Peregrinos del Camino de Santiago


1. PRIMEROS PEREGRINOS

Fueron los primeros turistas de España, los peregrinos de toda la cristiandad que guiados por la Vía Láctea hacia Occidente atravesaron los Pirineos. Caminantes la mayoría de las veces, gentes rudas y hermosas, de encendida fe: artesanos, menestrales, campesinos, mendigos, juglares, y gentes de toda clase social. Algunos viajeros del norte de Europa llegaban por barco a Galicia, que conocían con el nombre de Jakobsland, desembarcando en sus rías.

Los peregrinos sufrieron los peligros del viaje: las expediciones normandas, las razzias musulmanas, los asaltadores de caminos, o las inclemencias naturales como la nieve, el granizo, las inundaciones, el calor abrasador, las aguas no potables, o la escasa e insalubre comida ponían difíciles las condiciones. Hay que añadir los ataques de animales: de perros que surgían para defender las huertas, de osos en el Pirineo o en los montes astur-leoneses, o de lobos en los Montes de Oca y en la subida al Cebreiro.

Pero sus propósitos eran de los más variopinto: ganar indulgencias, redimir culpas, cumplir votos y penitencias, comerciar o simplemente por aventura.

Los peregrinos recibían una certificado del señor feudal para recibir la caridad de los albergues y hospitales. Se distinguían por su atuendo: un sombrero de alas redondas para protegerse del sol y de la lluvia; una esclavina o capa abrigadora de lana y color pardo; un zurrón o bolsa de piel, generalmente de ciervo, y adornada con una concha; y el bordón, que era una fuerte garrota para apoyarse, para colgar la calabaza llena de agua o vino, e incluso para defenderse de animales y ladrones con la punta afilada de hierro.


PEREGRINOS DEL SIGLO XXI
  

2. PEREGRINOS ILUSTRES

Por el Camino de Santiago han pasado gentes ilustres que han ocupado un nombre en la Historia de Europa, incluidos reyes, obispos y nobles que hacían las jornadas a caballo.

Algunos miembros de casas reales fueron: Matilde, hija del rey de Inglaterra Enrique I en 1125; Guillermo X, duque de Aquitania, en 1137; Alfonso VII, rey de Castilla en 1138; el rey Luis VII de Francia, casado con una hija de Alfonso VII, en 1154; Santa Isabel de Portugal, en 1325; Eduardo I de Inglaterra, Juan de Brienne, rey de Jerusalén; la princesa sueca Ingrid; etc.

El primer peregrino ilustre del que hay constancia fue Godescalco, obispo de Le Puy-Velay. En el año 950, recorrió el camino desde Aquitania con su corte y sus caballeros, pues en aquella época ser obispo más que un servicio eclesiástico era un título nobiliario. Inició un camino en dos direcciones por donde viajaba el arte, la cultura, la cristiandad, las tradiciones, los conocimientos, las mercancías y la leyenda.



Nueve años más tarde lo hizo el abad de Santa Cecilia de Montserrat, Cesáreo. También Hugo de Vermandois, arzobispo de Reims, que no pudo tomar posesión de su sede. En el mismo siglo, el marqués de Gothia, Raimundo II, muere asesinado en el trayecto. Como explica Yves Bottineau: “la boga del peregrinaje se vio atenuada por los peligros que entrañaban los caminos”.

Simeón de Armenia, un santo ermitaño, fue el primer peregrino oriental del que se tiene noticia, en la décima centuria. Desde Escandinavia también acuden reyes, nobles y altos eclesiásticos, como por ejemplo el rey Sigurd en 1108, llamado desde entonces el peregrino a Jerusalén, o el conde Rognvald el Santo en 1151. En 1180 llegó una familiar del obispo sueco Eskil, y al año siguiente un clérigo danés, Absalón. Desde las islas británicas, el primer peregrino conocido en llegar fue el mercader Gondric de Finchale, en 1102. Desde Dantzig llegó un grupo en 1378.

Según el Romancero castellano, Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid Campeador, uno de los grandes héroes de la Reconquista, fue uno de los ilustres peregrinos que llegaron a Compostela a postrarse ante el apóstol Santiago. Aunque la información aportada sobre este hecho está confirmada por leyendas jacobeas surgidas tras su muerte.


En el año 1100, el obispo Gelmírez escribe la Historia Compostelana. Esta contiene un significativo paisaje de un embajador del emir Aliben, yusuf de Córdoba: “¿Quién es ese personaje tan grande e ilustre para que los cristianos se dirijan a él desde detrás de los Pirineos, y más lejos? Es tas grande la multitud de los van y vienen que apenas dejan libre la calzada hacia Occidente”.


