Teoría del Tiranicidio por Juan de Mariana


El teólogo e historiador Juan de Mariana constituye un ejemplo representativo de los pensadores de la Compañía de Jesús del siglo XVI: iusnaturalista, antimaquivelista, contrarreformista católico y defensor de la Teoría del Tiranicidio.


JUAN DE MARIANA


Natural de Talavera de la Reina (Toledo), donde nació en 1536. Estudió Artes y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, en una atmósfera saturada de Humanismo. Allí tuvo como maestro de noviciado a San Francisco de Borja. Profesó en la Compañía de Jesús en 1554 en Simancas. Acabó su formación sacerdotal en el Colegio jesuita de Roma, donde a partir de 1561 fue uno de sus mejores profesores, contando entre sus alumnos al futuro cardenal Belarmino, que sería protector de Francisco Suárez. Luego fue enviado como profesor a Palermo en Sicilia y después a París, donde recibió el grado de doctor y permaneció cinco años enseñando Teología sobre todo en la Saint Barthélemy; después estuvo un tiempo en Flandes.

Tras caer enfermo a consecuencia de sus intensas actividades como catedrático regresó a Toledo en 1574, en cuyo retiro se consagró a la redacción de sus libros. En 1578 recibió el encargo de informar sobre la presunta heterodoxia de la Biblia políglota cuya edición dirigía en Amberes Benito Arias Montano, en particular en la versión siríaca del Nuevo Testamento; su informe, que le llevó dos años de estudio, fue favorable. Esto le valió tal reputación que desde entonces se le encomendaron otros trabajos igual de delicados, como la supervisión del Manual para la administración de los sacramentos, la reelaboración de las Actas de los concilios diocesanos de Toledo de 1582 y la redacción del Índice expurgatorio de 1584.

Fue un auténtico polígrafo, ya que mientras realizaba estos encargos y una edición de las Obras del polígrafo visigodo Isidoro de Sevilla, se puso a redactar una monumental historia de España en treinta libros, que comenzó a aparecer en Toledo en 1592 con el título de Historiae de rebus Hispaniae Libri XXX, cuya edición ampliada se editó en Maguncia en 1605. Entre tanto se imprimió en Toledo su propia traducción al castellano con el título Historia general de España, en 1601. La obra abarca hasta la muerte de Fernando el Católico, porque según sus palabras "No me atreví a pasar más adelante y relatar las cosas más modernas, por no lastimar a algunos si decía la verdad, ni faltar al deber si la disimulaba".

La muerte le sorprendió en 1623, en Toledo, cuando trabajaba en unos Escolios al Antiguo y Nuevo Testamento, obra de exégesis bíblica que se fundaba en el texto de la Vulgata.


HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA, POR JUAN DE MARIANA


Mariana ha pasado a la historia del pensamiento universal sobre todo por su defensa del Tiranicidio como razón última ante la opresión política del gobernante. Esta tesis fue expuesta en su obra más famosa: De rege et regis institutione (El rey y la formación del rey), editado en Toledo en 1599.

Es una obra de inspiración y estilo erasmista, en la que Mariana presenta planteamientos antimaquiavélicos y antiprotestantes. Está muy influenciado por el pensamiento de Pedro de Ribadeneyra y su obra Princeps christianus adversus Nicholaus Machiavelum, editada cuatro años antes, en 1595.

Su lenguaje no puede ser más claro:
"Tanto los filósofos como los teólogos están de acuerdo en que su un Príncipe se apoderó de la República a fuerza de armas, sin razón, sin derecho alguno, sin el consentimiento del pueblo, puede ser despojado por cualquiera de la Corona, del Gobierno, de la vida."

Tiene tres partes:

1ª. estudia los principios filosóficos del Estado: la sociabilidad del hombre, el poder político, las formas de gobierno, el tiranicidio o la sumisión del rey a la comunidad.

2ª. está dedicada a la educación del príncipe, siguiendo de cerca las teorías de Erasmo de Rotterdam en su Enchiridion. Propone como máximo valor de un monarca la virtud cardinal de la prudencia, en su sentido aristotélico y sobre todo ha de impedir que los impuestos asfixien a las clases productoras del país. Inspirándose en Santo Tomás de Aquino, justifica como éste la revolución y la ejecución de un rey por el pueblo si es un tirano.

3ª. trata sobre la organización del Estado: la administración pública, las magistraturas, el ejército o las finanzas.

Se puede decir que fue una figura de la Tradición clásica hispánica, que en aquella época se oponía al Protestantismo y siglos más tarde se opondría al Liberalismo. Su ideal de Ley y Religión lo expone de manera clara y contundente:
"Si cada príncipe en su reino dejase a su arbitrio o al de sus súbditos lo que debe sentirse y pensarse en materias religiosas, ¿cómo podría alcanzarse que hubiese armonía y unidad entre todas las naciones, de modo que no pensasen indistintamente el alemán y el español sobre Dios y la inmortalidad del alma? ¿Cómo podría alcanzarse que fuese uno mismo el parecer del francés y del italiano, y del siciliano y del inglés, uno mismo el pensamiento y unas mismas sus palabras? ¿No había de suceder en breve que fuesen tantas las opiniones religiosas esparcidas por el mundo, tan diversos los ritos sagrados, tan varía la forma de la organización eclesiástica como varios y diversos son los juicios de los hombres? Por esto se reconoció la necesidad de establecer una sola cabeza, a quien estuviesen confiadas la organización de la Iglesia, la conservación de las antiguas ceremonias y la defensa de las leyes, cabeza a la cual obedeciesen todos los príncipes de la tierra y respetasen todos."

Partiendo del Derecho natural, mariana afirmaba que la legitimidad del poder real tiene su origen y fundamento en la voluntad del pueblo, con lo que anticipa plenamente la teoría de Rousseau sobre la "volonté générale" y del Estado de Derecho moderno.

Como señaló Sánchez Agesta en su libro El concepto del Estado en el pensamiento español del siglo XVI:
"Se delinea en Mariana uno de los primeros y más finos antecedentes del concepto de Constitución como la ley fundamental del poder."

Por encima de la voluntad del rey están las leyes de la comunidad; si no las respeta y actúa contra ellas, se deslegitima a sí mismo y permite que el pueblo le arrebate del poder y ponga fin a su vida.

Mariana no solo criticaba la tiranía política, sino también la desigualdad e injusticia social:
"Es de nosotros un deber de Humanidad tener a disposición de todos los bienes que Dios quiso que fuesen comunes, ya que a todos los hombres entregó la Tierra para que se sustentaran con sus frutos, y sólo la rabiosa codicia pudo acotar y acaparar para sí este patrimonio divino, apropiándose los alimentos y riquezas dispuestas para todos los hombres."

DE REGE ET REGIS INSTITUTIONE


Las tesis de este gran teólogo y humanista generaron la hostilidad de los defensores del Absolutismo monárquico, lo que explica que esta obra fuese quemada en público en 1610 como subversivo por el parlamento de París tras el asesinato de Enrique IV de Francia. El motivo fue argumentado en que había dado legitimidad al Tiranicidio, ya que su doctrina fue relacionada con el anterior asesinato de Enrique III de Francia por fray Jacobo Clemente en 1589. Con todo, Ravaillac, el asesino de Enrique IV, declaró no conocer el libro.

Los temas tratados en la primera parte son los más interesantes de su pensamiento:

La sociabilidad del hombre. Mariana cree que el hombre necesita de sus semejantes para vivir. La primera manifestación de esa sociabilidad natural es la familia. Y de la agrupación de familias surgen los pueblos.

