 1523 estuvo ocupado en los negocios de la embajada de Roma, y temporalmente en los de los virreinatos de Nápoles y Sicilia. Ingreso en la Orden de Santiago en 1068.

Aunque no fue ordenado sacerdote, desempeñó importantes cargos eclesiásticos. En 1621 y 1623 asistió a los cónclaves en que fueron elegidos papas Gregorio XV y Urbano VIII, y a finales de 1623 fue nombrado procurador y solicitador real en la Curia romana.

En 1633 se trasladó a Milán para recoger sus credenciales de enviado a la Corte alemana. Desde este año hasta 1645 estuvo destinado en puestos administrativos de estados de la Europa central, siempre por motivos políticos y diplomáticos.

Saavedra Fajardo vivió en primera persona uno de los periodos más amargos de la historia de España, el de la pérdida no solo de posesiones territoriales, sino de la hegemonía del Imperio Español en Europa. Testimonio de esos años son algunos opúsculos satírico-políticos como Locuras de Europa.

En junio de 1643 fue uno de los plenipotenciarios que negociaron en Münster el fin de la Guerra de los Treinta Años.

Regresó a España en 1646 como consejero de Indias. Fijó su residencia en Madrid, donde murió en 1648, en el conveto de Agustinos Recoletos, en el actual Paseo de Recoletos, donde en la actualidad se ubica la Biblioteca Nacional.


DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO


El conocimiento directo y en primera persona de las complejidades de la negociación política en el Tratado de Westfalia, unido a una reflexión moral sobre los valores de la Contarreforma, más la influencia otras lecturas, dieron como resultado la escritura de un tratado político cuyo primer propósito fue la orientación e instrucción del buen gobernante.
 
Aunque empezó a escribir siendo joven en Italia, su obra Idea de un príncipe politico cristiano, representada en cien empresas apareció en Munich en 1640, pocos años antes de su muerte. Fue una obra muy erudita y prontamente traducida a los principales idiomas nacionales de Europa y al latín. Fue radactada en el género literario del emblema, por influencia de Andrea Alciato y sus Emblemata (1549) de carácter principalmente moral y filosófico, y de Jacobo Bruck Angermunt y su Emblemata política (1618).

Este tratado politico result una dura crítica a la moral instrumental que Nicolás Maquiavelo había expuesto en su obra El Príncipe, como paradigma de habilidad y sabiduría en las artes políticas. Saavedra Fajardo se convirtió en el anti-Maquiavelo de la Europa del siglo XVII, lo que suponía ser uno de los tratadistas políticos más influyentes de la Edad Moderna.

Pero el objetivo del tratadista murciano fue componer una guía para la adecuada formación política de un príncipe Cristiano. Para el autor, la conducta de los gobernantes no puede ser reducida a asuntos de poder, sino que está ampliamente relacionada con la ética. Y el primer imperativo categórico de la ética es la subordinación de los intereses del monarca a los de la comunidad. En su Idea de un príncipe XX lo expresó así: "No nacieron los súbditos para el Rey, sino el Rey para los súbditos."

Fue la voz de la democracia contra la monarquía absoluta, en su Idea de un príncipe XXXVIII: "Qué mayor infelicidad que mandar a los que por temor obedecen, y dominar a los cuerpos, y no a los ánimos?" "Muchos príncipes se perdieron por ser temidos, ninguno por ser amado."

Era conocedor a fondo de la naturaleza humana y advirtió de manera persistente al príncipe de los peligros de sus aduladores: "Apenas hubiera Príncipe malo, si no hubiera Ministros lisonjeros."

En la Idea de un príncipe LI: "El Príncipe que se fiare de pocos gobernará mejor su Estado. Solamente una confianza hay segura, que es no estar a arbitrio y voluntad de otro."

Escribió pensando en los Austrias de su tiempo, en su Idea de un príncipe LX: "Los imperios adquiridos con la espada se pierden, porque con las delicias se apaga el espíritu y el valor."

Saavedra Fajardo, el fin del hombre y de los Estados es la paz, no la guerra: "Es la guerra una violencia opuesta a la Razón, a la Naturaleza y al fin del hombre… No le crió para la guerra, sino para la paz; no para el furor, sino para la mansedumbre; no para la injuria, sino para la beneficencia. Y así nació desnudo, sin armas con que herir ni piel dura con que defenderse."


IDEA DE UN PRÍCIPE POLÍTICO CRISTIANO


Un digno complemento de la Idea de un príncipe es su República literaria, redactada en 1612, pero publicada con posterioridad a su muerte, en 1655. Se trata de una peregrinación imaginaria por los inmensos espacios de la cultura universal, que Saavedra conocía a fondo; una sátira en forma de sueño sobre una país imaginado donde sus ciudadanos son eruditos, científicos, juristas, escritores, y artistas de todo tipo.