Guillermo IX de Aquitania cayó muerto ante el altar del Apóstol, después de haber recibido la comunión en 1137.

Fue también en el siglo XIII cuando se consagró la monumental catedral compostelana. A la ceremonia, que tuvo lugar en abril de 1211, asistió el rey Alfonso IX bajo cuya soberanía estaba el territorio gallego.

En 1172, a su vuelta de Santiago, el duque Felipe de Flandes jugó su papel en la reconciliación entre Enrique II de Inglaterra y Luis VII de Francia.


Años más tarde, en 1293 Dante escribió en su Libro de la Vita Nuova: “no se entiende por peregrino sino al que va hacia Santiago o vuelve de ahí”.

Un documento de 1312 detalla cómo el francés Yves Lebreton cumplió los requisitos de la peregrinación por delegación a nombre de la condesa de Artois.


Una reina peregrina, santa Isabel de Portugal, la mujer del rey trovador Dionís, sería una de las iniciantes del camino secundario, el llamado portugués, en 1325.


El santo Francisco de Asís fue ejemplo entre las turbulentas masas, dejándolo escrito en su crónica: “Per la sua devozione andó a San Giacome di Galizia”.

En 1510 peregrinó Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán por sus victorias contra los franceses en Italia. Del metal de una armadura que donó se hizo la lámpara que alumbra la imagen del Apóstol a la que es costumbre abrazar.

Felipe II de España, poderoso monarca que llegó a gobernar, en la segunda mitad del siglo XVI, un extenso Imperio que daba la vuelta al mundo, recorrió la Ruta Jacobea.
 




3. CLASES DE PEREGRINACIÓN

El hombre del medievo, eminentemente religioso, consideraba la vida como una búsqueda de Dios, que a veces se convertía en la razón de su existencia. Las reliquias le ponían en contacto casi material con la divinidad, con su salvación. Esta era la idea fundamental del hecho de que existan las peregrinaciones, pero no los únicos motivos ya que fueron otros cuantos:

Peregrinación voluntaria, acordada por devoción, por satisfacción de culpas, incluso por negocios o por curiosidad.

Peregrinación forzada, tiene un carácter penitencial expiacionista de honda raíz religiosa, y posteriormente fue incorporada también al catálogo de penas impuestas por la autoridad civil.

Peregrinación por manda testamentaria, acordada por el testador y a ejecutar por los herederos.

Peregrinación en nombre del pueblo o de la comunidad, como voto acordado en casos de peste, catástrofe, etc. Peregrinación por delegación, o encargo de terceros

Peregrinación caballeresca


SEÑALES IDENTIFICATIVAS DEL CAMINO


4. HÁBITOS DEL PEREGRINO

La estampa clásica del peregrino aparece en muchas representaciones escultóricas y pictóricas a los largo del Camino de Santiago, en obras literarias u en cantos de peregrinos. Los peregrinos utilizaron elementos que pronto se convirtieron en sus símbolos distintivos:

Sombrero de ala ancha para protegerse del sol y de la lluvia

Túnica o tabardo con esclavina para resguardarse de la nieve y el frío.

Ambas prendas eran entregadas al peregrino en la ceremonia de su despedida en la iglesia de su procedencia, en la cual se le invocaba la protección divina y se le recordaba que la peregrinación era un símbolo del viaje de la salvación eterna.

Bordón o bastón robusto que les servía de apoyo en los pasos difíciles y en momentos de cansancio, y de protección contra perros y fieras.

Calabaza o cantimplora colgada del bordón o de la cintura, que proporcionaba agua o vino.

Zurrón o alforja que era una despensa alimenticia o refugio bancario de ducados y maravedíes.

Vieira o concha venera precedente la las playas de Galicia, se colocaba en el sombreo o túnica al llegar a Compostela, porque acreditaba la visita y el éxito de la Aventura.























5. ASISTENCIA AL PEREGRINO

Toda una red de asistencia al peregrino cubrió los caminos hacia Compostela. La asistencia religiosa se prestaba en las iglesias, ermitas, monasterios, catedrales.

La asistencia jurídica había creado leyes protectoras contra ladrones, posadero y señores feudales.