La monarquía. Mariana parte de la creencia de que las sociedades primitivas fueron monárquicas para defender la monarquía como la forma de gobierno más ventajosa por ser la más eficaz, estable, segura e históricamente probada. Entre los tipos de monarquías, prefiere las hereditarias a las electivas, porque en las primeras el rey goza de un mayor prestigio y en las segundas, la elección no asegura una mayor calidad del gobernante.

El tiranicidio. Partiendo del origen popular del poder, Mariana defiende la legitimidad del tiranicidio de manera más radical que sus compañeros de orden. Considera adecuado el tiranicidio por un particular cuando no existen otros medios. Contra los tiranos cuyo poder tiene un origen legítimo, señala como más adecuado el tiranicidio cuando es fruto de una decisión colectiva. No obstante, si esta no es posible porque el tirano no permite reuniones, admite la acción individual.

La sumisión del rey a la comunidad. Las ideas de Mariana a este respecto son más populares que las del resto de los pensadores jesuitas de la época. Parte de que el rey consigue el poder a través de un contrato por concesión voluntaria de los ciudadanos. Por tanto, su poder es superior al de los individuos, pero no al de la comunidad, que sigue teniendo la titularidad última y la posibilidad de decidir sobre la continuidad del gobernante en casos extraordinarios como la tiranía. El pensador valora la existencia de instituciones representativas de la comunidad, por su función limitadora del poder real. Y, por último, defiende que el rey está sometido a las leyes, cuyo origen está en la comunidad.


JUAN DE MARIANA


En 1607, fue encarcelado por un año y medio en Madrid por orden del mismo Felipe III por escribir la obra De monetae mutatione IV, en la cual arremetía contra la política monetaria del duque de Lerma, valido del rey, y a los ministros que modificaron el peso de la moneda. Tras cumplir la condena en una celda del madrileño Convento de San Francisco, publicó esta obra en Colonia en 1609 con el título Tractatus septem.

Desde las primeras páginas del libro, criticaba a los monarcas que, secundados o inducidos por cortesanos serviles e inmorales, abusaban de su autoridad para esquilmar al pueblo y dictar leyes contrarias a él. Partiendo de la tesis de que "Todo poder tiene un límite determinado", negaba que los reyes tengan el derecho a apropiarse de los bienes de sus súbditos, a imponerles sin su consentimiento tributos injustos, a convertir en monopolio real productos de primera necesidad y a cambiar la calidad, el peso y el contenido de la moneda y mermar con ello su valor adquisitivo, ya que así "se paga más dinero por cosas que valen menos".

También en materia económica la última palabra la tiene el pueblo, cuya conclusión final del tratado, tanto por su temática como por su lenguaje directo, anunciaba ya el pensamiento social del siglo XIX.

Mariana rechazaba el modelo del Estado neutral inhibido de las luchas sociales y postulaba un Estado que regule y controle la riqueza, asegure la subsistencia de la población y vele por la suerte de los menesterosos.

El contenido de este Tractatus septem es el siguiente:
I. De adventu Jacobi apostoli in Hispania (De la venida de Santiago a España)
II. Pro editione Vulgatae (En torno a la edición de la Vulgata)
III. De spectaculis  (Sobre los espectáculos)
IV. De monetae mutatione (Acerca de la alteración de la moneda)
V. De die mortis Christi (El día de la muerte de Cristo)
VI. De annis arabum (Sobre los años de los árabes)
VII. De morte et inmortalitate (De la muerte y la inmortalidad)
Fuera de la historia, sus intereses iban desde la cronología a la filología, la economía o la moral. Entre estos ensayos no se incluye uno publicado anteriormente.

Ya menor importancia tuvieron las fricciones con su orden. Así, su Discurso de las cosas de la Compañía le supuso la animadversión de las jerarquías de ésta. Hombre muy ocupado, hizo una edición de San Isidoro de Sevilla, y trabajó además en obras de filología oriental y como predicador, censor de exégesis, colaborador del Índice y consultor de la Inquisición.


ESTATUA DE JUAN DE MARIANA


Su principal obra historiográfica fue Historiae de rebus Hispaniae. Una edición posterior más avanzada del propio recopilador es De rebus Hispaniae libri XXX, que se publicó en Maguncia en 1605. Durante este tiempo el autor había vertido la edición latina al español y esta apareció completa en Toledo en 1601, conteniendo los treinta libros de la edición latina. La obra se extiende desde la más remota antigüedad hasta la época de los Reyes Católicos.

Juan de Mariana fue un historiador obsesionado con la verdad y que apuró la crítica de los cronicones anteriores hasta donde era posible en su tiempo; aunque escribe en el latín internacional de la época, la raíz de su pensamiento es patriótica, pues pretende exponer la grandeza de su país narrando conjuntamente los hechos de todos los reinos hispánicos en torno a su nación, Castilla. Por otra parte, pretendía rectificar la imagen deformada que los autores protestantes difundían sobre España.

La obra estableció el modelo de prosa historiográfica para los siglos siguientes subrayando vigorosamente todo lo que puede cautivar y atraer la atención del lector; cuida especialmente las descripciones de los lugares donde acaecen los hechos y el patetismo en las arengas y epístolas, así como las consideraciones sobre las veleidades de la fortuna, tomando por modelos a Tito Livio, Tácito y Tucídides. En España fue una obra muchas veces reimpresa y durante cerca de dos siglos fue la obra histórica más leída en la Península. En el resto de Europa la obra fue leída sobre todo en Alemania y bastante menos en otros países; se tradujo al inglés en 1699 por John Stevens.

Además de las obras mencionadas, de su correspondencia y de sus notas a la edición de las obras de San Isidoro y de sus informes como consultor del Santo Oficio se conservan diez tomos de manuscritos de este autor. En sus Scholia in Vetus ac Novum Testamentum, publicada en Amberes y París, en 1620, están sus versificaciones en dísticos latinos de varios libros sagrados: Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los cantares.

Benito Feijóo calificó a Mariana como "gran hombre" en su Teatro Crítico Universal, y Pí y Margall y otros políticos progresistas y republicanos le erigieron un monumento en su ciudad natal y le consideraron uno de los suyos.

Estilo hispánico: la personalidad del caballero cristiano español


La nación no es una raza, ni una sangre, ni un territorio, ni un idioma, tampoco puede definirse como la adhesión a un determinado pasado o a un determinado futuro. La nación es algo que comprende por igual el pasado, el presente y el futuro; está por encima del tiempo; está por encima de los hechos y de los actos, de las cosas materiales, ya sean naturales o artificiales.

La nación es el estilo común a una infinidad de momentos en el tiempo, de cosas materiales, de hechos y de actos, cuyo conjunto constituye la historia, la cultura, la producción de todo un pueblo. La nación española es el estilo de vida que ostentan todos los españoles y todo lo español, en los actos, en los hechos, en las cosas, en el pensamiento, en las producciones, en las creaciones, en las resoluciones históricas.

Un estilo no puede definirse, porque no es un ser, no es una cosa, no es un posible término de nuestra conceptualización, sino modalidad de cosas; no es ser español, sino modo de ser español, pero que tampoco puede definirse.

El único modo de conocer el estilo hispánico es la simbolización. Un símbolo es una figura real, objeto o persona, que descifre y evoque todo ese montón de modalidades en las cuales el estilo de la nacionalidad española se documenta. La bandera rojigualda es un símbolo, pero esta no despierta pensamientos, sentimientos, emociones e intuiciones sobre la modalidad del ser hispánico.

La figura simbólica tendrá, que ser la de una persona que retrate un estilo de vida, por tanto, nuestra historia y nuestra cultura españolas nos proporcionarían las figuras humanas típicas que designe en su diseño psicológico la modalidad particular del alma española. Tal figura tendrá que ser irreal, ya que de ser real estaría muy limitada, sería abstracta y esquemática.