Producto de la fantasía, la obra ofrece un cuadro crítico e irónico de los sistemas de ideas surgidos a lo largo de la historia. Todos los filósofos de renombre fueron citados, y a casi todos dedicó comentarios sarcásticos. El objetivo de sus ataques fueron la vanidad y la pedantería de los hombres de letras, su ansia de fama, que "es vana y caduca, pendiente de los labios ajenos y formada de palabras ligeras, hijas del viento, de quien nacen y en quien luego mueren, dejando triunfante al Olvido". Aproceha esta sátira también para hacer crítica literaria, aunque no hizo alusiones a los grandes escritores del Siglo de Oro español, contemporaneous suyos.

Para Saavedra Fajardo, la mayor parte de los libros escritos por los filósofos e historiadores no merecen haber sido publicados, especialmente los de carácter político, compuestos casi siempre de mentiras. También hizo crítica y mofa de los juristas y los galenos, porque los primeros eran capaces de defender las causas más inverosímiles por dinero, y los segundos "son más peligrosos que las mismas enfermedades".

Sobre las universidades opinaba: "El tiempo, no el saber, daba los grados de Bachilleres, Licenciados y Doctores". Y en alusión a la duda metódica de Descartes: "Mayor era la presunción que la ciencia; más lo que se dudaba que lo que se aprendía."


PLACA-HOMENAJE EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID

 
Describió una imagen real de la ciudad moderna: "Los ciudadanos estaban melancólicos, macilentos y desaliñados. Entre ellos había poca unión y mucha emulación y envidia", escribió anticipando al hombre urbano de la actualidad.

Su resultado final sobre los hombres y la vida creada por ellos fue desdichado. Siguiendo a Platón, llegó a la conclusión de que la felicidad "en otro lugar y en otro ser la hemos de buscar". Continuando con su tono moralizante describió al ser humano: "Con la buena educación es el hombre una criatura celestial y divina, y sin ella el más feroz de todos los animals."

La República literaria fue uno de los libros más agudos, bellos y mejor escritos del pensamiento español, y por contenido satírico, de tanta o más enjundia que la producción de un Jonathan Swift o de un Voltaire.

A favor del modelo político de Fernando el Católico, al que dedicó un tratado, se opuso al ideal imperial de los Austrias. En política interior proponía una reorganización de la economía y el fomento, con este objeto, de una cultura agraria, comercial y fabril. También se pronunció por la redistribución del número de eclesiásticos y por la importación de mano de obra extranjera como remedio a la creciente disminución de la población española.


DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO
 

 
El hispanista alemán Ludwing Pfandl elogió a Saavedra Fajardo en su obra Geschichte des spanische Nationalisteratur in ihrer Blütezeit (Historia de la literatura española en su época de esplendor) por su "saber universal, su fundamental honestidad y su vibrante idealism" y calificó de "verdadero hidalgo español" caracterizado por su "nobleza de caracter". Otro hispanista austríaco fue Graz Christian Romanoski en su estudio Tacitus Emblematicus. Diego Saavedra fajardo und seine Empresas Políticas.

El estilo de Saavedra Fajardo es barroco, sentencioso y a menudo moralizante, en ocasiones desarrolló una erudición árida y concreta.

Su obra historiográfica más importante fue Corona gótica, castellana y austriaca, publicada también en Munich en 1645. En ella predendió hacer una reunion de todos los reyes de España desde los godos, los castellanos hasta los de la dinastía de Habsburgo, pero siempre con un criterio moralizante y político. Aunque solo redactó la primera parte Corona gótica, fue terminada por el historiador Alonso Nunez de Castro.
 
Además escribió Introducción a la política y razón de estado del Rey Católico don Fernando, que fue inédita. En ella propuso al rey aragonés como modelo de monarca sagaz en política, de igual manera que ya lo hicieron Nicolás Maquiavelo o Baltasar Gracián en su tratado El politico.

El folleto Locuras de Europa es un diálogo de intención política destinado a divulgarse en la region alemana de Westfalia.
 
 
CORONA GHÓTICA, CASTELLANA Y AUSTRIACA
 


Psicología diferencial y Caracterología, por Juan Huarte de San Juan

 
Fue un innovador de la Caracterología, considerado como el primer iniciador de la orientación fisiológica y experimental de la Psicología moderna. Junto con Luis Vives, fue pues precursor de la Psicología diferencial, escribiendo además sobre orientación profesional y eugenesia, con interesantes aportaciones a la neurología, pedagogía, antropología, patología y sociología. Fue uno de los primeros filósofos modernos en ocuparse a fondo de la estructura antropológica, fisiológica, anatómica y psicológica del hombre sobre bases científicas. Su gran obra fue Examen de ingenios para las ciencias.