La asistencia hospitalaria había organizado hospederías y cementerios para atender todas las necesidades. A veces realizaban en el peregrino delicadezas propias de nuestro tiempo: les afeitaban a navaja, les cortaban el pelo e incluso para asearse y bañarse; se encendía fuego en invierno, etc. Las comidas eran abundantes y gratuitas. Si caían enfermos, se les atendía hasta curarlos; y si morían, se les enterraba en los cementerios con la asistencia obligatoria de cofrades o cabildos.

La asistencia técnica mejoró los caminos, tendió puentes, cuidó los pasos montañosos, a veces con obras ingeniosas: En Arbas, Puerto de Pajares, se abría paso la nieve “por debajo, dejando bóvedas formadas y abriendo el camino de dos y tres varas de hondo, sin que por eso se llegase a la tierra”. En Navarra destaca el puente románico construido sobre el río Arga, en el siglo XI probablemente por orden de doña Mayor, esposa del rey Sancho III el Mayor, o doña Estefanía, esposa del rey García de Nájera.

La asistencia militar se aseguró por las Órdenes de Santiago y del Temple, que se dedicaron a proteger los caminos de los asaltos de los bandidos y de los saqueos de los sarracenos.



La asistencia cartográfica empezó con la publicación del Códice Calixtino, la primera guía turística europea, en cuyo libro V Aimerico Picaud daba una serie de consejos y explicaciones sobre los trazados y etapas, distancias, pueblos, santuarios, monumentos, gentes, gastronomía, etc.



CALABAZA Y VIEIRA DEL PEREGRINO

 
6. HOSPITALIDAD Y LA MEDICINA

Los hospitales del Camino englobaron a las enfermerías y a los albergues diseminados por toda su longitud, aunque los públicos y gratuitos fueron más frecuentes a medida que avanzaba a su final, también existieron los privados y particulares. El concepto de hospital era más bien el de hospitalidad para acoger al que necesitaba ser acogido por cualquier motivo. En esos hospitalillos se hacía una medicina casera, con aceites y hierbas.


En Nájera hubo 4, en Logroño 6, pero ya en León la cifra se dispara a 17 y en Astorga a 25, Burgos llegó a tener 32 de estos edificios que surgieron todos a partir del siglo XI. En Compostela hubo 15 antes de que Isabel y Fernando ordenasen en 1499 la edificación del bellísimo Hospital de los Reyes Católicos en la plaza del Obradoiro, ahora reconvertido en Hostal.


En la ciudad burgalesa el Hospital del Rey, fundado por Alfonso VIII en 1187, estaba atendido por una comunidad religiosa de regla propia. Fue el más grande, con capacidad para 100 personas, algo más de la mitad para los enfermos, y repartían unas 250 raciones diarias. El Hospital Real de Santiago o de los Reyes Católicos llegó a superarlo con 200 camas. En Santo Domingo de la Calzada se daba de comer a 200 peregrinos. Otros hospitales destacados también fueron los de Somport y Roncesvalles, el de Puente la Reina, o el de San Isidoro de León.


Casi todos los hospitales eran pequeños, de dos o tres habitaciones, cada uno con dos o tres camas para una o dos personas. Fueron pocos los medianos, que pasaba de seis habitaciones, como el Hospital San Juan de Burgos.


Eran atendidos por monjes, canónigos regulares, el clero diocesano, cofradías, ayuntamientos, y hasta por ciertas oligarquías como los mercaderes, muy interesados en el tránsito comercial que aportaban estos distribuidores tan especiales llamados peregrinos. Los grandes hospitales contaban con la ayuda de un equipo de profesionales médicos, cirujanos y enfermeras.

HOSPITAL DE LOS REYES CATÓLICOS EN SANTIAGO DE COMPOSTELA

Las órdenes militares nacieron precisamente como órdenes hospitalarias y salvaguardas de peregrinos frente a posibles los posibles actos de bandidaje y saqueos musulmanes. Entre los hospitales militares más famosos se encuentran el de León por Orden de Santiago, el de Ponferrada y Villalcázar de Sirga por los Templarios, el de Castrojeriz por los Antonianos, y algunos más pertenecientes a los Caballeros de San Juan u Orden de Malta y los de Calatrava.

La estancia del peregrino en un hospital era de una noche como norma general, y la ración de comida modélica fue la del Hospital del Rey: dos panes, dos vasos de vino, un caldo o un plato de legumbres u hortalizas, y un filete de carne de ovino, de oveja o de carnero. Pero también se escribió en la guías la repartición de otros alimentos: huevos o cocido, “potaxe” en El Cebreiro, bacalao en Pamplona, sidra o “txacoli” en las Provincias Vascas, en Asturias y en Galicia.