El Arte español proporciona un buen repertorio de figuras irreales, pero concretas y llenas de espiritualidad hispánica. Simbolizaciones del estilo español son las figuras literarias de Don Quijote y Sancho, la artística del Cid, o el retrato El caballero de la mano al pecho del Greco, donde se encontrarían un gran número de alusiones y evocaciones de la eterna hispanidad. La figura del general Ambrosio de Espinola del cuadro de Velázquez La rendición de Breda, en la cual aparece recibiendo con gesto de suprema elegancia y benevolencia las llaves que entrega el burgomaestre de la ciudad. Velázquez ha sabido representar en esas dos figuras los estilos de dos pueblos diferentes.




Velázquez supo reflejar el estilo hispánico en la figura del general Espinola, implacable y duro contra el enemigo en la guerra, pero comprensivo y benevolente en su derrota.


Todas estas figuras del tesoro artístico de España excesivamente enmarcadas a un momento, a un lugar o a una la realidad vital, por ello no simbolizan el estilo hispánico en plenitud de valores. Podrían plasmar algunas cualidades, pero no la generalidad de las mismas.

Por eso, más que un símbolo lo que se necesita es un ideal humano diseñado que siendo en sí mismo individual y concreto, sea genérico e indeterminado en espacio y tiempo y en su relación con los demás. Un tipo que reúna las más íntimas aspiraciones y preferencias absolutas del alma española.

Los antiguos griegos, para representar las virtudes del estilo de su nación, tanto de forma material (corpórea) e intuitiva (moral), forjaron el término dekalós kai agathos: el hombre bello y bondadoso. Este tipo simbolizaba el ideal humano que los griegos se tenían sobre si mismos.

Los romanos también condensaron el ideal humano en dos términos del otium cum dignitate: el patricio honorable y ocioso (nego otium), dedicado a la administración de sus bienes, de la república y a la honra personal y familiar.

Para los ingleses, en la palabra gentleman se concreta y condensa toda una ética, una estética, una sociología y la manera de ser típica del pueblo inglés.

El pensamiento de García Morente expresa que todo el espíritu y el estilo de la nación española pueden también condensarse y a la vez concretarse en un tipo humano ideal: el caballero cristiano.

El español ha sido, es y será siempre el caballero cristiano, que reúne la caballerosidad y la cristiandad en una personalidad individual y ejemplar. En la psicología hispánica, ser un caballero cristiano constituye la más íntima y profunda aspiración.

Los grandes rasgos de la figura del caballero cristiano como imagen del estilo español son:


1. PARADIGMA

El caballero cristiano es esencialmente un paradigma defensor de una causa noble y justa, que va por el mundo sometiendo toda realidad al imperativo de unos valores supremos, absolutos, incondicionales. No espera porque cree en la virtud y eficacia inmediata de su propia voluntad y esforzada resolución para transformar las cosas, que el mal desaparezca y el bien se establezca.

Hay en la mentalidad del paradigma optimismo como fe en el poder moral de la voluntad, e impaciencia como demanda de transformación inmediata y total, no gradual y progresiva.

Esos valores absolutos que el caballero cristiano se somete a sí mismo y a los demás no proceden de ningún código escrito ni de convenciones humanas, sino de su propia conciencia. Es el ejemplo de una causa que responde ante Dios y su conciencia.

El origen de este paradigma se encuentra en los siglos de Reconquista que han llenado el alma del caballero cristiano de religiosidad, infundiéndole la convicción de que la vida es una lucha por imponer el bien.



Van Halen pintó Batalla de Las Navas de Tolosa, una hazaña que reunió a todos los reinos hispánicos en la lucha por un objetivo común: la recuperación de la España perdida, legítima y cristiana frente al invasor islámico; y que forjó la personalidad hispánica medieval.


2. GRANDEZA CONTRA MEZQUINDAD

Grandeza es el acto por el cual damos un valor superior a lo que somos sobre lo que tenemos. Mezquindad es el acto por el cual preferimos lo que tenemos a lo que somos.

El caballero cristiano cultiva la grandeza moral porque desprecia las cosas materiales, poniendo siempre su ser por encima de su haber. Se confiere a sí mismo un valor infinito y eterno que se transforma en un sentimiento de la valía personal. Don Quijote lo afirma: "dondequiera que yo esté, allí está la cabecera".

El caballero cristiano prefiere padecer la pobreza material y sufrir toda clase de penurias, que rebajar su ser la innoble mezquindad basada en la codicia de las cosas materiales. Su grandeza moral le protege de cualquier mezquindad.

Esta grandeza es comprobable en innumerables obras de arte y hechos históricos españoles. Un claro ejemplo es el monasterio de El Escorial: es pura grandeza pobre; la sobriedad y austeridad de las formas estéticas de una enorme mole de piedra.

Pero a pesar de todo esto, el caballero español es elegante en su vestimenta, basada en la naturalidad y en la adecuación de una fiel imagen exterior con su esencia interna. La valiosa idea que tiene de sí mismo le hace no temer la aprobación o rechazo ajeno.




Juan de Herrera supo expresar en este mausoleo la grandeza del Imperio español mediante largas líneas interminables y moles geométricas al mismo tiempo que nada recargadas de ornamentos para reflejar sobriedad, pureza y austeridad.


3. ARROJO CONTRA TIMIDEZ 

El caballero cristiano es valeroso e intrépido, no siente miedo más que ante Dios y ante sí mismo. Tiene una preferencia por la valentía ante la timidez.

La valentía del caballero cristiano deriva de la profundidad de sus convicciones religiosas y del poder que su conciencia ejerce sobre la voluntad de la resolución y del sacrificio. Tipo supremo: los mártires.

El caballero no conoce la indecisión, cree en lo que piensa y piensa lo que cree. Su vida avanza con rumbo fijo y claro, con certidumbre y seguridad, incapaz de quebrantar un inminente fracaso. No depende de nada ni de nadie, tan solo en su propio esfuerzo personal, por eso el ideario del caballero tiene la suprema virtud de ser auténtico.

Esa seguridad es por una parte sumisión al destino y por otra parte desprecio de la muerte. Ahora bien, la idea del destino personal es congruente con la esencia de la persona, que decide su propio destino. Cada caballero se forja su propia vida, la que está en la profundidad de su personalidad. Dios, juez universal e infinitamente justo es quien responde ante lo que cada caballero hispánico es y lo que hace.

El desprecio a la muerte precede de la firme convicción religiosa; según la cual el caballero cristiano considera la breve vida del mundo como efímero y deleznable tránsito a la vida eterna. 





Los atributos y valores del hidalgo don Quijote de la Mancha descritos por Miguel de Cervantes representan en buena medida el estilo hispánico. Es sin duda el caballero hispánico más universal e inmortal.


4. ALTIVEZ CONTRA SERVILISMO

La combinación de la confianza en sí mismo con la grandeza y el arrojo originan la altivez y el orgullo. El caballero cristiano peca un tanto por exceso en estas cualidades.

Huyendo del servilismo, el caballero cristiano incide en la altivez, en la estima de su propia persona, evitando mostrar aprecio a cosas ajenas. Si es rico, se enorgullece de menospreciar su riqueza; y si es pobre, se enorgullece de serlo y subraya su pobreza con su altivez. En todo caso el caballero se precia de ser más que de poseer.

Esta altivez se manifiesta como afirmación inquebrantable del propósito intransigente y a veces terco a cumplir una misión. Es la intransigencia que abre vía a las iniciativas particulares, individuales. Es la intransigencia que lleva a cabo su propia esencia hasta el término final.

El español desprecia el snobismo, tiene tan profunda conciencia de su persona que prefiere ser quien es antes que incidir en serviles actitudes, saliéndose de su categoría humana.