JUAN HUARTE DE SAN JUAN

 
Juan Huarte de San Juan nació en 1529 en San Juan de Pie del Puerto, villa que aún pertenecía al Reino de Navarra. Provenía de una familia hidalga vascongada. Estudió humanidades en Huesca, y medicina en la universidad de Alcalá de Henares.

Probablemente fue regidor de Huesca, vivió también en Granada y en Baeza. En esta ciudad andaluza comenzó sus estudios de medicina y letras, que continuó en Alcalá de Henares desde 1553 a 1559, año en que recibió el título de doctor en medicina. Se casó con Águeda de Villalba, tuvieron cuatro hijas y tres hijos. Está enterrado en la iglesia de Santa María, de Linares. Fue médico en Linares y Baeza, donde murió.

Estuvo influenciado por la filosofía griega (especialmente por Platón, Aristóteles, Hipócrates y Galeno), por los clásicos romanos y por Santo Tomás. Intentó conciliar el método experimental de conocimiento con sus convicciones religiosas y su concepción espiritual de la vida. Para establecer las bases de su tesis, recurrió tanto a la Historia Sagrada como a lo que él llamaba Filosofía Natural, pero la verdad última corresponde a la fe religiosa: “Sólo nuestra fe divina nos hace ciertos y firmes para siempre jamás”, señalando en este contexto que “La Filosofía y la Medicina son las ciencias más inciertas de cuántas usan los hombres”.

Juan Huarte estuvo a favor del conocimiento objetivo de la realidad, frente a tanta corriente subjetiva de la Europa de su tiempo: “la Verdad no está en la boca del que la afirma, sino en las cosas de que se trata”. Concedió una importancia primordial a las leyes de la Naturaleza, fuente irrenunciable de Verdad, y quien la observa con atención “aprenderá mucho en la contemplación de las cosas naturales”.

Siguiendo a Pitágoras y a Platón, partió del supuesto de que el alma es inmortal, mientras que el cuerpo no debe ser entendido como un mecanismo dotado de una casualidad irreversible y superior al espíritu. Por eso, concluyó que el hombre es un animal racional capaz de dominar sus pasiones y reflejos irracionales.

Huarte había leído a Erasmo, su filósofo preferido fue Durando, aunque sentía preferencia por las enseñanzas de San Pablo: siendo también iluminado y empírico. Defendió que la inteligencia depende del temperamento, tesis que llamó Organicidad del entendimiento. Creyó en la espiritualidad del alma humana, y admitió cierto grado de inteligencia animal. Rozó el dogma católico al hablar del temperamento de Jesucristo. Rechazó el argumento de autoridad, y sostuvo que no hay que buscar causas sobrenaturales, cuando se pueden encontrar naturales. Su propósito fue examinar las disposiciones y temperamentos de los individuos, aconsejando que cada cual se dedique a lo que está más capacitado.


EXAMEN DE INGENIOS PARA LAS CIENCIAS


Debe su fama a Examen de ingenios para las ciencias (Baeza, 1575), obra destinada a convertirse en uno de los tratados científicos más importantes y leídos de su tiempo. El propósito central de esta obra era el de averiguar y especificar la vocación y aptitud que cada hombre posee para desempeñar una determinada profesión: "Y hallé por mi cuenta que cada ciencia pedía su ingenio determinado y particular". Para Juan Huarte, todo individuo que se dedique a una actividad en desacuerdo con su disposición natural no podrá ser nunca feliz y se dañará tanto a sí mismo como a la comunidad.

El objetivo final de sus enseñanzas, y el de la Ciencia general: "es ordenar la vida del hombre y enseñarle qué es lo que ha de hacer y de qué se ha de guardar, para que, puesto en razón, se conserve en paz la República". Para ello, escribió sobre higiene, alimentación, sexualidad, estructura del cerebro, cambios producidos en el hombre por la edad y otros asuntos relacionados con el organismo físico y psíquico.

Junto con Luis Vives, fue pues precursor de la Psicología diferencial, escribiendo además sobre orientación profesional y eugenesia, con interesantes aportaciones a la neurología, pedagogía, antropología, patología y sociología. Fue uno de los primeros filósofos modernos en ocuparse a fondo de la estructura antropológica, fisiológica, anatómica y psicológica del hombre sobre bases científicas. Y, al igual que Luis Vives, su obra está destinada a la pedagogía. Para Juan Huarte: "Tienen los hombres dos géneros de nacimiento. El uno es natural, en el cual todos son iguales, y el otro es spiritual", una máxima contendida en todo el ideario de la educación en la época de la Ilustración. Pero limitaba el culto a la Razón: “El entendimiento es la potencia más noble del hombre y de mayor dignidad, pero ninguna hay que con tanta facilidad se engañe acerca de la Verdad".