La Ruta Jacobea permitió una inmensa recolección de conocimientos médicos que llegaron a España desde Europa  a través de sus peregrinos, y que desde la Santiago de Compostela se distribuyeron al resto de la cristiandad. Los diversos itinerarios de la Ruta Jacobea han sido recolectores y difusores de medicina, atención sanitaria, caridad y hospitalidad.

HOSPITAL DE SAN NICOLAS EN BURGOS

Aymeric fue muy crítico con los drogueros en su Codex Calixtinus, detalló ciertos fármacos usados en la peregrinación, y se refiere a la preparación por los médicos de jarabes, purgantes y otros compuestos, aunque en su tiempo la farmacia se iba separando ya de la medicina. Además, Santiago surgió como un gran centro comercial para los herboristas, situados principalmente en la plaza de la Azabachería. La farmacia del Hospital del Rey fue la mejor del Camino, e incluso del Reino; era rica en aceites, ungüentos, conservas, dulces, drogas, especias y aguas diversas. Las aves de corral y la fruta eran consideradas por medicinales.

El obispo Gelmírez se trajo de Italia a su ciudad episcopal un médico de Salerno, ya que desde el siglo XII la Escuela salernitana de Medicina tenía mucho prestigio en Europa, precursora de la futura  Universidad de Salerno. En el siglo XIV consta que ejercía allí un médico traído de otra escuela con renombre, el maestre Jacome de Montpellier.

El Hospital de San Roque fue fundado en 1577 en el casco histórico de Santiago fundado por el arzobispo Fernando Blanco para atender las enfermedades venéreas, especialmente la sífilis. Los médicos del Hospital Real de Santiago fueron los primeros en aplicar en España la anestesia con cloroformo, tan sólo 17 días después de que se aplicase en Edimburgo y Estados Unidos con fines a evitar el dolor en el paciente. No es la única innovación de la anestesia compostelana, ya que la primera vez que en ese mismo hospital se aplicó el éter con indicaciones médicas en España.

Esta primera gran recolección de saber médico medieval se convirtió en una auténtica escuela de medicina que distribuyó sus conocimientos en todas las direcciones, desarrollando la denominación de origen “medicina compostelana”.


SÍMBOLO HOSPITAL DE PEREGRINOS


7. LEY DE PEREGRINACIÓN

La peregrinación estuvo tan bien valorada por los poderes civiles y jerarquía eclesiástica que llegaron a incluir leyes que garantizasen la protección de los individuos y colectivos en los cuerpos jurídicos, como el Fuero Real las Siete Partidas y la Nueva Recopilación.

Las primeras leyes castellanas permitieron el libre tránsito y la agravación de los delitos cometidos contra ellos, incluidos los abusos de los posaderos. El derecho navarro equiparaba el peregrino a esos efectos con el mercader.

La masiva afluencia de peregrinos extranjeros conllevó la fundación de nuevos barrios y poblaciones, y la aprobación de los llamados Fueros de Francos (francigeni, que en latín significaba extranjero). Eso ocurrió en Puente la Reina, Sangüesa, Belorado, Villafranca del Bierzo o León. Los inmigrados eran comerciantes, artesanos, constructores y eclesiásticos. Este fenómeno social terminó por consolidar una naciente burguesía, hostil al poder señorial desde el siglo XII.

En el Fuero de Jaca, concedido por Sancho Ramírez en 1065, los burgueses son los protagonistas principales. El Fuero de Logroño, concedido por Alfonso VI en 1095, modélico y ejemplo a implantar en otras villas y ciudades, fue el primero en referirse tanto a españoles como a franceses y otros extranjeros. Las Partidas de Alfonso X incluían leyes para la resolución de la muerte de peregrinos.

La Nueva Recopilación reconocía a los peregrinos extranjeros a ir a Santiago y a volver en libertad a su patria, pidiendo limosna si fuese necesario, pero sin apartarse del camino más de cuatro leguas a ambos lados o mendigar. El Fuero Real garantiza la libertad de hacer estamento, en ocasiones muy necesario para los caminantes, también el derecho a vivir en las ciudades y villas por las que pasaba el itinerario.