El caballero castellano es hombre silencioso y de pocas palabras, pero cuando se ofrece ocasión solemne, sabe alzar la voz a formas superiores de la elocuencia y de la retórica.




Alatriste es una figura altiva y de pocas palabras, de gran arrojo y terco en el cumplimiento de una misión. Tanto Pérez-Reverte como Viggo Mortensen han sabido reflejar con acierto el estilo del caballero hispánico en este personaje ficticio.


5. MÁS PÁLPITO DE CÁLCULO

El caballero cristiano es hombre de pálpitos más que de cálculos, como consecuencia de la fe inquebrantable en sí mismo y en su destino personal. En la toma de resoluciones obedece a su voz interna antes que al análisis de probabilidades.

Nunca calculó las probabilidades de éxito o fracaso que podrían existir cuando los galeones atravesaban los océanos sin sufrir hundimientos, cuando los conquistadores se aventuraban a explorar las tierras del Nuevo Mundo o cuando los Tercios amenazaban al enemigo en un asedio.

Se deja llevar por lo que su corazón le mande, aunque en ocasiones fracase. Pero muchas veces también triunfa por valentía y casi por milagro; y si no fuese por ese arrojo increíble y esa obediencia ciega a los dictados del corazón, la Historia no registraría muchas de las más extraordinarias hazañas de la Humanidad.

En dos grupos podrían generalmente dividirse los hombres en cuanto a su dirección de la vida se refiere:

1. los que hacen ellos mismos su propia vida, buscan sus directivas en sus propios corazones; actúan de dentro a fuera; influyen sobre el medio y el contorno; imponen a las cosas la huella de su voluntad soberana.
2. los que la reciben pasivamente, acatan normas ajenas que la sociedad o individuos les imponen; viven al dictado; son materia sumisa.

El caballero cristiano pertenece al primer grupo ya que toma como supremo ideal de vida el de ser él mismo actor responsable de su propia existencia, sin consentir directrices en su autonomía. En el fondo de su alma perdura un residuo de estoicismo unido al cristianismo, que le ha enseñado a sufrir y a aguantar durante la Reconquista, a acometer y a dominar durante la expansión imperial.

Por eso, en la historia de la nación hispana ha existido una oscilación entre la hazaña y la inmovilidad, contrastes expresados en múltiples aspectos de nuestra pintura y literatura. 





El valor ofrecido por la expedición de Fernando de Magallanes hacia las Indias Orientales y que terminó con la llegada a España por tan solo 17 de los más de 300 hombres en 1 de las 5 naves iniciales es una muestra de la falta de cálculo y probabilidad de éxito en la consecución de los objetivos.

Y lo mismo se puede decir en cuanto a las posibilidad de éxito que tuvieron los acompañantes de Francisco de Pizarro, "los 13 de la fama", en la conquista del Perú. Sin duda, la Historia de España está llena de acciones realizadas más por pálpito que por cálculo.


6. PERSONALIDAD

La personalidad del caballero español es fuerte y enérgica, ya que se siente con poder de acción y de creación. Se reafirma con orgullo, altivez y nobleza sobre la convicción y de su propia valía. Pero también admira en los demás las mismas virtudes de resistencia y dureza.

Los españoles dan preferencia a las relaciones reales sobre las relaciones formales, es decir, aquellas que se fundan en lo que cada persona es, vale, siente y piensa por encima de su condición jurídica o moral. Necesita establecer con los demás una relación sin formalismos, un trato antes que un contrato, una amistad o enemistad antes que un acuerdo jurídico.

Hay en lo hispánico un poder de imperar a los demás sus normas de vida y de conducta. Por ejemplo, el idioma español cuando entra en contacto con otros idiomas suele imponerse y prevalecer. Un caso curioso de que los habitantes franceses de la frontera hispano-francesa hablen el español, mientras que los españoles no hablen el francés.

Pero también se somete con entusiasmo a otro poder real, siempre y cuando este otro muestre fuerza, energía, liderazgo, dureza y superioridad de carácter, pero no en cuanto al ideal de soberanía basada en el sufragio o cualquier tipo de procedimiento formalista.

Los valores de prestigio personal, tradición secular o superioridad psicológica son superiores a la simple abstracción legal.

El caballero español no conoce el resentimiento o la envidia justamente porque tiene una conciencia muy elevada de su valía personal que le hacen despreciar lo ajeno.

Entre los españoles, el reconocimiento de la superioridad artística, literaria o científica del poeta, del pintor, del pensador, tarda mucho tiempo en consolidarse, en ocasiones mucho más que la vida de un hombre. Por ejemplo, los casos de Miguel de Cervantes o de Blas de Lezo. Aunque este ese retraimiento e intimismo consigue mostrar en la producción del arte y de la vida hispanos una espontánea sencillez, opuesta a todo convencionalismo carente de autenticidad. 





La determinación, actitud y valía personal que mostró el almirante Blas de Lezo en la defensa de Cartagena de Indias son cualidades personales más que suficientes para liderar las operaciones de resistencia contra la enorme armada británica de Edward Vernon, a pesar del nombramiento formal y legal de Eslava como gobernador y máximo responsable de la administración colonial de la ciudad neogranadina.


7. CULTO AL HONOR

El caballero cristiano cultiva su honra: el reconocimiento exterior de la valía personal. El honor se consigue mediante el esfuerzo continuo de aproximar nuestra vida real a nuestra vida ideal.

La honra es toda manifestación externa que trata de llevar al hombre en su propósito de perfección, ocultando en lo posible la diferencia entre la maldad real y la bondad ideal. La deshonra es todo aquel acto externo que muestra la diferencia entre el ser real y el ser ideal perfecto, y que ponen de manifiesto su menor valía personal.

La psicología del caballero cristiano y su profunda confianza en sí mismo han de llevarle a consagrar al honor, a la honra, que se manifiesta de dos maneras complementarias: 1º exigiendo los honores que le son debidos; 2º ocultando los defectos de su conducta en la conciencia y en el secreto de confesión. Las debilidades y los pecados deben quedar entre el caballero, su confesor y Dios.





El Caballero de la mano en el pecho fue una persona pintada por El Greco, un personaje honorable de la alta sociedad, podría ser Juan de Silva, marqués de Montemayor, aunque también podría ser Miguel de Cervantes. El modelo aparece vestido de forma elegante en su vestimenta, basada en la naturalidad y en la adecuación de la fiel imagen exterior con su esencia interna.
El caballero mantiene la mano sobre su pecho, en un gesto de juramento, mientras su mirada parece dirigirse directamente al espectador, como si estuviese haciendo un pacto con él. Para el caballero hispánico esta relación pactista o de juramento entre personas tiene un valor superior frente a cualquier relación contractual formal y ajena a su persona.


8. IDEA DE LA MUERTE

En la idea que el caballero cristiano tiene de la muerte puede condensarse como el conjunto de su psicología y actitud ante la vida.

Las concepciones que el hombre se ha formado de la muerte pueden reducirse a dos tipos: aquellas para las cuales la muerte es término o fin, y aquellas para las cuales la muerte es comienzo o principio. El caballero cristiano ve en la muerte un comienzo a una vida más verdadera: la vida eterna. Es sujeto gobernado por la idea de transcender la vida terrenal hacia la vida eterna.

La consecuencia que se deriva de esta concepción de la muerte es la consideración de que esta vida humana terrestre es un mero tránsito para la otra vida decisiva, la preparación de la muerte, un simple tránsito hacia el infinito y la eternidad. Por lo tanto, esta vida tiene un valor subordinado, condicionado, inferior: vale sólo su puesta al servicio del valor eterno. Esta vida se convierte en fatiga, lucha, sufrimiento paciente y esperanza anhelosa.