Su concepto del hombre respecto a la sociedad es democrático y anti-jerárquico, rechazando el concepto de hidalguía, tan característico de los vascos y navarros de su época: "Porque hay infinitos hijos dalgo pobres, e infinitos ricos que no son hidalgos". Para Juan Huarte, el mérito de un hombre debe medirse únicamente por lo que hace en su vida: "Y así todo el tiempo que el hombre no hace ningún hecho heroico se llama hijo de nada, aunque por sus antepasados tenga nombre de hijo dalgo". Y el mismo criterio crítico aplica a la institución monárquica: "Porque no basta que el Rey o Emperador explique su voluntad, porque si no es justo y con razón, no se puede llamar Rey".


JUAN HUARTE DE SAN JUAN

 
Distinguió entre ciencias del entendimiento (teología, escolástica, dialéctica, filosofía natural, filosofía moral, teoría de la medicina y práctica de la jurisprudencia), de la memoria (lenguas, teoría de la jurisprudencia, teología positiva, cosmografía y aritmética), y de la imaginación (poesía, elocuencia, música, práctica de la medicina, astronomía, arte militar, matemáticas, arte de gobernar, pintura, urbanidad, arte de rezar, técnicas y arte de decir buenas palabras). Localizó las actividades mentales en el cerebro.

Concedía una gran importancia al clima, que ejercía una enorme influencia sobre el carácter y conducta del hombre, pero eso creía en la teoría de los cuatro humores: lo seco, lo húmedo, lo caliente y lo frío; relacionando la memoria con la humedad, el entendimiento con la sequedad, y la imaginación con el calor. Afirmaba que "Del calor y la frialdad nacen todas las costumbres del hombre", para concluir que "estas dos cualidades alteran nuestra naturaleza más que ninguna". Una equilibrada combinación de elementos y humores produce para Huarte de San Juan un hombre equilibrado y perfecto, atribuyendo la grandeza de la Grecia clásica a su clima templado.

Un siglo más tarde, el ilustrado francés Montesquieu repitió esta tesis en su obra De l´esprit des lois: "Comment les hommes sont différents dans les diverses climats", con diferentes letras, pero el mismo mensaje del español, aunque no lo cite la Enciclopedia Larousse.

El Examen de ingenios de Huarte de San Juan fue dedicado al rey Felipe II e influyó en Cervantes, hasta el punto de que de él tomó el adjetivo ingenioso. Probablemente influyó también en el dramaturgo isabelino inglés Ben Jonson. Sus intuiciones influyeron posteriormente a filósofos como Bacón, Descartes y Montesquieu. Sus estudios sobre el cerebro humano hicieron que psicólogos como Lavater, Cabanis y Gall le considerasen precursor de la Frenología. Fue el innovador inconsciente de no pocos sistemas materialistas y del Empirismo sensualista. Su filósofo preferido fue Durando, y es Patrón de las Facultades de Psicología de las universidades españolas.

Existen más de cuarenta ediciones y traducciones de su obra, en los principales idiomas de la Europa de la Modernidad. Se han publicado 26 ediciones españolas hasta 1930; se tradujo al francés en 1580, al italiano en 1582, al inglés en 1594, y se han publicado ediciones en flamenco, latín y alemán. En Alemania, por ejemplo, fue traducido por Lessing. Fue incluido en el Índice de libros prohibidos, a causa de sus teorías sobre la concepción; prohibida en Portugal en 1581, y en España en 1583; pero circularon ediciones clandestinas venidas de Leyden (1591), Amberes (1593 y 1607), y Amsterdam (1652). Se permitió sin embargo que circulase por España e Hispanoamérica una edición expurgada, redactada por Huarte de San Juan, y publicada por su hijo en Baeza (1594).


MONUMENTO A JUAN HUARTE EN PAMPLONA


Este monumento a Juan de Huarte fue inaugurado el 15 de octubre de 1933, en cuya ocasión ofreció una conferencia en el Ateneo Navarro de Pamplona Gregorio Marañón con el título Notas sobre Huarte, atribuyendo al doctor homenajeado las cualidades de "bondad, modestia, serenidad, reflexión y sabiduría", cualidades que el escultor Fructuoso Orduña quiso plasmar en este conjunto escultórico. En la actualidad es Patrón de las Facultades de Psicología de la Universidades españolas.