LOGOTIPO MODERNO DEL CAMINO


8. ORIGEN DE LA INDULGENCIA PLENARIA

En la Edad media existía una confusión entre lo laico y lo religioso, y aquella mentalidad lo invadía todo. Obispos y abades imponían en caso de graves pecados la penitencia de peregrinar a diversos lugares religiosos como Jerusalén, Santiago, Roma y otros santuarios menores situados en España, Francia, etc. Por ellos, el juez civil terminó por asumir también esta posibilidad, imponiéndola no como penitencia, sino como pena en caso de la comisión de delitos especialmente graves. Este tipo de pena suavizó las terribles condenas que se imponían en la época, no ya la pena de muerte sino tormento, tortura y mutilaciones. Así pues, la peregrinación satisfacía dos finalidades: sustituía la venganza privada por una respuesta institucional ciertamente no exenta de peligros y dificultades ya que la peregrinación suponía tomar riesgos y sufrir penalidades; y prevenía a la sociedad en general de las consecuencias de cometer determinados delitos.

El papa Calixto II concede en 1122 la posibilidad de que los peregrinos obtengan la indulgencia plenaria en los Años Santos Compostelanos. Nacen así las indulgencias compostelanas o Gran Perdonanza que liberan a los peregrinos de sus delitos y los salva de sus pecados. Las condiciones para ganar este jubileo fueron la visita en Año Santo a la Catedral de Compostela donde se guarda la tumba del Apóstol Santiago, el rezo y asistencia a alguna misa, y la recepción de los Sacramentos de la Penitencia y la Comunión, dentro del período comprendido entre los quince días anteriores y posteriores a la visita a Compostela.

El Liber Sancti Jacobi de Americh de Picaud, en el Libro V referido a la guía de peregrinación escribió: “El peregrino alejándose de su domicilio es enviado a la peregrinación por un sacerdote, en pena de sus pecados, como un destierro. Y por la gracias de Dios si confiesa bien y termina su vida abrazando la penitencia, se salva”.

La documentación más detallada de esta peregrinación forzada impuesta por el juez civil se encuentra alrededor de los siglos XIII-XIV y procede de los Países Bajos, Francia y Alemania. Muy esquemáticamente se pueden citar algunas ordenanzas:

1. Estatutos de la ciudad de Lieja, año 1328. Se impone la peregrinación a Santiago, Roma y Tours por delitos de homicidio y otros semejantes.

2. Estatutos de Jean d´Archel, 1366. Se impone el peregrinaje a Santiago al juez o escribano que faltare a la probidad en los litigios de bienes o créditos.

3. Ordenanzas de Saint Troud de 1423. Se impone la peregrinación a Santiago por impago de rentas en delitos contra la propiedad.

4. Carta de Tongres. Se impone la peregrinación a Santiago al que sacare espada o cuchillo contra el prójimo.

5. Documento La paix de Saint Jaques de 1487. Se impone la peregrinación a Santiago al raptor de mujer o hija de otro.

6. Estatutos de Maastricht. Se impone como sustitutivo de la pena de multa y en concreto al violador de la tregua de Dios se le impone la peregrinación a Santiago.

7. Ordenanzas de Saint Troud de 1499. Se impone peregrinar a Santiago a quien facilita alojamiento en caso de adúlteros.

8. También en las mismas Ordenanzas de Saint Troud pero del año 1523 se impone a los adúlteros públicos la peregrinación a Tours, pasados quince días del regreso de dicha peregrinación, si siguen viviendo juntos se les impone peregrinar a Santiago y a la vuelta de la peregrinación si persisten se acuerda el destierro.

También se encuentran referencias a la peregrinación a diversos lugares santos y en concreto a Santiago en las ordenanzas de varias ciudades como Gantes, Namour y Brujas.

En caso de incumplimiento, es decir, de que el obligado a peregrinar no lo hiciese, se imponía un nuevo peregrinaje. En algún caso excepcional se llegó a acordar la decapitación. En cuanto a la comprobación de haber efectuado el viaje en su totalidad, este quedaba acreditado con la correspondiente documentación que se expedía al término de la peregrinación por la autoridad correspondiente.

También se llegó a admitir en época más tardía el rescate de la peregrinación mediante el pago de una cantidad, en principio equiparada al rescate de la peregrinación a Roma.

Como es lógico abundan las disposiciones y normas jurídicas dadas por reyes, obispos y príncipes para la protección jurídica del peregrino al que se le consideraba persona inviolable.
En este sentido se puede citar el Concilio de León de 1114 en el que se decía que “Peregrini in pace sint, secure per terras eant, ut nemo in eos vel eorum, manus mittat”.

Y también se cuenta con un corpus jurídico de protección al peregrino tanto de su persona y bienes como previsiones en caso de enfermedad, muerte, entierro, protección de sus bienes, etc.