El fin ideal que persigue el caballero es superior a su propia vida, por eso la conciencia de su propia grandeza es superior al deleite material.

El "muero porque no muero" de Santa Teresa expresa perfectamente este sentimiento de la vida imperfecta.





La escultura de San Ignacio de Loyola cayendo herido en la defensa del castillo de Pamplona esculpida por Joan Flotats, o la Muerte de Churruca en Trafalgar pintada por Eugenio Álvarez Dumont reflejan una noble causa por la que vivir y morir por encima de la propia vida.


España no es un mito, por Gustavo Bueno




España no es un mito. Claves para una defense razonada
Gustavo Bueno, Editorial Temas de Hoy (Madrid, 2005), 302 pgs.

Asunto de plena actualidad en los Parlamentos y en la calle, la cuestión de la identidad de España carece todavía hoy de documento nacional irrefutable. ¿Existe España? ¿O es, acaso, un ensueño, una ilusión, un mito? El presente ensayo ofrece una defensa razonada de la esencia y de la existencia de España a través de siete preguntas fundamentales. Su autor, el profesor Bueno, rebate una a una las posiciones y proposiciones de quienes niegan, desprecian o ponen en duda la realidad de España. Con su contundencia habitual no exenta de polémica, Gustavo Bueno desmenuza lapidarias fórmulas que sostienen la irrealidad de España para dar cabida y consistencia a fantásticos bucles melancólicos. Una contribución oportuna, interesante y valiosa, tanto en el fondo como en la forma, para esclarecer la confusión reinante a este respecto.

Este libro es uno más de los libros españoles de contraataque, escritos frente a los enemigos de España, los que desprecian su esencia (o consistencia) y los que llegan a poner en duda, y aun a negar, su propia existencia.


ÍNDICE

Introducción. Sobre el «mito de España»

Pregunta 1. ¿España existe?
  • Dos anécdotas personales
  • Dos sentidos diferentes de la proposición «España no existe»
  • Dos «entonaciones» de la proposición «España no existe»
  • Variedad de modulaciones de la frase «España no existe», en entonación representativa
  • La proposición «España no existe» en entonación apelativa
  • No es nada clara la proposición «España no existe»
  • Cómo responder a la pregunta «¿España existe?» con entonación apelativa

Pregunta 2. ¿España amenazada?
  • Las amenazas a España no están contempladas en los artículos 169 y 171 del Código Penal
  • Lo que no está en el Sumario sí puede estar en el Mundo
  • «Amenazas» y «Peligros»
  • Ocho clases de amenazas
  • Amenazas de fuente personal humana y amenazas de fuente impersonal
  • Amenazas a la existencia y a la esencia de España; amenazas exteriores e interiores
  • Amenazas exteriores
  • Amenazas interiores procedentes de plataformas oficiales
  • El tabú del nombre «España»: sus dos versiones principales
  • La amenaza del panfilismo

Pregunta 3. ¿Desde cuándo existe España?
  • Presupuestos implícitos en la pregunta «¿Desde cuándo existe España?»
  • Dos presupuestos: la realidad de España y la Idea de España que se tenga
  • El supuesto de la existencia de España
  • La existencia de España en la Constitución actual requiere un regressus histórico a su existencia en Constituciones anteriores
  • La existencia histórica de España ha de entenderse como una existencia ininterrumpida
  • La existencia ininterrumpida no correspondería a España sino, en todo caso, a «las Españas»
  • España, no «las Españas»
  • El «presente ficción» necesita una «historia ficción»
  • La pregunta «¿Desde cuándo existe España?» no tiene una respuesta unívoca
  • La pregunta por el origen se hace desde la plataforma del presente que nos interesa vivir
  • Dos metodologías posibles
  • El «diálogo» presupone el consenso, no se deriva de éste
  • Cuestiones sobre el origen de la unidad de España y sobre el origen de su identidad
  • En el origen de España está la voluntad expansionista («imperialista») de alguna de las partes que resultaron de la invasión sarracena
  • El núcleo originario de España se conforma en Asturias, con los Reyes de Oviedo
  • El impulso expansionista del origen, en el siglo VIII, se renueva en el siglo XVI
  • La España que va formándose en los siglos medievales no tiene la unidad de una Nación política, ni tampoco la de un Reino; tiene la unidad de un Imperio
  • «Memoria histórica» y olvido histórico

Pregunta 4. ¿España es una Nación?
  • Es necesario partir, por razones de método, de la respuesta afirmativa a esta pregunta
  • Las «pruebas del hecho»
  • También es un hecho político la pretensión de rebajar importancia al hecho constitucional de que España es una Nación
  • La energía de quienes niegan que España es Nación no brota de las «izquierdas» sino de la «derecha», del Antiguo Régimen
  • También es un hecho político, no constitucional, la pretensión de transformar las Comunidades autónomas en Naciones políticas
  • Las «naciones históricas» son excluyentes de la Nación española
  • Argumentos de los «soberanistas»
  • El término «nación» es un universal que comprende varios géneros y especies
  • La nación biológica y sus especies: nación-organismo, parte de organismo y grupo de organismos
  • La nación étnica y sus especies: naciones periféricas, naciones integradas, naciones históricas
  • La nación histórica no es aún la Nación política
  • El género de la Nación política y sus dos especies: nación canónica y nación fraccionaria
  • Involucración de las especies y géneros de naciones entre sí
  • «Pueblo» y «Nación»
  • Los dos planos en los que se mueve la Idea federal: el plano ético y el plano político
  • Radicales, liberales, anarquistas, socialistas y comunistas ante la Idea de Nación política
  • Los fundamentos de la «cruzada democrática»
  • «Unidad» o «Unión»

Pregunta 5. ¿España es Idea de la Derecha o de la Izquierda?
  • Gran parte de los menosprecios a España proceden de las «gentes de izquierda»; pero también hay gentes de izquierda que la exaltan
  • Polarización izquierda/derecha de la Historia de España
  • La derecha y el Antiguo Régimen; las diversas generaciones de las izquierdas
  • Tras la caída de la Unión Soviética la oposición derecha/izquierda se desdibuja
  • Argumentos a favor de la tesis «España es Idea de la derecha», y su crítica
  • La Idea de España en las dos primeras generaciones de la Izquierda: la radical y la liberal
  • La Idea de España en la tercera generación de la Izquierda, la anarquista
  • La Idea de España en la cuarta generación de la Izquierda, la socialdemócrata
  • La Idea de España en la quinta generación de la Izquierda, la comunista
  • La posición de las izquierdas ante España no es uniforme
  • La Constitución de 1978 ignora la distinción izquierda/derecha
  • Las «izquierdas indefinidas» españolas y la Idea de Nación española
  • La izquierda indefinida y la Idea de Nación española

Pregunta 6. ¿Existe, en el presente, una Cultura española?
  • Esta pregunta no puede contestarse «de frente»
  • La «cultura administrada» como «cultura circunscrita»
  • La Idea objetiva de Cultura como invento del idealismo alemán
  • La Cultura no sólo diferencia al Hombre de la Naturaleza, sirve sobre todo para diferenciar y oponer a unos hombres con otros hombres
  • Las «identidades culturales» no siempre pueden mantenerse en coexistencia pacífica
  • La tesis de la posibilidad de un pluralismo de culturas en pie de igualdad y en coexistencia pacífica es insostenible
  • Existen conflictos insuperables entre instituciones culturales
  • La hipótesis del pluralismo cultural español no deja hueco a un Ministerio de Cultura de España
  • Diversidad de sentidos de la fórmula «pluralismo cultural»
  • Aplicación de estos tipos a la Cultura española
  • La Constitución de 1978 no habla de «Cultura española» ni de «Lengua española» en sentido antonomástico
  • Reformulación de la pregunta titular: ¿La cultura española tiene identidad propia?
  • Señas de identidad distintivas y señas de identidad constitutivas de las culturas
  • Concepción materialista de las culturas
  • Las Culturas de los pueblos y las Almas de los pueblos
  • Ni univocismo (o etnocentrismo) cultural, ni pluralismo relativista, ni pluralismo sustancialista de las culturas
  • Sobre el supuesto «pluralismo cultural» de España
  • Distribución y reparto de la Cultura española en las diecisiete Comunidades autónomas
  • Distribución, no reparto, de la Cultura española
  • Modelos de difusión distributiva
  • Aplicaciones materiales del modelo de difusión distributiva
  • La cultura española común posee una dinámica diferente de las culturas españolas particulares o específicas

Pregunta 7. ¿España es Europa?
  • Es necesario despejar la confusión de la frase «España es una parte de Europa»
  • El proceso histórico de conformación del concepto geográfico de Europa
  • España es una parte de Europa mucho antes de que lo fuera Alemania o Rusia
  • Criterios para clasificar las Ideas sobre Europa. Las «cuatro Europas»
  • Europa como parte de un todo
  • Europa I
  • Europa II
  • Europa vista como una totalidad dada en función de sus partes
  • Europa III
  • Europa IV
  • Despliegue de las Ideas de Europa en el tiempo histórico
  • Europa en su fase 1
  • Europa en su fase 2
  • Europa en su fase 3
  • La Europa I en el curso de sus tres fases históricas
  • La Europa II en el curso de sus tres fases
  • La Europa III en el curso de sus tres fases
  • La Europa IV en el curso de sus tres fases
  • Sobre la continuidad de las cuatro Ideas de Europa en el curso de sus tres fases
  • Breve análisis crítico de algunas Ideas del Proyecto de Tratado por el que se establece una Constitución para Europa
  • Crítica a algunos términos técnicos del Proyecto de Tratado
  • La relación de España con cada una de las cuatro Europas

Final. Don Quijote, espejo de la nación española
  • Contra la interpretación de Don Quijote como símbolo de la solidaridad universal, de la tolerancia y de la paz
  • Don Quijote no es símbolo autogórico
  • Don Quijote, ¿es una historia clínica?
  • El individuo y la pareja de individuos
  • Las tríadas
  • Las tríadas del Quijote
  • El escenario del Quijote contiene tres tipos de referencias: unas «circulares», otras «radiales» y unas terceras «angulares»
  • El escenario del Quijote no se refiere al «espacio antropológico» en general, sino al Imperio español
  • Las referencias de las personas de la trinidad fundamental quijotesca
  • Despliegue histórico de la trinidad quijotesca: pasado, presente y futuro
  • Dos tipos de interpretaciones filosófico políticas del Quijote: catastrofistas y revulsivas
  • Interpretaciones catastrofistas del Quijote
  • El Quijote como revulsivo
  • «Razones tan discretas que borran y deshacen sus hechos»
  • El discurso de las armas y las letras

Escepticismo de Francisco Sánchez


Médico renacentista y filósofo que cultivó la corriente del Escepticismo.


FRANCISCO SÁNCHEZ


Francisco Sánchez, llamado el Escéptico, nació en Tuy en 1550. De madre portuguesa, fue judío converso bautizado en Braga. Su padre, el médico Antonio Sánchez, se trasladó a Francia, y se estableció en Burdeos. Allí comenzó sus estudios en el Colegio de Guyenne, que continuó en Roma, aunque se graduó en la escuela médica de Montpellier en 1573, tras haber sido ayudante de Huchet.

A los 24 años obtuvo cátedra en la universidad de Montpellier, hasta que las guerras de religión le hicieron refugiarse en Toulouse, donde ejerció la medicina, siendo profesor de la Facultad de Medicina de su universidad.

Como filósofo estudió la fenomenología de la probabilidad, llegando a ser un figura antiaristotelista, de importancia excepcional en la Historia de la Filosofía internacional. Así lo declaró en el prólogo a su obra filosófica más ambiciosa, De multum nobili et prima universali scentia (Del más noble y universal primer saber), ser un adversario del Aristotelismo y del argumento de autoridad.



ESCULTURA A FRANCISCO SÁNCHEZ, POR SALVADOR BARATA FEYO


Representante de la corriente filosófica denominada Escepticismo, tuvo relación con Michel de Montaigne, que era pariente suyo, y ejerció una fuerte influencia en René Descartes, aunque este es un aspecto muy discutible. Su obra fundamental, y capital para el resurgimiento del Escepticismo como método de pensamiento, es Quod nihil scitur (Que nada se sabe), obra publicada en 1576 en Lyon, que ha sido ampliamente traducida y reeditada, y de la que recientemente se ha elaborado una magnífica edición crítica.

En Quod nihil scitur niega la adecuación entre el entendimiento y lo conocido, y divide las operaciones del conocimiento según sean el objeto lo externo, las operaciones internas o una operación mixta de lo externo e interno. Propugnó el examen directo de cualquier realidad antes de tenerla como tal, sometiendo los datos de la experiencia al análisis y crítica del juicio, si bien el conocimiento, para él, sólo puede alcanzar los accidentes, no las pretendidas esencias de las cosas. La única realidad cognoscible es el mundo externo.



QUOD NIHIL SCITUR


La filosofía de Sánchez, anticipando la crítica de David Hume, se detiene en una Fenomenología de la probabilidad, ya que nuestro conocimiento, meramente probable, sólo lo es de apariencias, de fenómenos. En esto, como en su exigencia de método, se muestra como un claro precursor de René Descartes.

Las primeras páginas del Discurso del método de Descartes son tan parecidas al prólogo de Sánchez de 1576 y la obra cartesiana se parece tanto en lo inicial a la del español que Pierre Daniel Huet acusó al gran filósofo francés de haberle plagiado en lo atinente a la "duda metódica". Descartes admitió haber leído Quod nihil scitur, si bien la influencia fue más de oposición que de imitación.

Según escribió Francisco Sánchez:
"Es innato al hombre querer saber; a pocos les fue concedido saber querer; a menos, saber. Y a mí no me cupo suerte distinta a la de los demás."
Explicaba Sánchez que su capacidad de conocer nunca fue desarrollada como a tantos hombres, y como en los antiguos no encontró más que "sombras de verdad". Tuvo que volver a sí mismo, como si nada se hubiera dicho jamás, empezando a examinar las cosas mismas.

Como Descartes, Francisco Sánchez se dirigió a quienes no están obligados a admitir argumentos de autoridad y examinan las cosas con su propio criterio, guiados por los sentidos y la razón. No promete la verdad, pues la ignora. Anima al lector:
"Tú mismo la perseguirás, una vez que sea de alguna manera descubierta y sacada de su escondrijo, mas no esperes atraparla nunca ni poseerla a sabiendas; bástete lo mismo que a mí: acosarla."

FRANCISCO SÁNCHEZ


Sánchez dependió muy directamente de la tradición escéptica de Pirrón (Sexto Empírico, Adversus Mathematicos), que aparece también en los Ensayos de Michel de Montaigne.

El resto de su obra es bastante escasa y nunca ha sido editada en España (excepto un breve opúsculo, por la Catedral de Tuy), pero sí en Portugal, aunque de forma incompleta.

En un Tractatus philosophici (1649) se reunieron sus comentarios críticos contra Aristóteles antes aisladamente publicados: De divinatione per somnum, ad Aristotelem e In librum Aristotelis Physiognomicon commentarius. Escribió además un De longitudine et brevitate vitae liber y, según Moreri, un Tractatus de anima que no se ha conservado.

Escribió además un Carmen de cometa anni M.D. LXXVII (Canción del Cometa de 1577) en que combate con mucha erudición la superchería astrológica. Su obra como médico fue recogida en Opera médica (1636). Se editó además modernamente su Carta a Clavius, ed. in Gregorianum, (1940). 


OPERA MÉDICA

Conciencia común de España en la Edad Moderna


El origen común en el Reino hispano-visigodo y el enfrentamiento contra el Islam dio a los cristianos hispanos la conciencia de pertenecer a una comunidad humana superior a los reinos, llamada España. Esta identidad común hispánica y el entusiasmo por la reunificación de la España perdida produjeron el efecto de la unión de monarquías en 1469 mediante la unión matrimonial de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, ambos del linaje castellano de Trastámara.

La Corona de Castilla englobaba formalmente una pluralidad de reinos, unos configurados en la Edad Media (León, Galicia, Castilla) y otros ganados a los musulmanes entre los siglos XI y XIII (Toledo, Sevilla, Córdoba, Murcia y Jaén). Todos ellos evolucionaron en un sentido netamente unitario y la mayoría se gobernaban por la misma ley y se representaban en unas únicas cortes.

La Corona de Aragón constituía una confederación de territorios heredados (reino de Aragón y condados de Cataluña) y conquistados o dominados militarmente durante el siglo XIII (reinos de Mallorca, Valencia, Sicilia y Cerdeña) que poseían diversas leyes e instituciones particulares.

En el siglo XV, la autoridad del rey en Castilla estaba más limitada de hecho que de derecho por el enorme poder de la nobleza terrateniente y de las grandes ciudades, ya que la tradición goticista había inspirado un autoritarismo regio expansivo y unificador, reforzado por la aceptación bajomedieval del derecho romano, donde la voluntad del rey dictaba la ley sin muchas restricciones. Por el contrario, en los reinos orientales se había desarrollado un vigoroso foralismo "pactista" y las relaciones mutuas rey-reino se articulaban legalmente a través de las asambleas parlamentarias (cortes, parlamentos) y de sus comités permanentes (diputaciones, generalidades).


EXTENSIÓN TERRITORIAL DE ESPAÑA CON LOS REYES CATÓLICOS


Si en el Concilio de Constanza, de 1414, se había definido la natio hispana como una de las estructuras representativas y reconocidas por los padres conciliares; en el Concilio de Basilea, apenas dos décadas después, el obispo burgalés Alonso de Cartagena había realizado una notable actividad argumentativa sobre la historia de España, poniendo énfasis en la exposición de sus reyes como coronimia referible a épocas pretéritas muy diversas.

El humanista Rodrigo Sánchez de Arévalo escribió el Compendio historia hispánica en 1470, la primera historiografía de carácter humanista que estaba dedicada a la Edad Antigua, en donde el concepto de España giraba en el centro de la argumentación narrativa. Otros humanistas y discípulos suyos fueron Diego Rodríguez de Almela o Alonso de Palencia, los cuales continuaron el proceso de asentamiento de una puesta en valor de la España histórica.

Españoles se sentían todos los habitantes de la península que los romanos habían denominado "Hispania", como una referencia histórico-geográfica evidente y prestigiosa para todos sus habitantes.

El obispo gerundense Juan Margarit enaltecía la terminación de la Reconquista, que había acabado con la presencia musulmana que provocó "el gran reino de España tanto oprobio y daño". Y de los Reyes Católicos dijo: "Con vuestro enlace matrimonial habéis devuelto (a España) aquella unidad que desde los tiempos de los romanos y de los visigodos había pedido".

El humanista sevillano Nebrija escribió que "todos los miembros separados de España se unieron en un solo cuerpo". Y fray Íñigo de Mendoza agradecía a Dios porque "soldaste las quebraduras de nuestros reynos de España". El portugués Camoes afirmó que "castellanos y portugueses, españoles somos todos", mientras que el tortosino Cristófer Despuig insistía en 1557 que Cataluña "no sols es Espanya mas es la millor Espanya". Amabas citas son explicadas por R. García Cárcel en El concepte d´Espanya als segles XVI i XVII.

El bachiller Palma, por su parte, manifestaba su entusiasmo con estas palabras:
"Agora alçad los ojos, tened los rreynos, ensanchad la tierra, derrocad los valles, tirad los puertos, pasad las lindes e monjes. ¡Quién vido a Espanna, un rreyno, un prinçipado tan grande! ¡Qué unión maravillosa! ¡Qué sacramento tan grande!"

GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, POR ANTONIO NEBRIJA


Sin embargo, los reyes Isabel y Fernando se plantearon en el seno del Consejo Real de 1479 la cuestión del título que debían ostentar, proponiendo algunos de sus consejeros que se aplicase el título de reyes e señores de España. De hecho estuvo en su pensamiento adquirir tal título al abarcar entre ambos monarcas la inmensa mayoría del espacio peninsular. Frente a esta opción modernizadora, prefirieron continuar con la tradición medieval consistente en enunciar las distintas unidades territoriales integradas en sus coronas. Así lo explica la Crónica de Fernando del Pulgar, sobre cómo se se intitulaban los Reyes Católicos:
"Platicase asymismo en el Consejo del Rey e de la Reyna cómo se debían intitular; e como quiera que los votos de algunos de su Consejo eran que se yntitulasen reyes e señores de España, pues subçediendo en aquellos reynos del rey de Aragon eran señores de toda la mayor parte Della, pero determinaron de lo no hazer, e yntituláronse en todas sus cartas en esta manera: “Don Fernando e doña Isabel, por la graçia de Dios, rey e reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Cecilia, de Toledo, de Valençia, de Galicia, de Mallorca, de Seuilla, de Cerdeña, de Córdoua, de Córcega, de Murcia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira, de Gibraltar, conde e condesa de Barcelona, señores de Vizcaya e de Molina, duques de Atenas e de Neopatria, condes de Rosellón e de Cerdania, marqueses de Oristán e de Giçiano."
En cambio, otros cronistas los titularon reyes de España en sus textos, como Andrés Bernádez, Mártir de Anglería o fray Fernando de Talavera.

En 1480, el historiador y humanista Diego de Varela ofreció su Crónica abreviada de España a la reina Isabel, la presentaba como una solución híbrida entre la práctica medieval y la innovación unificadora: "doña Isabel, reyna de Espanna, de Seçilia e de Cerdeña, duquesa de Athenas, condessa de Barcelona". Escribió sobre los Reyes Católicos:
"Es profetizado de muchos siglos acá que no solamente seréis señor de estos reinos de Castilla y Aragón, que por todo derecho vos pertenecen, más avreis la monarchia de todas las España y rreformays la silla Ymperial de la ínclita sangre de los godos donde venis, que de tantos tiempos acá está esparzida e derramada."

REYES CATÓLICOS EN LA RENDICIÓN DE GRANADA


De esta manera, en las primeras décadas de la Edad Moderna, España innovaba un concepto de sí misma basada en un proyecto político, en muchos casos manifiesto de una preexistencia histórica. Era la constatación de una realidad política, "la monarquía de todas las España", la que exigía el conocimiento histórico de su evolución política precedente.

Esta concepción histórica de dos Españas, la del presente de los Reyes Católicos y la del pasado de los reyes visigodos, fue referida por D. Rodríguez Almela en su obra Letra sobre los matrimonios de los reyes:
"Los vemos reyes e señores monarcas de toda España en uno con la provincia de Tanjar hasta los Montes Claros, como lo fueron los nobles reyes godos de España pasados, sus progenitores."
El cronista Bernáldez reivindicó un concepto político de una España engrandecida comparándola con lo que había significado Roma. Vinculaba así la perspectiva histórica pasada y la realidad política de su tiempo, al establecer equivalencias entre lo que significaba España en su tiempo y lo que significó Roma en su máximo apogeo:
"Ansí como Roma en su imperio floresció en tiempos del emperador Octavio Augusto, que fue en tiempo del nasçimiento del Nuestro Redemptor, que poco menos fue é señor de todo el mundo, e fueron numeradas e obedientes a su imperio en aquel tiempo noventa mil y trezientas y cochenta çiddades, dexando los otros lugares e lo tuvo todo en paz e obediencia de Roma e suya el tiempo que vivió, e Roma fue entonçe más triunfante que antes ni después, ansí España fue en tiempo destos bienaventurados rey e reina don Fernando e doña Isabel durante el tiempo de su matrimonio, más triunfante e más sublimada, poderosa, temida y onrrada que fue."
Desde el punto de vista de la estructuración interna del territorio de la Monarquía hispánica, se trataba de una reunión de diversas realidades históricas y políticas con un carácter federativo, que en cualquier caso hacía posible una cierta idea de nación de la Edad Moderna. Esta idea era comparable a otros perfiles nacionales europeos como Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, que durante los siglos XV y XVI surgieron como realidades emergentes de integración política y territorial.

Esta concepción fue expresada por el filósofo Baltasar Gracián en referencia a lo que él entendía como Monarquía de Fernando el Católico:
"La monarquía de España, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, assí como es menester gran capacidad para conservar, assí mucha para unir."
El carácter federativo de la España de los Reyes Católicos constituía una integración de realidades heterogéneas. Anglería puso de relieve una idea de coordinación compatible a una situación diferente: "el rey y la reina que gobiernan las dos España con perfecta justicia".

Y lo mismo quiso decir el gran humanista Antonio de Nebrija en el prólogo que dedicó a Isabel la Católica "Reina i señora natural de españa e las islas de nuestro mar", en su Gramatica de la lengua castellana de 1492:
"I assi crecio hasta la monarchia e paz de que gozamos, primeramente por la bondad e prouidencia diuina, despues por la industria e trabajo e diligencia de vuestra real majestad. En la fortuna e buena dicha de la cual los miembros e pedaços de España que estauan por muchas partes derramados, se reduxeron e aiuntaron en un cuerpo e unidad de reino. La forma e travazon del cual assi esta ordenada que muchos siglos, iniuria e tiempos no la podran romper ni desatar."
Nebrija entendió a la Monarquía hispánica como un conjunto de "miembros" que formaban un solo “cuerpo” unido e irrompible tras siglos de Reconquista. Esta era la visión compartida por los Reyes Católicos, que fundamentaron la unidad sobre la diversidad en buena medida del pensamiento corporativo del Medievo cristiano. Y esta diversidad en la unidad es la que también explica que muchas veces se hable de España en plural: "las Españas".



ESCUDO DE LOS REYES CATÓLICOS EN EL COLEGIO SAN GREGORIO DE VALLADOLID


Otro reflejo claro de tal concepción se encuentra en el escudo de armas de Isabel y Fernando, en el cual se integran las armas de los distintos territorios, protegidos por las alas del águila de San Juan Evangelista.

Más allá del carácter heterogéneo, España se proyectaba como una sola entidad política en la dimensión internacional. Así lo expresó Rodrigo Fernández Santaella a su reina Isabel:
"A vos por quien vuestros reynos han sido restaurados y reformados en todos los estados a la integridad de la fe y de la religión y sanctas costumbres por quien España ha recobrado la corona, fama y gloria entre todas las naciones."
La consolidación del concepto de España en la Edad Moderna fue debido a su dimensión internacional que adquirió durante las Guerras de Italia contra Francia. Las fuerzas militares de los Reyes Católicos gritaban "España, España" en la envestida al enemigo. Existen varias referencias hechas por Bernáldez a propósito de las campañas italianas cuando aludía al "exercito de España", "armada de España" o al general Gonzalo Fernández de Córdova como "onrra de España".

Dado el relieve internacional que fue adquiriendo la Monarquía hispánica, el concepto de la España moderna fue tomando parte por extranjeros. Entre los principales viajeros y diplomáticos que visitaron la corte regia en las últimas décadas del siglo XV, también usaron la expresión rey, reina o reyes de España, como por ejemplo Nicolás Popielovo o Jerónimo Münzer. Este último en su memoria del viaje se refería a los "reinos de España" como un agregado de distintas unidades políticas, haciendo juicios positivos sobre la realidad del momento en frases como "España florece en la mayor tranquilidad, y no hay por qué temer revueltas", o aludiendo a Isabel y Fernando como "los salvadores de toda España".



TERCIOS DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA EN ROCROI, POR FERRER-DALMAU


Esta concepción política de España fue percibida especialmente por italianos. Francesco Guicciardino valoró la coordinación castellano-aragonesa bajo la autoridad de Fernando, al que refirió como rey de España: "Comune era il titolo di re di Spagna, comunemente gli ambasciatori si spedivano, comúnmente gli eserciti si ordinavano."

Los italianos vieron en España un proyecto integrador, en contraste con una Italia descompuesta en diferentes reinos y repúblicas que, además, se disputaban Francisco I de Francia y Carlos I de España.

Según Pedro Mártir de Anglería: "Italia se desangraba en opuestas tendencias, mientras que España estaba completamente unificada." Llegó a afirmar en una epístola que "creo que actualmente España es el único país feliz", y en otra incluso que "no quisiera vivir en ninguna otra parte, de no ser en España".

El cronista aragonés Vagad ofreció un extenso testimonio en su obra histórica sobre la incorporación de un concepto político de España, como realidad tangible plenamente asumible desde la perspectiva aragonesa. Reivindicó un liderazgo político internacional, "que bien hoy tenga la Hespaña el ceptro y regimiento del mundo…, pues quién dexara de reconocer y sentir que la sola Hespaña es hoy el reparo, salud, esperanza, remedio y la vida de toda nuestra cristiandad?"

Y entre los pontífices también dieron tratamiento de reyes de España, como Inocencio VIII o Alejandro VI. Este último, en 1496, entregó a Isabel y Fernando un título papal con la distinción de Reyes de las Españas Catolícos, por su esencial apoyo en su conflicto con Francia.



CARLOS V Y FELIPE II


Durante el discurso de Carlos V en las Cortes Castellanas de 1534 celebradas en Madrid, el emperador resaltaba el papel de los españoles en el Ejército imperial, que aunque la participación en número no era grande, la calidad de aquellos Tercios de Infantería los convertían en los mejores soldados de su ejército:
"...porque aunque el número de los ejércitos que S.M. (su majestad) juntó para resistir y ofender al dicho enemigo (se refiere a los turcos), como se hizo, fuese grande, la que tenía de la Nación española daba mucha reputación y ánimo a toda la demás y ponía temor a los enemigos, y fue de las primeras en seguir y alcanzar los que de ellos fueron muertos, desbaratados y perdidos por tierra..."
Los Austrias Mayores, Carlos V y Felipe II, se intitularon Reyes de España o de las Españas, como se observa en varios sellos. También Felipe II utilizó, además de la larga lista de territorios en su intitulación, esa otra de "Philippus Hispaniarum Princeps" o "Philippus, Dei gratia Rex Hispaniarum...."

Durante los siglos XVI y XVII, varios historiadores denominaron a España con términos como "Monarquía Católica" y "Monarquía Hispánica", haciendo referencia a la fe sobre la que se asienta la Monarquía y la Universalidad. Porque, en tiempos donde el Imperio español no se ponía el Sol, tanto Catolicidad como Hispanidad eran conceptos que expresaban Universalidad.



BANDERA DEL IMPERIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA